domingo, 15 de julio de 2018
La opinión del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.
LA LLAMADA DE LA TRIBU
La diferencia entre La llamada de la tribu y otros libros
como El pez en el agua es que aquí el protagonismo no lo tienen las vivencias
del autor, sino las lecturas que moldearon su forma de pensar y de ver el mundo
en los últimos cincuenta años. En Nobel peruano ha hecho una cartografía de los
pensadores liberales que le ayudaron a desarrollar un nuevo cuerpo de ideas
después del gran trauma ideológico que supuso, por un lado, el desencanto con
la Revolución Cubana y, por otro, el distanciamiento de las ideas de Jean-Paul
Sartre, el autor que más lo había inspirado en su juventud.
Los autores que analiza son Adam Smith, José Ortega y
Gasset, Friedrich Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin,
Jean-François Revel, quienes le fueron de enorme ayuda durante aquellos años de
desazón, mostrándole otra tradición de pensamiento que privilegiaba al
individuo frente a la tribu, la nación, la clase o el partido, y que defendía
la libertad de expresión como valor fundamental para el ejercicio de la
democracia.
Tanto para
evolucionistas como para funcionalistas, la tribu es un grupo social con una
organización preestatal, basada en la agrupación de numerosas familias. Para
los evolucionistas, estamos ante uno de los cuatro estadios esenciales que
marcan la evolución de la sociedad: banda, tribu, jefatura y Estado, donde la
relación con el territorio (inexistente, con respecto a las bandas y tribus),
necesaria por lo que hace para entender a la jefatura y al Estado es clave por
categorizarlas. El funcionalismo considera que la existencia o no de una
asociación territorio/grupo social no es el hecho determinante, sino que se
basa en si el orden social está fundado en un poder centralizado y existe
segmentación social (jefatura y Estado) o el poder no está centralizado y no
existe segmentación social (banda y tribu).
La colaboración entre
miembros en la tribu, por encima de sexos y de individualidades, es el principal
mensaje que los primero habitantes de la
Tierra nos han legado y con los que nuestros antepasados convivieron: el parto
asistido; la lactancia colectiva; el ciclo reproductor; el cuidado de la prole;
las actividades de aprovisionamiento como el carroñeo, el canibalismo, el
procesado de alimentos y la caza; y la talla de herramientas.
Aunque los pensadores
liberales actuales consideran que esta forma de vivir y evolucionar está
anticuada, que lo individual prima sobre lo colectivo, y que solo desde la individualidad
se puede prosperar y mejorar nuestra forma de vida. Se pretende cuestionar
estereotipos y superar la interpretación tradicional hecha sobre la evolución
humana. La realidad evolutiva es “un éxito colectivo y en el que tribu sostiene
a sus individuos”.
No estoy de acuerdo
que la tribu anula la creatividad o la individualidad, todo lo contrario, la
tribu como forma social es equiparable al equipo como forma de gestión
empresarial.
Esta sobradamente
demostrado que en las empresas el trabajo en equipo es una práctica inherente a
la condición humana. Desde la aparición de las primeras sociedades, el hombre
desarrolló la facultad de asociarse con los integrantes de sus clanes y tribus
para garantizar su supervivencia, atender sus necesidades básicas y mejorar sus
condiciones de vida.
Mucho de aquello aún
permanece en nosotros. Con todo y la personalización que han supuesto las
nuevas tecnologías e Internet, el trabajo en equipo sigue siendo un recurso
para el desarrollo en distintos ámbitos.
En la gestión
empresarial, por ejemplo, es más que una forma de organización. Las empresas
suelen estar integradas por un personal numeroso y variado, lo cual exige
elaborar estrategias de coordinación para la consecución de objetivos
corporativos. De hecho, existe una premisa fundamental sobre el trabajo en
equipo cuando se aplica en el ámbito empresarial: cuantos más integrantes de
una organización se sumen a un objetivo común, mejores serán los resultados.
Muchas empresas no obtienen los resultados esperados justamente porque no
logran convocar a todos los agentes que intervienen en ella. Los proyectos de
transformación se quedan a medio camino y los efectos no sobrepasan una
condición puntual.
Otra cosa es como se
gestione la individualidad o el grupo, el comunismo es totalitario y donde la
tribu es obligada a ser homogénea porque es lo que interesa al grupo dominante.
Lo mismo ocurre con el fascismo liberal pero totalitario donde la tribu no
existe como tal, hay un líder al que nadie se enfrenta ni cuestiona y que
dirige los destinos de los ciudadanos como le viene en gana.
Lo mismo que la
religión, según parece Jesucristo fundo la Iglesia Católica, pero sus
enseñanzas y preceptos se han tergiversado, interpretado, corrompido y
adulterado. Poco tiene que ver el mensaje de Cristo con la Iglesia actual.
En palabras de Mario
Vargas Llosa, cadena ser 15/07/2018 en “A vivir que son dos días” defiende el
liberalismo de Margaret Thatcher. Que será recordada como la dama de hierro
porque, fue amada y rechazada por igual al aplastar a los sindicatos y
privatizar grandes partes de la industria británica, chocar con la Unión
Europea y combatir una guerra para recuperar las Islas Malvinas (Falkland
Islands para los ingleses) de los argentinos.
Algo parecido a lo que
inició Felipe Gonzáles y termino José Mª Aznar, que desmantelaron las empresas
públicas (el INI en época d Franco y en el que estaban las grandes compañías)
energéticas, petrolíferas, mineras, telefónica, aviación y un largo etcétera.
Y eso al parecer nos
ha hecho prosperar, algo que dudo, entre otras cosas porque no sabemos cómo
estaríamos de no haberlo hecho.
Lo que sí sé, es que
ahora los beneficios de esas multinacionales van al bolsillo de agentes
privados y antes iban a las arcas del estado, es decir a todos los españoles.
Pero si estoy de
acuerdo en algo que ha dicho “el liberalismo no es malo en sí mismo, lo que
ocurre es que si es corrupto y no se rechazan el abuso y las malas prácticas lo
convierten en algo malo”.
Yo lo ampliaría más,
tampoco es mala una política de izquierdas no dictatorial, que apoye la
iniciativa privada y el mercado libre, pero que verifique que se cumplen las
reglas del juego evitando monopolios, oligopolios, abusos y malas prácticas.
En definitiva más
importante que una determinada ideología ya sea económica o cultural, es unas
leyes que impidan el abuso y los privilegios.
Una ley no solo para
castigar a los roba gallinas, también a los delincuentes, sean o no poderosos e
influyentes.
Si conseguimos una
leyes justas, el país progresará y como un contertulio dijo de Mario, que es de
derechas de cintura para arriba y de izquierdas de cintura para abajo.
Es curioso que muchas
personas de talante progresista en temas sociales, son conservadores en temas
económicos, y que casualidad normalmente son aquellos que por méritos propios o
por derechos adquiridos son pudientes o acaudalados.
Todos los partidos y
todas las ideologías de corte democrático aceptan la necesidad y la
responsabilidad social de proteger a los más desfavorecidos, los más débiles,
lo que nunca termina de aclararse es como hacerlo.
¿Quién debe ofrecer
los recursos necesarios?:
-
El Estado
-
La
Sociedad Civil
-
O la suma
de ambas.
15-07-2018
miércoles, 4 de julio de 2018
LA DECEPCIÓN ES ESA MEZCLA DE RABIA Y TRISTEZA QUE EXPERIMENTAMOS CUANDO ESPERAMOS UN RESULTADO BUENO Y NOS LLEVAMOS UN DESENGAÑO.
Los hijos
son una parte fundamental de nuestra realización como personas aunque en
principio no es una razón para iniciar una vida en común, o al menos para
nosotros no lo era, -quizás demasiado jóvenes para pensar en tener hijos- lo
cierto es que al año de habernos casado tuvimos nuestro primer hijo, sin
buscarlo solo ocurrió.
De manera
inmediata y sin saber muy bien cómo, una serie de sentimientos de felicidad,
alegría, satisfacción y un largo etcétera
de emociones algunas que ni siquiera sabía que poseía en mi interior,
invadieron mi alma, y de manera urgente mi cuerpo y mi mente reaccionaron al
unísono con gran alegría, orgullo y satisfacción.
Cuando supe
que iba a tener un bebe tuve dos pensamientos iniciales, el primero es que
quería que el niño (porque estaba seguro de que iba a ser un chico) se
pareciera a mi mujer, y el segundo que naciera sano, sin enfermedades ni
trastorno alguno.
Durante los
años siguientes tuvimos dos niñas, y los tres para nuestra satisfacción han
sido y aún son unos hijos sanos.
La vida no
es fácil para nadie, para nosotros tampoco lo ha sido pero a base de
tenacidad, esfuerzo y lucha, hemos conseguido tener una vida satisfactoria,
algo de lo que me he dado cuenta recientemente.
Siempre
creemos que nuestro transito vital es complicado, difícil, complejo y duro, las
decepciones, las mentiras, las traiciones, las dificultades nos parecen un
esfuerzo demasiado formidable que no nos merecemos, nos parece injusto.
Pensamos que
nuestra vida no nos ha compensado por todo el coraje enorme que hemos tenido
que realizar para llegar hasta aquí, aunque en nuestro fuero interno estamos
satisfechos porque sabemos que la vida es un regalo, algo que ocurre sin nuestra
intervención ni consentimiento, que no depende de nosotros y aceptamos que cada
día que vemos salir el sol, es un milagro.
De manera
voluntaria y consciente dejamos de pedir cuentas al destino, de reclamarle las
injusticias que según nuestro ego hemos padecido.
Veo a los
jóvenes de alrededor de 15 a 20 años que permanentemente hablan de derechos,
pero que muy pocas veces se paran a pensar en sus obligaciones. Como si el
poder ir a la universidad, comer todos los días, tener ropa, y vivir sin
sobresaltos fuera una prebenda que por el simple hecho de nacer les corresponde,
sin pensar en las horas de trabajo de esfuerzo y de lucha que a sus padres les
ha costado conseguir esa seguridad de la que disfrutan, no por designación del
destino, sino por el privilegio que les han otorgado sus padres.
Nuestra vida
es como un Tour donde vas quemando etapas, consigues victorias parciales que
te ayudan a seguir, a no escatimar esfuerzos y a no tirar la toalla. Al
principio ves la meta muy lejana por eso a veces no tienes prisa por llegar,
tienes tiempo de sobra, pero el tiempo no tiene favoritos, es sin duda el más
cruel pero el más justo de los acontecimientos que vivimos, porque no se puede
manipular ni engañar.
A veces
pienso que los que sufren mucho el tiempo les parece demasiado lento, cuando
alguien está gravemente enfermo o tiene una enorme pena, o se angustia por la
posible pérdida de un trabajo, una vivienda o cualquiera de las cosas que
considere imprescindibles para su vida, el tiempo corre demasiado lento.
Sin embargo
aquellos que tienen la suerte o el privilegio de vivir con desahogo una vida
placentera, sin sobresaltos económicos,
sabiendo que siempre van a vivir de manera desahogada e incluso lujosa, el
tiempo (salvo enfermedad grave) les parece que va demasiado rápido e incluso
alguno considerará injusto que tenga que morir, él, que la vida le trata tan
bien.
Y esa es la
grandeza e imparcialidad del tiempo, un minuto es para todos igual no hay
manera de cambiar eso.
En la
carrera que nos toca vivir hay etapas placenteras, recorridos rectos, sin
sobresaltos, sin subidas o bajadas peligrosas que te obliguen a esforzarte,
otras sin embargo tienen puertos de montaña donde debes realizar un esfuerzo
considerable para llegar a la cima.
Y así casi
sin darte cuenta te vas acercando a la meta, haciéndote preguntas que nunca te
habías hecho, sobre la vida, la muerte, sobre los motivos que te han empujado a
hacer una cosa u otra, sobre tus hijos, tu mujer, en definitiva va llegando el
momento de intentar que cada lugar, cada rincón, cada arista de tu vida, se
ajuste se acople de manera perfecta en tu concepto de vida, necesitas no sentir
decepción o tristeza al mirar atrás.
No he
logrado todo lo que quería pero si he luchado para conseguirlo, en mi
vocabulario no existe, “debería, tendría,... que haber hecho esto o aquello”
me prometí a mí mismo vivir intentando alcanzar mis metas, tanto personales
como profesionales, lograrlo no depende solamente de mi voluntad, de mi
esfuerzo, juegan la suerte y la oportunidad.
La vida
tiene atajos, curvas, cuestas empinadas y rectas por las que caminar de manera
relajada apenas sin esfuerzo, pero en cualquier momento, en cualquier tramo
aparece el imprevisto, la sorpresa.
Ahora cuando
al fin creía que mi caminar sería más tranquilo y placentero, cuando parecía
que todas las personas que me importan gozan de equilibrio, estabilidad y
salud, una nueva dificultad, un nuevo contratiempo se instala en mi vida.
Cuando mi
hija Raquel se quedó embarazada por segunda vez, (quería que su hija, mi nieta
Isabel, creciera con un hermano) sentimos una gran alegría, la venida al mundo
de un hijo, un nieto en nuestro caso, es siempre una hermosa noticia, durante
el tiempo del embarazo esperamos a mi nieto con alborozo y optimismo, era
nuestro cuarto nieto.
El día del
parto estuvimos acompañando a mi hija como no podía ser de otra manera,
esperábamos ilusionados y ansiosos en el nacimiento de Álvaro, -que es cómo
sus padres le iban a llamar- todo había ido bien, tanto la madre como el niño
estaban perfectamente.
Después de
esperar varias horas al fin podíamos ver a nuestra hija y sobre todo a Álvaro,
lo recibimos con gran alborozo, una amplia sonrisa iluminaba nuestro rostro, ya
teníamos a nuestro nieto en brazos.
Sin embargo
al mirar a mi hija, su rostro reflejaba no solo el cansancio propio de haber
parido hacía tan poco tiempo, la expresión de sus ojos, su mirada mostraba una
gran tristeza.
Al ver a
Maribel su madre y apasionada abuela, coger a su hijo con una enorme sonrisa de
satisfacción y alegría, tuvo que con gran esfuerzo y decisión, decir:
-
Mama, Álvaro tiene síndrome de Down.
Su pequeño
rostro con los ojos cerrados -estaba dormido- eran tranquilos, su respirar
pausado, su semblante relajado, y en él, ningún rasgo que revelara algún
defecto o anomalía, sin embargo el médico nos aseguró sin margen de error que
el niño padecía el síndrome. Teníamos que hacernos a la idea.
La expresión
de su abuela se transformó de manera inmediata, borrando de manera drástica la
amplia sonrisa que iluminaba su rostro y su mirada, mientras, alejado un poco
de la escena que contemplaba con la calidez y la satisfacción propia del
momento, desapareció mi sonrisa, dando paso a una mueca de incredulidad,
confusión y asombro.
El destino
me acababa de dar un golpe inesperado para el que de ninguna manera estaba
preparado, ni física ni anímicamente.
Mi vida
desfiló ante mis ojos a la velocidad de la luz y todos los momentos duros,
difíciles y complicados por los que había pasado en sesenta y siete años de
vida, no se podían comparar al hecho irrefutable de tener a mi nieto al que ya
quería con una anomalía genética que le marcaría para toda la vida.
Durante un
segundo desee que no hubiera nacido, por mi mente trastornada pasaban imágenes
vistas, recordadas o simplemente imaginadas, de la fragilidad y falta de
expectativas para alguien con síndrome de Down, alguien que siempre tendría que
depender de terceros para poder llevar una vida simplemente decorosa.
Todos los
prejuicios y perjuicios que anidan mi mente brotaron como una fuente cuyo
grifo se ha roto y el agua sale impetuosa, sin control, ni medida. No podía
aceptar que eso me pasara a mí y aún menos a mi hija, alguien tan buena,
cariñosa, y entregada como ella, la de corazón más tierno, dulce y noble de mis
hijos.
El único
consuelo que tuve en ese momento es que Álvaro había tenido la inmensa suerte
de tener como madre a mi hija Raquel, alguien con un sentido del amor, cariño,
paciencia y ternura, inmenso.
Sin poder
evitarlo mis ojos se llenaron de lágrimas, una inmensa pena y tristeza llenaron
mi alma. De repente me sentía sólo, desvalido, insignificante y frágil, tuve
que hacer un gran esfuerzo para que mi hija no me viera llorar.
Ya en mi
casa mi mujer y yo mismo pudimos desahogarnos, y llorar para liberar la
inmensa pena que anidaba nuestra atormentada alma.
Nace un niño
con síndrome de Down por cada 2.000 niños, y nos había tocado, pensamos que a
partir de ese momento nuestra vida ya no sería igual, aceptar a nuestro nieto
era lo primero y lo hicimos con la confianza y la seguridad de nuestro amor
incondicional, pero con la certeza de que nuestra felicidad ya no sería la
misma.
Me sentí
decepcionado no entendía porqué a mis sesenta y siete años la vida me daba
este revés, que como a todos a los que les pasa algo así, sienten que no se
merecen.
Sin embargo
mi voluntad y mi entereza no permitieron que la decepción y la pena bloquearan
mi mente, como siempre que he tenido un revés en mi vida me he repuesto y en
mi cabeza solo había una decisión que tomar; aceptar, ayudar, apoyar y amar a
Álvaro, un niño hermoso e inocente al que desde ese mismo momento decidí que
sería alguien fundamental para mí, por quién iba a luchar lo que hiciera falta.
Mi amor por
mis hijos y nietos ha sido siempre parejo, nunca he tenido favoritos, a todos
he querido igual, con todos me he comportado de manera idéntica tratando de
entender a cada uno y dando lo que según mi criterio cada uno necesita, pero
queriéndolos a todos de manera equivalente, pero ahora tengo que reconocer que
Álvaro es especial para mí.
Siempre he
aprendido del ejemplo de los demás para saber que debo y que no debo hacer,
que cosas me gustan y cuáles no, en muchos casos ver el comportamiento de otros
me ha servido para afianzar mis ideas, otras para cambiarlas, pero siempre con
la mente abierta, sin temor a aprender y mejorar.
En solo unos
meses mis aprensiones, mis dudas y mi pena fueron desapareciendo, dando paso a
una cada vez más profunda alegría, hasta el punto de que ahora que Álvaro tiene
dos años y medio le doy gracias al destino por tenerlo conmigo.
He aprendido
de él y con él, por suerte su salud hasta el momento es buena no tiene ninguna
deficiencia patología, aunque siempre hay que estar pendiente para ver como
evoluciona.
Hoy es un
niño alegre, avispado, voluntarioso, cabezón, temperamental y pese a su
anomalía, bastante despierto, veo con orgullo la voluntad, la fuerza y las
ganas que pone en todo lo que hace, parece ser consciente que cada avance que
realiza le cuesta más trabajo que a cualquier otro niño de su edad. Pero no
importa tiene la constancia y el interés necesario para aprender, es como si se
hubiera propuesto ser autónomo cuando sea mayor y para eso sabe que tiene que
esforzarse mucho, lo acepta con alegría y con una permanente sonrisa, con la
que me premia cada vez que estoy con él.
Por suerte
está en este mundo con sus padres, con sus abuelos y con su hermana, además del
resto de la familia de los que se ha ganado el cariño. Tengo que agradecerle
que me haya hecho mejor, que me haya enseñado a mirar de otra manera al mundo
que me rodea, que ya no me importe ser vulnerable aunque eso pueda parecer
débil, siento que ya no necesito coraza, ni arrogancia, ni cabrearme con el
mundo porque no me gusta, porque es injusto, porque es cruel.
Todo eso es
cierto pero no tiene importancia, porque lo importante es verle crecer con su
abuela, sus padres y su hermana, reír con él, sentir como aprende como se
prepara para cuando sea mayor, con su eterna sonrisa y su gesto contrariado,
como diciendo sé quién soy, lo que soy, y no
me dejaré manejar, seré quien yo quiera ser, aunque algunos lo duden. Mi
abuelo y yo, sabemos que será así; el resto que piense lo que quiera.
07-2017
lunes, 2 de julio de 2018
El camino 12/02/2006
He recorrido gran
parte del camino
Que de la tómbola de
la vida me tocaba,
Cuando inicie de mi
destino la andadura
No sabía cuánto, como
y que, me esperaba
Pero la ilusión por
vivir me embargaba,
Todo nuevo,
apasionante y digno de sentir,
Aprender en cada esquina en cada paso,
Ese es el lema que el
destino me guardaba
Más, el camino que en
solitario empezaba
Encontró en la primera
esquina,
La razón que para
seguir necesitaba
Supe nada mas verla
que sería,
El motivo, la razón,
la única alternativa
Que completaría la
ilusión de vivirla.
Junto a ella he
caminado
Con la más absoluta
certeza,
De que ha sido el
faro, la estrella,
Que mi camino ha
iluminado.
He luchado con todas mis fuerzas,
Con el corazón y las
ganas
De poder hacer feliz,
A la única mujer que deseaba. . .
Que amo y amaré,
Y lo haré con la misma
certeza,
Que sé, ¡que he de
morir!
He tenido el placer de
amarla,
No hay mas motivo ni
razón
Para un hombre como yo.
Que vivir lo que me
queda,
Con la mujer que me
eligió
Para ser su compañero.
Y seguir juntos los
dos,
Sin proponernos ya más
metas
Que estar juntos y
amarnos
Con mis hijos, y mi nieta.
Ya el camino no me
asombra,
Ni la curiosidad me
empuja,
Ya la calma es lo que
busco.
Que vivir una quimera
Es para mí estar aquí,
¡contigo compañera!
Dejar pasar el tiempo
Contemplando cada día,
Las pequeñeces
placenteras,
Aquellas que de
jóvenes no aprecias.
Y ahora cuando la
sabiduría
Es agua del manantial
del tiempo,
Remanso de otras
ansias
Que la vida ha gastado.
Me queda como al principio
De mi tiempo,
El amor eterno y sin
reservas,
Que es el único tesoro,
Que ni las
contradicciones, ni la envidia
Me han quitado.
Porque del dios que
todos aman
Es en mi caso amor
tremendo,
Porque aún queriendo
no podría
Dejar de amarla a ella,
Como no puedo dejar de
respirar
Aunque duerma.
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