miércoles, 11 de septiembre de 2019


 POESÍA                                                         14/12/2010

La mirada serena oculta
El interior del alma adormecida
El silencio guarda la nostalgia
De los años vividos,
Morada de experiencias adquiridas

Conocimiento del tiempo y el saber
Cuando ya sabes que no sabes nada
La importancia que te has dado
La que otros te han otorgado
Descargas por fin bagaje tan pesado

Solo las pequeñas cosas anhelas
Un suspiro, una voz, un abrazo
Una caricia en la mirada
Es el tesoro que tu alma guarda

Las cosas no son importantes
Y si lo son los sentimientos
La ilusión es el mayor motivo
Que mantiene viva la esperanza

Y miro a esa mujer que me acompaña
A la que los años no han alterado
Sus arrugas no la afean la decoran
Le dan un aire más pausado

Y yo la miro de frente, de soslayo
Y una sonrisa apenas visible
Transforma en luz mi rostro
Una feliz paz me embarga

Echo de menos mi juventud
Esa energía vital que no conoce la pereza
Fuerza, empuje e inquietud
De esa pérdida ahora tengo conciencia

La paz que ahora me aflora y me confía
Es sosiego, dicha y calma
Es el amor, el afecto, la mirada
Un mundo de sensaciones encontradas
Que están escondidas, atrapadas, camufladas
Tras la fuerza vital del alma joven


Vislumbrando el horizonte
Olvidadas las tensiones de otras épocas
El ansía innecesaria de hacer cosas
De no tener tiempo como excusa
De cubrir etapas, crearte metas
Que no sirven para nada.

Disfruto ahora de pequeñas cosas,
Un paseo cogido de la mano, compañera
Charlando, sintiendo en sol en las mejillas

Tener cerca a mis hijos y mis nietos
Ver pasar la locura de los otros
Ese afán de vivir como si el mundo se acabara
Creencia de que por intenso es más vivido
Sin tiempo para ver amanecer
Pasear o ver las nubes tras la ventana

Me emociona ver lluvia, rayos y truenos
El viento susurrando en las ventanas,
El alocado aleteo de los pájaros
El sol que caliente y que te abrasa
La mirada triste de alguien que sufre resignada

Mi alma se encoge se agarrota
Cuando veo un amo con rabia, sin calma
Que abusa de un niño de un perro, ¡me irrito!
Porque ha perdido su alma
O porque a Dios se le olvidó
Insuflarle amor y calma
O porque alguien se la robo
Cuando de pequeño en vez de amor
Sufrió desprecio e indiferencia
Y la vida no tuvo indulgencia

Vivir es metamorfosis
Cambio de perspectivas
Vas perdiendo algunas cosas
Ganas en cambio otras

Despertar cada mañana
Ver tu cama iluminada
Tener tiempo, leer y reflexionar
Y regalar tu tiempo a quién quieras.














EL DIARIO DE MARCIA

Ángel Fernández



Capítulo 1

Me gusta leer novelas y libros de diferentes temáticas, incluso aquellos en los que el escritor narra una ficción, una fábula o acontecimiento, y que tras leer las primeras páginas te das cuenta de la falta de talento del autor que suple con imaginación, y un esfuerzo patente por dar coherencia e interés a los renglones que componen la historia. Aunque no me consiga atraer sigo leyendo, porque me resulta un deber hacia alguien que se ha esforzado por transmitir una idea o un sentimiento y convertirlo en un libro. A veces ocurre que cuando menos te lo esperas hay algo que merece ser leído incluso recordado.
Es lo que me paso al leer el diario de una desconocida que encontré en el rastro de Madrid un domingo por la mañana que me apetecía pasear.  Cómo en otras ocasiones había ido desde la ciudad donde resido, Sevilla, a pasar el fin de semana, el sábado visitando el museo del Prado por enésima vez y por la noche ver la obra de teatro La Casa de Bernarda Alba. El domingo me gusta recorrer el castizo barrio de La Latina y su famoso Rastro. Un sol radiante y aterciopelado parecía invitarme a pasear, insistente en su fulgor pero suave en intensidad, venía acompañado de una ligera brisa que atemperaba el ambiente haciéndole ideal para un paseo matutino.
Durante los últimos 20 años he comprado toda clase de libros, algunos muy antiguos, cuya encuadernación en piel gastada y descolorida, le daban una cierta aureola de obra maestra que invitaba a pasar la vista por sus páginas, de difícil lectura a veces, por lo enrevesado de sus grafías anticuadas.
Me llamo la atención el diario porque la encuadernación era en piel de algún animal exótico, convertida en la cubierta más exquisita de un libro que había visto y que ponía en relieve su naturaleza, belleza e importancia en el tiempo. El uso de la encuadernación en piel data del siglo XIII, pero actualmente la curtiduría de esta época ha mejorado su proceso, el uso de productos químicos especiales permite obtener pieles con una calidad mucho más agradable al tacto y a la vista.  Este diario por sus características y antigüedad debería haber sido impreso en el siglo XIX, aunque se había empezado a escribir bastantes años después según pude comprobar al leer la primera página.  Otra razón para comprar el libro es que quién lo había escrito vive o vivía en Sevilla. Seguramente era un regalo de la chica que hacía la dedicatoria en francés, y que decía así:
Pour Marcia, ma meilleure amie, pour sa façon d'être si spéciale et différente.
Je t'aime               
Colette                                                         
Séville, 18-05-1963
Tras la lectura de los primeros folios, el relato tenía interés narrativo. Quién lo escribía poseía una magnifica caligrafía digna de un maestro escribano.  En otras palabras, las letras de aquel manuscrito de tan bellos rasgos contenían una extraña  y deslumbrante belleza por su dibujo y su trazo. O, como lo expresó el gran calígrafo chino Wang Xizhi, "la escritura necesita del sentido, mientras que la caligrafía se expresa sobre todo mediante la forma y el gesto; eleva el espíritu e ilumina los sentimientos". Eso es lo que se adivinaba en todos y cada uno de los renglones del diario. Arte, cuidado y sensibilidad tanto en el significado de las palabras como en la arquitectura de las mismas, los renglones rectos parecían escrito con una plantilla, y ni un solo tachón o borrón que afeara lo allí escrito. Parecía que antes de escribir aquella joven reflexionaba y analizaba todas y cada una de las palabras que plasmaba en sus páginas, la ortografía estaba a la altura de la escritura, ni una coma, fuera de lugar. Las primeras páginas eran anotaciones sobre su propia biografía, la de una chica normal para alguien de su edad. Por su manera de escribir Marcia resultaba ingenua, inconformista y reservada... a sus 16 años, y como era de esperar un montón de dudas revoloteando por su cabeza. Hablaba de la relación con sus padres, sus compañeros y compañeras del colegio, y en especial de sus dos amigos, la joven belga Colette que describía como una chica desenvuelta, moderna e independiente, que no tenía el más leve rubor en hablar alto y claro, y su compañero Lucas; raro, estrafalario y misterioso.  De sus renglones se desprendía un fuerte vínculo en esa órbita de tres personas tan diferentes e incluso antagónicas.  Formaban un círculo sin fisuras, la confianza era absoluta, hasta el punto de que se contaban todos sus secretos sin que jamás ninguno traicionara la privacidad de sus confidencias. En casi todas las páginas que había leído, Marcia hablaba de sus Estudios. Había conocido a Colette hacía tres años y Lucas dos. La primera anotación decía así:

18-mayo de 1963
Hoy es mi cumpleaños y no me esperaba para nada que Colette me regalara un diario tan raro y exclusivo. Nos conocimos hace tres años en tercero de bachillerato superior, este año cursamos sexto en el colegio Sagrado Corazón de Jesús de Sevilla, ubicado en la zona de Nervión en dos chalets independientes. Estamos en la misma clase y nuestro común amigo Lucas en otra diferente. 

Colette vive en un chalet situado cerca del colegio y en el que he estado en varias ocasiones. En lo que dio por llamarse Ciudad Jardín. Diseñado como un barrio residencial de chalets de distinto tamaño construido para la Exposición Iberoamericana de 1929 de Sevilla. El nombre proviene del movimiento de las ciudades jardín que se iniciaron en Reino Unido en el siglo XIX, como proyectos urbanísticos que armonizasen la vida de las clases populares. El proyecto fue similar al de los Hoteles del Guadalquivir, hoy Heliópolis, sin embargo en el caso de Ciudad Jardín los chalets eran más pequeños. 

El padre de Colette trabaja en la fábrica de cervezas Cruz del Campo como Técnico Cervecero. Colette me ha explicado con mucho orgullo que los técnicos cerveceros gestionan todo el proceso de fabricación de cerveza. Armand, así se llama su padre, es un técnico especialista Belga muy valorado por sus conocimientos y experiencia. Había sido contratado en el año 1960, siendo Colette y yo desde ese mismo año compañeras de pupitre en el colegio y haciéndonos íntimas amigas desde los primeros meses. Aunque el diario me lo regala en el año 1.963, he decido empezar a escribir en él sobre acontecimientos ocurridos a partir de 1.960 que es cuando nos conocimos.

02-octubre de 1960  
He decidido empezar el diario propiamente dicho en la fecha que conocí a Colette, el día 2 de octubre de 1.960, que fue un día especial: entablo amistad con Colette, acaba de llegar de Bélgica y habla español con un acento muy marcado. Su madre era española. Tiene el pelo castaño claro, ojos verde oscuro, un rostro esbelto  y proporcionado, mide algo más de 1,70, su cuerpo armonioso y elegante la confieren un aire distinguido muy atractivo para los chicos que suelen sentirse intimidados ante la gracia y desenvoltura de la muchacha. Yo por el contrario me considero una chica normal, aunque puedo presumir de tener bastante éxito entre mis compañeros del colegio. Mido algo más de 1,60, cuerpo espigado, generoso y rostro aniñado y exótico. Suelo provocar miradas, gestos  y frecuentes subidas de testosterona en mis adolescentes camaradas, algo que me resulta gracioso y porque no decirlo, me insufla cierta seguridad. Aunque aún no nos conocemos lo suficiente, desde el primer día hemos conectado bastante bien, su forma de ser muy diferente a la mía me resulta curiosa y a veces incluso contradictoria, ser tan natural y desenvuelta me da cierto reparo a la vez que me atrae su fuerte personalidad. Es muy diferente al resto de compañeras de clase.

Tras esos renglones Marcia ha pegado una foto en la que aparece con su amiga. En las siguientes páginas del diario relata acontecimientos cotidianos. No escribe regularmente como se espera de un “diario”, lo hace cuando le ocurre algo que considera interesante o importante.

24-diciembre de 1960
Cómo en todas las nochebuenas me he acordado de mi hermano Ramón que ahora tendría 20 años. Hace ya dos años, en la víspera de navidad alrededor de las nueve de la noche al ir a coger la moto en una calle del centro de Sevilla, fue asaltado por un delincuente que le amenazó con una navaja y le pidió una cadena de oro que llevaba al cuello, el reloj y la cartera. Mi hermano se negó, se enzarzaron en una pelea y el ladrón le clavo la navaja. Con mi hermano ya en el suelo le quito la cadena, la cartera y el reloj dándose a la fuga. Ramón quedó tumbado en la acera desangrándose, con tan mala fortuna que paso más de un cuarto de hora hasta que una mujer lo encontró y llamó a la policía. Le llevaron al hospital Virgen del Rocío y le operaron de urgencia, pero había perdido mucha sangre y aunque le herida no era mortal, no pudieron salvarle. De haber llamado a la ambulancia nada más ocurrir el hecho se habría recuperado, pero había pasado demasiado tiempo hasta que llegó al hospital. 

Desde entonces todas las nochebuenas son amargas y no tenemos ánimo para celebrar nada, mis padres que son creyentes van a misa esa noche y vuelven a casa tristes y desconsolados. Nadie vio al asesino de mi hermano y nada se pudo hacer para localizar al homicida, no uso la tarjeta de crédito, ni encontraron la cartera. La rabia y la impotencia de que el crimen quedara sin castigo ha perseguido a toda la familia desde entonces. Yo le quería mucho y por la diferencia de edad me apoyaba bastante en él, era fuerte, valiente y generoso. Ese acontecimiento me volvió taciturna, desconfiada y reservada. Solo mi juventud y ganas de vivir podrán mitigar el dolor que siento.

9-enero 1961
Por fin vuelvo a mis clases, las navidades han sido muy dolorosas. Echamos mucho de menos a mi hermano, mis padres con su congoja y aflicción se han olvidado de mí. Apenas hablan ni se interesan por mis problemas, es cómo si la muerte de mi hermano les hubiera inhabilitado para demostrar cariño por alguien más.  Comprendo su tristeza, pero yo sigo aquí y necesito que piensen en mí, que me ayuden y me apoyen porque me siento muy sola en mi casa.

14-febrero 1961
Hoy me ha pasado algo curioso e inesperado. Carmelo es el empollón de la clase,  (si saca un 8 se pone triste) cuando caminaba por el pasillo del colegio se ha acercado y me ha dicho; “felicidades, es el día de los enamorados”.  Pero... si ¡Yo no estoy enamorada!... ¡pero yo sí! esa ha sido su respuesta, se ha dado la vuelta y cuando he querido reaccionar se había metido en clase. Carmelo es alguien ajeno por muy cerca que estés de él, solo vive para estudiar, es inteligente, aplicado y con una voluntad increíble. Nada ni nadie consigue sacarle de quicio, se meten con él, le gastan bromas pesadas y le acusan de empollón y pelota. Sin embargo nada parece afectarle, no cambia su rutina ni su manera de actuar por mucho que le critiquen y se mofen de él. No solo es un empollón, es que además juega muy bien al baloncesto. Es el base del equipo del colegio. Cuando está en la cancha se transforma y en su rostro aparece un gesto de concentración y una permanente sonrisa de satisfacción que pone nerviosa a mucha gente, pero le da igual, él juega, dirige y encesta como si fuera lo más fácil del mundo. Hace sencillo lo complicado. Realmente me gustaría conocerle porque además de todo lo anterior, es un chico guapo aunque bastante desastroso vistiendo. Su mirada inteligente a veces me asusta porque es imposible adivinar que piensa y mucho menos que siente. Nunca ha demostrado el más mínimo interés por alguna chica.

11-abril 1961
Me he enfadado con Colette, somos muy buenas amigas, me gusta estar con ella y a ella le pasa lo mismo conmigo, pero es demasiado lanzada, desinhibida, y a veces los chicos se confunden. Todo ocurrió el sábado, fuimos a correr al Parque de María Luisa, eran las cinco de la tarde y hacía calor así que Colette se quitó la chaqueta del chándal. Debajo llevaba una camiseta blanca de tirantes bastante ceñida que le daba un aspecto muy sensual. Corría con la misma naturalidad que lo haría si llevara un abrigo o un saco, no parecía consciente de las miradas de los chicos que se cruzaban con nosotras. En uno de los caminos que cruzan el Parque nos encontramos con tres chavales de nuestra edad que empezaron a meterse con nosotras, seguimos corriendo sin hacer caso hasta que dos de ellos nos adelantaron y nos cerraron el paso. 

Empezaron a reírse y decir lindezas que no quiero transcribir pero fáciles de adivinar, hasta que se pararon tan cerca de nosotras que podían tocarnos si querían. Teníamos a dos de ellos delante y el tercero detrás. El más alto que estaba enfrente de Colette tenía pinta de maleante, de piel muy clara y ojos azules de mirada vidriosa, el pelo cortado al cero, una sonrisa burlona y una dentadura en la que faltaban algunos dientes, encías negras de sarro y drogas. Hablaba de manera chulesca y nos amenazaba con quitarnos todo lo que llevábamos encima sino les dejábamos que nos tocaran las tetas. Nada más terminar de decir esas palabras alargo su mano y cogió un pecho de Colette que reaccionó de inmediato, lanzando una bofetada en pleno rostro del chico que no esperaba esa oposición. Sus dos amigos empezaron a reírse lo que enfureció aún más al delincuente que levanto el brazo para dar un puñetazo a mi amiga que había dado un paso atrás para evitarlo. 

Inesperadamente, sin saber de dónde había salido, apareció Carmelo que sujeto el brazo del chico y con un fuerte empujón le lanzó al suelo. Sus amigos hicieron ademán de abalanzarse sobre nuestro amigo que ya estaba preparado para el ataque en una posición de artes marciales que había visto en alguna película de acción. Mientras Colette, lejos de amilanarse se había agachado a coger varias piedras de buen tamaño que estaba dispuesta a lanzar a los agresores. Aunque hicieron intención de atacar, la disposición, entereza y decisión que transmitía Carmelo les hicieron pensar que ese chico sabía pelear y muy bien. Además la chica tenía unas piedras con el suficiente tamaño para hacerles mucho daño si las lanzaba, no podía fallar pues estaban demasiado cerca para esquivarlas. Yo apenas me había movido. Ante la actitud decidida de Carmelo y Colette, los tres golfos se dieron la vuelta y salieron corriendo al unísono, sin volver la vista atrás.

Pasado el susto le dimos las gracias a Carmelo que según nos contó todos los días iba al Parque a hacer running, aunque normalmente lo hacía más tarde, pero hoy tenía una reunión y había adelantado la hora de correr, con lo que esa decisión intranscendente nos había librado del ataque de los tres maleantes. Iba en pantalón corto con botines y una camiseta parecida a la de Colette pero de chico, era más alto de lo que me había parecido en el colegio, estaba delgado pero fuerte y musculoso, se adivinaba que practicaba bastante ejercicio. Estaba sin duda en plena forma. Tuve que reconocer que ese muchacho aparentemente tan poco empático e individualista me gustaba, transmitía seguridad y confianza en sí mismo. Algo que a mí me faltaba y quizás por eso lo valoraba. Sin darle la menor importancia a su oportuna aparición, de despidió de nosotras y siguió corriendo no sin dejar de advertirnos que tuviéramos cuidado.  En ningún momento hizo mención alguna a sus palabras del 14 de febrero en la que dijo estar enamorado de mí, aunque no lo dijo de manera explícita, y aunque me acordé no me atreví a preguntarle ya que desde entonces apenas nos habíamos visto, y nunca hizo mención de lo ocurrido. El desagradable acontecimiento nos había quitado las ganas de correr, así que salimos del Parque y nos dirigimos a nuestra casa.

Durante los siguientes meses el diario recogía acontecimientos rutinarios y poco interesantes, la vida de una chica bastante convencional y reservada como era Marcia ofrecía pocos asuntos de interés salvo para ella misma. Escribía sobre las discusiones con su madre o su padre, los posters de cantantes y actores, ropa, o los éxitos de ese año 1960 que había comprado, EL Dúo Dinámico, Los 5 Latinos, Elvis Presley, o los Beatles. Eran sus pequeños tesoros a los que les daba bastante importancia porque según decía la ayudaban a sobre llevar la rutina y el aburrimiento de su vida adolescente.

22- octubre 1.961
Me pasa supongo que como a todo el mundo le suele ocurrir con los diarios, pasada la novedad en la que escribes de casi todo, vas perdiendo interés y al ir creciendo desaparece esa necesidad de reflejar todo lo que te ocurre. También sabes que hay muchas posibilidades de que tus padres sientan curiosidad y lo lean, algo que no me gustaría en absoluto. Así que poco a poco vas dejando de escribir y cuando lo haces cuidas mucho las palabras que utilizas y sobre todo aquellos pasajes que consideras demasiado personales, o no los escribes, o lo haces de manera cifrada para que tus padres no se irriten. Esa es la última anotación del año 1.961. El año 1962 apenas ocupa una docena de páginas donde el relato más relevante es que en ese período Marcía se ha comprado una especie de caja fuerte en la que guarda sus ahorros, una foto con su amiga Colette y Lucas que por la fecha corresponde al final del curso pasado, sus poesías y el diario.   

Por lo que llevo leído, Marcia usaba el diario para relatar acontecimientos cotidianos que ocurrían en su entorno y también era un libro de reflexiones, que a veces, se apartaba de la rutinaria descripción de los hechos y aportaba datos y consideraciones interesantes muy personales. Sobre todo desde que lo guardaba en la caja metálica que había comprado, algo más grande que el tamaño del diario. Tenía una cerradura de la que solo ella tenía la llave. La mayor parte de las hojas reproducían incidentes cotidianos que no resultaban muy relevantes. Describía las peleas con su madre por asuntos tan normales como impedirle llegar a casa pasadas las 10 de la noche, no dejarla dormir en casa de su amiga, u obligarla a comer verdura o desayunar con leche y tostadas, algo que ella odiaba. Las diferencias con su padre eran pocas pero trascendentales. Bastante rígido en algunas cuestiones, como la obligación que tenía de sacar buenas notas para compensar el esfuerzo que hacían para que fuera a un colegio privado, la insistencia en no dejarse manipular por ningún chico, cuyo objetivo era aprovecharse de ella, obedecer a su madre, y poco más.

30- enero 1963
Tengo 16 años, y ya hace cinco que murió mi hermano, sin embargo el tiempo que dicen que todo lo cura a mí de momento no me ha servido para sanar las heridas que me dejo su ausencia. No puedo pedirle consejo cuando me siento perdida. Me preocupa el futuro, no estar preparada para lo que la vida me plantee, no puedo, o no soy capaz de hablar con mis padres de mis incertidumbres, mis indecisiones. Recordar a mi hermano me produce gran cantidad de imágenes y sensaciones, a las que me abandono sin el menor esfuerzo. Ahora me doy cuenta de lo importante que ha sido para mí, mi referente y mi guía, ahora sin él me siento perdida.

3- febrero 1963
Es domingo, me he levantado temprano ya que ayer no salí con los amigos aunque Colette insistió, la verdad es que no me encontraba bien. Desde que conocí a Lucas, yo diría que junto con Colette formamos el círculo al que se reduce mi grupo de amigos. Lucas es un chico a quién no parece interesarle ni hacerle mella que tanto Colette como yo seamos sin falsa modestia de las más guapas del colegio, y a las que más piropos dedican los chicos. Nunca ha demostrado ese tipo de interés por ninguna de las dos, parece inmunizado a la evidente atracción que producimos en el resto de compañeros. No obstante no es homosexual, se lo habíamos preguntado ambas ante la aparente falta de atención en ese aspecto.  Nos trata  con intimidad y nos considera unas excelentes amigas, su manera de pensar, adelantada a su tiempo. Lo que le permite hablar con naturalidad de cualquier tema y sentirse cómodo, algo que no le ocurre con su círculo de amigos con una mentalidad machista anticuada para su forma de pensar. 

Lo que más choca de la personalidad de nuestro amigo es que es bastante reservado ante los desconocidos, la mirada penetrante de sus oscuros ojos acompañada de un rostro serio y duro, le confieren una sensación de madurez impropia para su edad que mantiene a distancia a la mayoría de los chicos y chicas del colegio, que a él no parece importarle. Lucas creía y así nos lo había explicado, que a las mujeres si se les daba la oportunidad de adquirir conocimientos y formarse eran más intuitivas que los hombres, con una visión de la vida más amplia y con menos prejuicios, lo que nos otorga una evidente ventaja. Quizás ese pensamiento inesperado para nosotras fue el principio de una amistad que se veía fortalecida con el paso del tiempo.

14– Febrero de 1963
Hoy es el día de San Valentín y me ha venido a la mente el insospechado encuentro que tuve este mismo día hace dos años, con un Carmelo que apenas conocía y que dijo que estaba enamorado de mí. La verdad es que a partir del encuentro casual y oportuno que tuvimos en el Parque de María Luisa, lo veía con otros ojos y me sentía atraída por él. Me interesé por lo que hacía. Fui a verle jugar al baloncesto varías veces y pude comprobar que era muy bueno. Otro día que nos encontramos en el pasillo le pregunte si realmente no había tenido miedo de pelearse con los tres golfos que nos abordaron en el Parque, me dijo que no. Entre otras cosas porque iba a clases de judo y defensa personal y sabía perfectamente como desembarazarse de los tres rufianes. Me invitó a que le acompañara al gimnasio y podría ver como se entrenaba. Accedí y le acompañe, me sorprendió el gimnasio no por sus dimensiones o sus instalaciones que eran muy funcionales, todo estaba muy limpio y en perfecto orden.

Lo más sorprendente sin duda es el respeto que se demostraban todos los allí presentes, incluido el que debía ser el maestro y que era asiático (supongo que japonés) no muy alto, pero si ágil y fuerte que al andar parecía deslizarse, lo hacía con rapidez y naturalidad. Según me contó Carmelo, el lugar donde se practica el judo recibe el nombre de dojo, en el suelo hay unas colchonetas de 2 x 1 metros y unos 5 cm de grosor llamadas tatami para no dañarse al caer. Inician la sesión sentándose los alumnos (hay chicos y chicas) y el maestro alrededor de las colchonetas. Se dirigen a él como  Sensei y durante unos diez minutos hablan de algunos aspectos de lo que van a hacer, luego quedan en silencio, hasta que se levantan y por parejas se dirigen a los distintos tatamis que hay en la estancia. En el que quedaba más cerca de donde yo estaba sentada, -había pedido permiso para poder estar allí- se sitúan Carmelo y el maestro. 

Comienzan el ritual con la ceremonia que este arte requiere, inclinándose ambos en señal de respeto y consideración hacía su oponente. Durante más de quince minutos ambos judocas se enzarzan en un combate bastante igualado en el que los contendientes se emplean a fondo, realizando movimientos muy sincronizados, rápidos y complejos. Varios alumnos dejan de practicar y miran las evoluciones de Carmelo y el maestro. Aunque no entiendo nada de judo, intuyo que el combate además de igualado es de un gran nivel de dificultad y en el que ninguno, de momento, ha superado al otro. Hasta que Carmelo parece sorprender al maestro y le realiza una retención: inmovilizando al oponente durante 25 segundos en Ne Waza. (Esto me lo explicó tras el combate) En la cara de algunos de sus compañeros pude advertir signos de admiración hacía mi amigo, que según me dijo uno de ellos es Cinturón negro: 2º DAN – Ni Dan, lo que al parecer es un altísimo nivel, hasta el punto que en ese gimnasio solo lo poseía Carmelo.

Después del combate Carmelo me pregunta que me ha parecido, ¿si me ha gustado? Le he dicho que sí, que había sido muy interesante y que sus compañeros del gimnasio le admiran. Me han dicho que ha sido el único alumno que ha ganado al maestro en dos ocasiones algo que nadie ha logrado. Me responde con su sencillez y naturalidad habitual, sin darle importancia como si fuera algo que cualquiera pudiera hacer. Nos hemos sentado en una cafetería en la calle Eduardo Dato, es la primera vez que entro allí, es un lugar agradable y acogedor, nos sentamos en una mesa él pide agua con gas y yo un refresco de Cola. Aunque está en sexto de bachiller como yo, tiene según me cuenta 19 años. Pese a su edad nunca ha repetido ningún curso y aunque no me explica la razón empezó el bachillerato con 16 años, en tan solo tres había completado todo el ciclo. Esa diferencia de edad siempre me había tenido algo intimidada y aunque me gustaba me parecía un poco mayor, tanto por la edad como por la madurez que demostraba. Después de un rato de charla y aparentando cierta ingenuidad le pregunté porque me había dicho que estaba enamorado, y si era de mí. Supongo por cómo me miró que debí ponerme colorada, algo que no quería. Me sonrió de una manera delicada y encantadora para decirme:

o   - Es cierto que estaba y aún estoy enamorado de ti, eres la mujer con la que quiero compartir mi vida, no solo porque eres muy guapa, sobre todo y ante todo porque eres honesta, sincera e inteligente y eso es algo que valoro en una chica.

o   - Pero... no comprendo si de verdad lo estás, enamorado me refiero, porque no me has pedido nunca una cita o has querido salir conmigo, dices que me quieres pero no haces nada por acercarte a mí, eso no lo entiendo.

o  -  La razón es sencilla, eras y aún eres muy joven y espero que llegues a tener la madurez suficiente para que puedas aceptar un compromiso tan importante.

o  -  ¿Y cuándo crees tú que será eso?

o   - No tengo ni idea, pero cuando estés preparada lo sabrás y yo te estaré esperando. Eres una chica especial, diferente y sensible, que ahora necesita a alguien cómo Colette para enfrentarse al futuro sin miedo, junto con Lucas te sientes protegida, y estás aprendiendo a salir del cascarón en el que te encuentras. Cuando estés decidida a vivir la vida sin reservas y mirando hacia adelante yo te acompañaré, pero si salieras ahora conmigo te sentirías perdida o buscarías la protección de un padre, y yo no quiero eso. Quiero una chica que sepa lo que quiere y que no tenga miedo, y aunque aún no es el momento, estoy seguro que llegará pronto. Algo pasará que te hará ver la vida con ilusión, esperanza y sin rastro del temor que ahora te atenaza. Si me necesitas estaré aquí, pero el camino lo debes realizar sola. 

No he sabido que contestar aunque en el fondo sé que tiene razón en todo lo que  ha dicho, pero me ha dejado confundida y alterada. Hemos terminado de beber, nos hemos despedido y nos hemos separado.

La siguiente anotación en el diario me sorprende, en parte por lo inesperado pero sobre todo porque se convierte en una narración detallada más propia de un libro que de un diario.

19- abril de 1964
Estamos los tres en casa de Colette haciendo los deberes y sabiendo que el padre no volverá hasta bien entrada la noche, de lo que convenientemente había informado a su hija. A eso de las seis de la tarde decidimos acercarnos al mueble bar que tiene en el comedor.  Las estanterías que hay tras el pequeño mostrador están repletas de botellas de diferentes bebidas alcohólicas y en un frigorífico que se encuentra en un lateral, encontramos un enorme surtido de botellas de diferentes tipos de cervezas: Brewmeister Armageddon, Koelschip Start the Future, Schorschbräu Schorschbock, Koelschip Obilix, y otras con nombres tan raros e impronunciables, también había marcas españolas como Cruz Campo, Águila o Mahou entre otras. 

Llevamos estudiando más de tres horas y decidimos hacer un descanso y probar alguna cerveza. Nos decidimos por aquellas que tienen el nombre más raro y que nunca hemos visto, abrimos varias botellas que resultan las de mayor graduación. Poco a poco nos vamos animando en la medida que aumenta la ingesta de alcohol al que no estamos acostumbrados. Llega un momento en que estamos los tres bastante ebrios y decidimos poner algo de música y ponernos a bailar canciones como Da do ron ron de The Crysta, Twist ans Shout de The Beatles, Blue Velvet de Bobby Vinton, y la relajante Blue Bayou de Roy Orbison. Con el ritmo de la música poco a poco nos vamos desinhibiendo, especialmente Colette que por su personalidad desenvuelta y falta de perjuicios empieza a desnudarse mientras nos mira de manera provocativa. Tanto Lucas  como yo la observamos con una mezcla de pudor y deseo contenido.  Al vernos el rostro y que no habíamos podido dejar de mirarla se acerca a nosotros con los brazos abiertos, solo lleva el sujetador y las bragas, sin pensar nos fundimos los tres en un abrazo, sin dejar de movernos, al ritmo de la música y sin ser conscientes de lo que hacemos empezamos a desnudarnos. Al principio con alguna reserva, pero la libido de los tres amplificada por los efectos del alcohol ingerido nos hace perder el sentido de la vergüenza, dejándonos arrastrar por un deseo que apenas podemos controlar.

 Durante la siguiente hora formamos un trío en el que todo está permitido, mantenemos relaciones sexuales en las que los tres participamos de manera espontánea y sin prevención, con total descaro y desinhibición. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que iniciamos un juego imprevisto y que nos ha empujado a una situación inesperada e incomprensible que no sé cómo manejar. Colette por su comportamiento presiento que no es la primera vez que ha tenido relaciones sexuales, sin embargo en mi caso es mi primera experiencia, he perdido mi virginidad con una mezcla de dolor y placer, y casi sin ser consciente de lo que hacía. Los efectos del alcohol  han desparecido y nos encontramos desnudos y extenuados sobre la alfombra que cubre el salón. Durante un rato nos miramos sin decir palabra ni movernos, hasta que Lucas se levanta y se dirige al baño. Mientras, nosotras nos miramos, sonreímos y empezamos a vestirnos, Colette es la menos retraída,  maneja la situación con bastante naturalidad mientras que yo estoy violenta, jamás pensé que fuera capaz de hacer algo así.

El relato que hace de la situación es muy sincero aunque sin entrar en detalles de lo ocurrido, seguramente se sentía avergonzada. Pasa varias hojas sin que realice el menor comentario sobre la experiencia vivida. Según parece, durante varias semanas se rehúyen, sobre todo Marcia y Lucas. Colette por el contrario se comporta con total naturalidad aunque sin hacer mención al acontecimiento que tanto parece incomodar a sus amigos. Marcia reconoce en las siguientes páginas que durante el mes de mayo la relación de los tres jóvenes se encuentra estancada. Apenas encuentra algún renglón sobre Colette o Lucas, al parecer están fríos y distantes pues han perdido la espontaneidad, confianza y los buenos ratos que pasaban juntos. 

Colette decide hablar con ellos al salir de clase y les emplaza para verse en su casa el jueves 28 de mayo, antes de que empiecen los exámenes. Sin duda ese hecho aislado ha tenido consecuencias inesperadas, les ha transformado pasando de adolescentes a adultos de manera repentina.

28 -mayo 1.964
Nuevamente la redacción se convierte en una descripción detallada. Aunque tratamos de aparentar total normalidad cuando nos reunimos en casa de Colette, lo cierto es que los tres estamos azorados, sabemos que tenemos que hablar de lo que paso pero ninguno se atreve a ser el primero. La primera en hablar es Colette, nos mira a la cara con total desenvoltura y normalidad: 

o   Es la primera vez en mi vida que he hecho algo así aunque era algo que estaba deseando. No tengo mucha experiencia en relaciones sexuales, pero si quiero experimentar para saber lo que quiero y lo que me gusta. No era mi intención que nuestra reunión de estudio terminara de la manera que terminó, lo cierto es que aunque no planeado me ha resultado muy gratificante. Sé que dicho así parezco una cualquiera, algo que no soy. Nadie nos obligó, era algo que los tres queríamos probar aunque quizás no éramos conscientes. La barrera que separa la amistad, el cariño y la atracción es muy fina y a veces se confunde. Para mí es más fácil aceptar lo ocurrido pues no soy católica. La verdad es que soy agnóstica y por tanto no tengo el sentido de culpabilidad que seguramente tenéis vosotros. En vuestra religión el “pecado de la carne” (esa frase se me quedó grabada) es un delito moral de lo más infame.

Tras las palabras de Colette los tres callamos, ninguno parece dispuesto a añadir algo más, el silencio se hace tenso e incómodo. La amistad fraternal que nos ha unido durante los años que llevamos estudiando juntos parece haberse roto. Lucas se levanta del sofá y empieza hablar mientras se dirige al mueble bar a coger una cerveza, esta vez de la marca española Cruzcampo. Como suele ocurrir cuando pretende decir algo trascendental su rostro se tensa y su mirada se endurece. Las dos le miramos, algo importante nos va decir aunque no sabemos qué será.

o   Desde que os conocí me gustasteis las dos, sois muy distintas, casi opuestas, y nunca he sido capaz de decidir la prevalencia de la una sobre la otra. Al principio mi interés no tenía nada que ver con vuestra belleza ni la lógica atracción por dos chicas tan guapas. Lo cierto es que tenía interés en formar parte de vuestro mundo, me gusta estudiar a la gente y al veros siempre juntas lo primero que pensé es que erais lesbianas. Luego pensé que no, que simplemente sois dos buenas amigas que os complementáis, y ahora no lo sé. Eso al principio me origino cierta confusión supongo que por el hecho de que nuestras relaciones se ven influenciadas emocionalmente. Según he leído existen tres sistemas poderosos pero separados. “Deseo sexual, Amor y Apego”, a menudo estos tres sistemas emocionales trabajan juntos para crear resultados satisfactorios. Sin embargo, no siempre es este el caso. A veces estos tres sistemas compiten entre ellos, llevando a una mezcla de sentimientos y confusión. Esa mezcla de deseo, amor y apego me tiene confuso, especialmente desde que ocurrió el incidente, porque creo que han cambiado la intensidad y la prioridad. Además se ha ido instalando en mi subconsciente y creo que también en el vuestro. Por eso creo que ha llegado el momento de que hablemos claro y valoremos en que situación nos encontramos, y sobre todo si nuestra relación puede seguir adelante o debemos de darla por acabada. En mi caso, la emoción más fuerte y prolongada en el tiempo ha sido el apego. Saber que puedo contar con alguien que me va ayudar sin juzgarme, que respeta mi manera de ser y que no intenta cambiarme me aporta seguridad y confianza. En otro momento espero poder contaros mi infancia que no ha sido un camino de rosas sino todo lo contrario. 

    - Durante años he sido maltratado y despreciado, por eso mi carácter es introvertido y salvo con vosotras dos con nadie he tenido relación personal alguna, más allá de compartir experiencias superficiales. La atracción física siempre ha existido pero sabía que si traspasaba la barrera que nosotros mismos nos hemos creado, el deseo acabaría con la amistad que para mí es mucho más importante. Por eso no me ha sido difícil mantener la distancia emocional suficiente y no caer en una pasión intensa pero efímera de la que a la larga me arrepentiría. Pero a veces es complicado mantener el equilibrio y controlar las emociones como nos gustaría. La otra tarde rompimos el dique que contenía nuestras ansias y agitaciones, el alcohol anulo nuestra mente y nos llevó a un lugar al que queríamos llegar, aunque sabíamos que no deberíamos hacerlo. Ni siquiera sé si me arrepiento de lo que paso, porque la verdad  es que fue una experiencia única y trascendente en la que no había pensado ni en sueños. Y ahora no sé qué hacer, ni qué decisión tomar, espero que hablando los tres con franqueza encontremos una salida que nos permita mantener nuestra amistad que es lo  verdaderamente genuino y especial.

Las siguientes páginas son una transcripción detallada de los puntos de vista de las dos chicas.  Parece que  Marcia no se conforma con una exposición abreviada, quizás considera demasiado importante lo que va a decir tanto ella como sus dos amigos y quiere dejar constancia escrita de todo lo que van exponiendo. Sin duda es un tema capital para los tres. El diario se ha convertido en un texto pormenorizado y exhaustivo de los acontecimientos que han cambiado su vida enfrentándoles a una encrucijada que tienen que resolver. 

Colette reconoce abiertamente que tenía una enorme curiosidad por saber que sentía de verdad por nosotros. Sus sentimientos y emociones en relación hacía mí y hacía Lucas la tienen confundida, según dice, sobre ambos tiene un sentimiento de pertenencia, y complacencia, mezclado con deseo y curiosidad que no sabe cómo barajar. Ahora se da cuenta de la gran diferencia que existe en pensar, planear, e imaginarse una situación y llevarla a cabo. Tiene claro que sus sentimientos hacia nosotros son una mezcla de afecto, deseo y cariño, quizás amor, lo que presenta una compleja situación a analizar ya que se ve a sí misma como bisexual, algo inesperado que no sabe cómo administrar. Para mi es más complicado explicar lo que siento, pero mis amigos han sido muy sinceros y yo debo hacer lo mismo, lo que ocurre que a diferencia de ellos no sé muy bien que emociones he experimentado.  Así que intento definir qué ocurre en mi interior, que es complicado. Necesito desprenderme de varias “mochilas”, la religión, los prejuicios y los valores que una educación tradicional y católica basada en la represión, la negación y un sentimiento de culpa innecesario a causa del concepto de pecado.  Y así se lo hace saber. Las pautas religiosas que me han inculcado son ahora una pesada carga. La norma debe cumplirse de forma estricta, y no por un motivo racional o práctico sino porque deriva de una creencia, aunque para algunas personas, esta sea irracional. 

En mi fuero interno sé que la experiencia ha sido satisfactoria, que las caricias, los besos, las miradas y todo cuanto ocurrió aquella tarde me lleno de gozo, incluso llegue al éxtasis.  Algo que escribo en el diario pero que no voy a compartir con mis amigos. Porque a la vez otro sentimiento contrario me ha impedido sentir plenamente. Saber que estaba haciendo algo sucio, obsceno e indecente. Y aunque quiero, no puedo desprenderme de la vergüenza y del pecado que he cometido. La turbación que siento me impide hablar de todo lo ocurrido con naturalidad y franqueza, así que opto por traicionarme a mí misma diciendo lo que sin duda ellos no esperan:

o   Me he sentido mal, sucia y violenta. No me ha gustado nada, solo la pérdida de la conciencia por el alcohol ingerido ha permitido que participara en una orgía fuera de lugar y de la que me arrepiento. Yo os quiero como si fueseis mis hermanos, incluso quizás sienta cierta atracción, pero jamás habría aceptado implicarme en algo así. A no ser como ya he dicho porque mis facultades cognitivas estaban totalmente alteradas con la bebida. Os quiero como amigos, pero no volveré a intervenir en algo parecido.

Durante unos minutos los tres permanecemos callados. Es como siempre Lucas el primero en hablar:

o   Lamento enormemente oír eso, y por lo que a mí respecta te pido disculpas porque de haber sabido que pensabas así jamás me habría enredado. Aunque es cierto que la bebido me ha desinhibido, en todo momento sabía lo que estaba haciendo y de haber imaginado lo que acabas de contar ¡jamás habría hecho las cosas que hice! Visiblemente molesto se dirige hacia la puerta sin despedirse ni mirarnos, una reacción  que no esperábamos y que nos deja atónitas sin saber qué hacer.

Al poco rato es Colette la que me pide perdón mientras me dirijo a la puerta para volver a casa. A partir de ese momento la relación se enfría notablemente y aunque hablamos de vez en cuando, la camaradería y la confianza han desaparecido.

Según indica en su diario, antes del comienzo de las clases en la Universidad (cada uno de ellos empezará una carrera distinta y en Universidades diferentes) deciden juntarse en las vacaciones de Navidad para contar como les va su nueva andadura. Colette se marcha a estudiar Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, mientras Lucas decide estudiar Psicología y Marcia Filosofía en la Universidad de Sevilla.

29-agosto 1.964
Es increíble cómo nos puede cambiar la vida en un segundo, sin pensarlo, sin planearlo, sin esperarlo, pero de repente pasa algo en tu vida que cambia el transcurso de la misma. Y te preguntas porqué a mí. La casualidad es quién manda en tu destino, algo que haces con toda la ilusión y alegría del mundo se convierte en un momento en algo trágico e inesperado que cambia tu vida para siempre. No tenemos garantías de continuidad, nadie puede alterar su destino porque nadie lo conoce, a veces una decisión aparentemente intranscendente, incluso alegre y optimista se convierte en una pesadilla de la que no puedes escapar. Eso me ocurrió hace tan solo dos semanas el pasado día 15 de agosto, quede con Carmelo para ir a dar una vuelta con su nueva moto, una Montesa Impala de color rojo con la que lleva soñando desde hace algún tiempo. 

Desde que se terminaron las clases Carmelo y yo nos hemos hecho muy amigos, ha resultado ser un chico diferente, no solo es un estudiante prometedor, es que además su madurez e inteligencia le hacen destacar del resto de amigos y conocidos. El año que viene va a estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Madrid, su expediente académico es espectacular y ha recibido una carta del Rectorado en el que le felicitan y le esperan. Están convencidos de que será un alumno con un futuro brillante. Tengo que decir que el primer paso para llevar adelante esta relación, “aunque no lo hemos hablado formalmente se puede decir que somos novios” la he dado yo y como me había asegurado me estaba esperando. Desde el primer momento demostró ser alguien sumamente educado y atento. Es una persona singular que no se parece a ninguna otra que haya conocido, es puntual, responsable, humilde, sensible y con una gran personalidad y seguridad en sí mismo. He conocido a varios amigos suyos y comprobado que es respetado incluso admirado. Sin duda es un líder natural, no impone, convence, no presume, ni trata a los demás con altanería o prepotencia, todo lo contrario. Su carácter tan natural y decidido a veces me intimida, pero me está ayudando mucho para conseguir un notable aumento de seguridad en mi misma, estar a su lado me hace más estable y más fuerte. 

Aunque no quiero reconocerlo me siento atraída incluso fascinada con Carmelo, creo que me he enamorado de él de una manera que ni siquiera era consciente que pudiera sentir. Se ha convertido en el centro de mi existencia y lo mejor es que parece no darse cuenta. En varias ocasiones me ha dicho que desde el primer día que me vio supo que sería la mujer de su vida, la compañera que buscaba para compartir todas las cosas que el destino nos tuviera reservado.

Así que ese fatídico día, decidimos ir a Alcalá del Rio a comer Albures con tomate, un plato típico que jamás he probado y que a Carmelo le encanta. Íbamos por la carretera que va a La Rinconada, la moto era chulísima, marchábamos a la velocidad que indicaban las señales de tráfico disfrutando del aire, el olor a campo y huerta y las vistas que nos ofrecía el trayecto, perfectamente ataviados con la ropa adecuada para ir en moto, guantes, y casco. Al llegar a la altura del actual Polígono Majaravique un vehículo que venía por una carretera perpendicular se saltó el stop y nos embistió. Nos dio de lleno. Saltamos por los aires más de 30 metros. Seguía abrazada a Carmelo, no tuve tiempo de ver nada, solo sé que chocamos con un montículo que había al lado de la carretera ý que el cuerpo de Carmelo amortiguó el golpe que fue tremendo. Quedamos los dos tirados en la tierra como dos muñecos rotos. Habíamos perdido el conocimiento. 

Me desperté conmocionada en una cama del Hospital Residencia Sanitaria García Morato, llevaba varios días inconsciente y al parecer me habían operado de urgencia. Tarde unos minutos en dar coherencia a mis pensamientos y hacerme una idea de lo que había pasado hasta que me acorde de Carmelo, pregunté por él, dije que quería verlo. Mi madre me dijo que ahora no podía ser que estaba muy débil. Necesité unos treinta minutos para aclarar mis ideas y adaptarme a la situación en la que me encontraba. Pasado ese tiempo y cuando iba a empezar a preguntar a mi madre que me miraba con ojos tristes e inflamados, sin duda había llorado, se abrió la puerta de la habitación y entro un  hombre alto, ataviado con una bata blanca que llevaba un pequeño letrero en el bolsillo de la bata que decía:
J.M. Luengo – Médico
Se acerca a mi cama:
o   Buenos días como te encuentras

o   No lo sé muy bien, me cuesta trabajo moverme y no siento dolor.

o   Lógico ahora mismo estás anestesiada por los calmantes que te hemos puesto en inyección y en el gotero. ¿Sigues confusa o ya recuerdas que te paso?

o   Si ya lo recuerdo, aunque fue tan rápido que hay poco que recordar. ¿Cómo está mi novio? (era la primera vez que me dirigía a Carmelo con esa palabra).

Durante unos minutos se hizo un enojoso silencio en el que mi madre bajo los ojos mirando al suelo y el Doctor empezó a hablar lentamente, como si temiera que no pudiera entenderle.
o   Tu novio te salvó la vida al sufrir el impacto de manera directa y que su cuerpo hiciera de colchón al tuyo evitando que te dieras un golpe contra la piedra con la que chocasteis. Has tenido mucha suerte de estar viva, pero él desgraciadamente se llevó un golpe mortal pese a que llevaba el casco y murió en el acto. Cuando llegó al Hospital no pudimos hacer nada. Siento de veras tener que darte esta noticia.

Recibo la noticia como un mazazo, no puedo creer lo que están diciendo, no puede ser, es imposible que Carmelo ya no este, es imposible, están mintiendo. Sin poder evitarlo, mis ojos se llenan de lágrimas y mi cuerpo sufre una convulsión inesperada, no puedo respirar, me ahogo y un grito mudo se enreda en la garganta, con las manos crispadas retuerzo la sabana que me cubre y mis ojos se abren hasta el punto que parece van a salir de sus orbitas y el pulso se desboca. El médico llama a una enfermera que me pone una inyección que poco a poco me calma hasta quedar dormida.

Llevó dos semanas en el hospital y aún tendré que estar alguna más. No consigo pensar en otra cosa, saber que no volveré a ver a Carmelo. Ahora que lo he perdido soy consciente de lo enamorada que estaba de él. Pero como dice el refrán las desgracias nunca vienen solas, y al doloroso hecho de perderlo tengo que convivir con una nueva situación en mi propia persona.  Es cierto que el cuerpo de Carmelo amortiguó el golpe y eso me salvo la vida, pero el impacto fue tan fuerte que  me ha ocasionado una Lesión en la Médula Espinal. Según me dijo el médico la lesión de médula espinal o mielopatía, es una alteración de la médula espinal que puede provocar una pérdida de sensibilidad y/o de movilidad, debido a la rotura del disco intervertebral producido por el fuerte impacto. En mi caso he perdido toda sensibilidad en las piernas y no puedo moverlas, ya me han dicho que tendré que acostumbrarme a ir en silla de ruedas. He llorado mucho, incluso he deseado haber muerto en el impacto, no puedo aceptar la idea de que me he convertido en una lisiada para el resto de mi vida.  

 Tengo tan solo 17 años y toda una vida por delante, eso me dicen mis padres que sufren al verme así postrada en la cama del hospital. La tristeza que siento es inmensa, no tengo ganas de vivir, todo me parece horrible. La lesión ha supuesto un golpe fuerte, de andar normalmente a tener que usar silla de ruedas. Para mis padres ha sido un shock y para mi aún no lo sé, es demasiado pronto para tener algún tipo de esperanza o ilusión, de momento el único sentimiento que tengo es de frustración, rabia y una tristeza infinita. Me dicen que según pase el tiempo me iré haciendo a la idea y me daré cuenta de que se pueden hacer muchas cosas aunque estés en silla de ruedas. Han sido muy francos conmigo al decirme que tendré que hacer mucha rehabilitación y que aunque hay algunas posibilidades de que pueda volver a andar, la mayoría de las veces no es así. Es algo que tengo que aceptar, si al final el destino quiere devolverme lo que me ha quitado, estupendo, sino así será mi vida para el resto de mis días. Me encuentro de pronto con una situación a la que debo hacer frente sola, aunque mis padres siempre están a mi lado. Sin fuerzas, sin expectativas  y con mucho miedo, hasta el punto de bloquearme físicamente y mentalmente.

En las siguientes páginas del diario Marcia escribe todo el desánimo y decepción que siente, incluye la soledad, el aislamiento, el miedo, la frustración, el dolor y la desesperación. Es la última parada antes de llegar a la estación del pensamiento suicida, donde el tren de la mente a veces te puede llevar. Y que refleja en varias de las hojas del diario.

20 - septiembre 1964
No hay lugar para los demás: amigos o enemigos. Mi alma está llena de miedos e inseguridades, sin darme cuenta me he ido adentrando poco a poco en lo más negro y profundo de mi alma. Me siento a gusto en mi soledad, no quiero salir de ese pozo que mi subconsciente ha creado, encuentro en él la única solución a mis problemas y dudas. Sé que mis padres están hartos de verme así, para ellos es difícil entender mi estado de ánimo. Por más que intentan consolarme no lo consiguen. Estoy convencida de que soy una carga para los demás y que no pueden hacer nada para ayudarme. Siento como si se hubiera pasado de largo la línea de la salvación o de la ayuda. A veces miro a mis seres queridos y les brindo una falsa o tímida sonrisa para evitar que se preocupen. Estoy completamente aturdida, conmocionada, y confundida. El aislamiento fomenta un mayor aislamiento. Todo se siente como una mentira. Eso me lo dicen frecuentemente, pero me da igual. El psicólogo no deja de decirme que me encuentro en un pozo que no tiene las habilidades de razonamiento incorporadas a él. Sé que tiene razón pero aún no he encontrado el modo de salir de él. Solo pienso en cosas negativas, trágicas, desesperadas, que me acompañan y aunque no me consuelan me ayudan aunque no se bien de qué manera. A mi mente vienen imagines, palabras y escritos trágicos, como La Desesperación de Espronceda cuyos primeros versos dicen así:
Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas
la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Sé que necesito encontrar una salida, si sigo así me volveré loca o me suicidaré, algo en lo que he pensado en varias ocasiones. Durante los siguientes meses explica en su diario las largas, duras y rigurosas sesiones de recuperación. A veces cree que el fisioterapeuta disfruta viendo el dolor que le provocan los ejercicios a los que es sometida. Realizo ejercicios de fuerza y resistencia. Para los primeros utilizo pesas e incluso pesos libres y máquinas de musculación. Según mi experto fisioterapeuta, gracias a este tipo de ejercicios en silla de ruedas fortalecerá brazos y tronco, las partes del cuerpo más utilizadas en el desplazamiento manual en la silla de ruedas. 

Me instruye en cómo hacer flexiones de brazos (push-ups) colocando las manos a los costados de mis nalgas e intentando elevar el peso del asiento de la silla de ruedas. También realizo entrenamiento aeróbico y cardiovascular. Este tipo de ejercicios tienen como objetivo aumentar el ritmo cardíaco y mejorar la salud cardiovascular. Me recomienda deportes como baloncesto y rugby en silla de ruedas, son perfectos para ello, u otras opciones más ligeras y divertidas como la danza. De todos ellos intenta convencerme para que los realice, pero no tengo ni las ganas ni el interés suficiente para hacerlo.

5-diciembre 1964
El día 5 de diciembre a las 6 de la tarde, de acuerdo con la cita que se habían impuesto antes del verano Lucas y Colette se reúnen en el Bar la Raza, en el Parque de María Luisa. Durante media hora me esperan sin saber que no me voy a presentar. Colette llama desde un teléfono público a mi casa  pero nadie contesta. Esperan media hora más y se despiden no sin cierta tristeza pues deducen (con buen criterio) que su íntima amiga no ha aparecido por deseo expreso. Sin duda lo acontecido en el mes de Abril ha abierto una brecha entre nosotros difícil de superar especialmente para mí. Colette no está dispuesta a que su amistad termine y menos de esa manera. Necesita hablar conmigo y reconciliarse, soy consciente de que valora mucho el afecto y el cariño que compartimos, los buenos ratos que hemos pasado juntas y siente necesidad de abrazarme, es algo que aunque no lo ha dicho lo sé. Al día siguiente por la mañana se encamina hacia mi casa. 

Hace un día desapacible, el cielo está encapotado y las nubes de un gris plomizo impiden ver el sol, una fina lluvia es arrastrada por un viento frío para estas latitudes que unido a la humedad del ambiente hace estremecer a Colette. Son las 12 del mediodía cuando llama a la puerta de la casa. Abre la puerta mi madre, el rostro de Colette es serio, muy serio, con expresión atormentada, tiene los ojos tristes y hundidos. Saluda a mi madre con frialdad, algo impropio en ella que siempre ha sido muy cariñosa y sonriente. Le pregunta por Marcia y la respuesta es breve y tajante:
o   Marcia no quiere verte, quizás cuando pase más tiempo se ponga en contacto contigo,

o   ¿Pero porque? ¿qué pasa?, porque no quiere verme, necesito hablar con ella, por favor déjeme pasar.

o   Lo siento pero ella no quiere.
Sin añadir nada más mi madre cierra la puerta ante el estupor de Colette que no entiende nada. Tras unos minutos de confusión sale del portal y se dirige a su casa.

8-enero 1.965
Es viernes y un viento húmedo cala los huesos y la sensación térmica es de frio intenso algo poco usual en Sevilla. Ahora en el gimnasio y tras la ducha, el baño turco y la sauna, me siento relajada y ligera. He terminado mis ejercicios que como cada día me dejan molida, aunque cada vez me siento más fuerte y manejo la silla con más facilidad incluso con destreza. Acabo de salir del vestuario cuando en la puerta del gimnasio sentada en un banco al lado de la recepción, veo una chica que no deja  de mirarme mientras me acerco. Lleva un chaquetón de piel vuelta, una gorra de lana de color negro y azul y su cara me resulta familiar. Cuando estoy a unos poco metros del lugar donde se encuentra se levanta y entonces reconozco ese rostro. Sus ojos me miran con emoción y su cuerpo espigado le hace parecer más alta.
o   ¿Colette, que haces aquí?
 
o   Hola Marcia no he podido aguantar más tiempo sin verte. Cuando estuve en tu casa hace un mes al ver que no acudías a la cita que teníamos prevista, me di cuenta al ver a tu madre que algo no iba bien. Así que hice algunas preguntas y me enteré del accidente que habíais tenido Carmelo y tú. Desde entonces he intentado ponerme en contacto contigo para verte, abrazarte y saber cómo estás, pero tu familia siempre se ha negado a que habláramos cada vez que te he llamado a casa. Así que cuando he sabido que venías a este Centro de Rehabilitación, he decidido después de darle muchas vueltas que vendría a verte. Lo necesito, sigues siendo mi mejor amiga y te quiero mucho. Y si me dejas me gustaría estar contigo, verte de vez en cuando y estar juntas como hacíamos antes. Ya sé que tu vida ha cambiado y que hay muchas cosas que no podrás hacer pero hablar conmigo y charlar sí que puedes. ¡Por favor no me alejes de ti!

Durante unos minutos interminables miro a mi amiga, verla allí me trae amargos recuerdos y también buenos momentos que vivimos juntas. La amistad, el afecto, la confianza y complicidad que compartíamos es algo que no puedo olvidar. Sin poderlo evitar unas lágrimas rebeldes resbalan por la mejilla, abro mis brazos hacía mi amiga que se agacha y nos fundimos en un fuerte abrazo mientras nuestras lágrimas se mezclan. Permanecemos así durante largo rato, poco a poco nos separamos y me dirijo a Colette.

o   Sé que has intentado hablar conmigo en muchas ocasiones, que tu interés por saber cómo estoy es verdadero, pero desde aquel trágico día mi mundo se derrumbó. No he sido capaz de ver ni hablar con nadie, salvo mi familia y los médicos que me tratan. Durante meses he odiado al mundo y especialmente a aquellos que me rodean, ¿porque a mí y no a alguno de ellos? Ya sé que es un pensamiento egoísta, negativo e impropio, pero es lo que sentía y aún siento, aunque ahora solo de vez en cuando. No podía enfrentarme a ti tan guapa y perfecta como siempre, mientras que yo... ya ves postrada en una silla de ruedas, he odiado a todos los que tienen la suerte de estar sanos y no tullidos como yo. No me consuela que sea el destino el que me ha postrado, y verte aquí frente a mí con esa mirada tan profunda, afectuosa y sincera, me irrita y consuela a partes iguales. Pero no puedo resistirme, por eso no quería verte, porque sé lo que pasaría, y tengo demasiado rencor aún en mi alma, necesito tiempo para aceptar lo ocurrido. Vivir ligada a una silla de ruedas no es fácil, no poder salir, ir a bailar y tener autonomía, siempre dependiendo de alguien, es muy duro. Hace una semana mi terapeuta me sugirió que saliera a la calle para ver cómo me desenvolvía, hasta ahora las pocas veces que he salido ha sido acompañada de mi padre o mi madre, esta vez tenía que hacerlo sola  

                 La primera conclusión tras mi experiencia, es que me he sentido muy frustrada, como viviendo en una ratonera. Es difícil expresar lo que se te pasa por la cabeza cuando, después de un esfuerzo enorme para llegar al que parecía que era tu destino, tienes que dar la vuelta porque por ahí no puedes pasar. ¿Que por qué no puedes pasar? Pues porque hay un escalón de casi 10 centímetros para acceder al paso de peatones o porque alguien decidió que poner una columna en mitad de una acera estrecha era una buena idea. Y son sólo dos ejemplos. Mi sensación durante todo el día era que la ciudad estaba llena de trampas y que a nadie parecía importarle que miles de personas no pudieran hacer su vida con una cierta normalidad. No es victimismo, es una necesidad.  

               Mara Zaldívar una chica que conozco del centro de rehabilitación lleva 10 años en silla de ruedas y lo expresa con estas palabras: “La discapacidad te limita porque el mundo no está hecho para esa discapacidad, no por la discapacidad en sí”. Y ahora lo entiendo todo. Mi primer destino fue el banco para sacar dinero en efectivo. Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que me era imposible: los dos cajeros de la sucursal que hay al lado de mi casa son tan altos que casi ni llegaba a rozar los números. ¿Qué hacía? ¿Entrar a la oficina para hacer esta gestión en persona? Habría podido ser una opción si no tuviera tres escalones que subir para poder acceder a ella. ¿Cómo no me había dado cuenta nunca de este ‘pequeño’ detalle? La gente me miraba y todos tenían la misma expresión: pena, pero una pena lejana, distante. ‘Mírala, tan joven y en silla de ruedas’, parecían pensar. Lo que yo me preguntaba en ese momento era por qué no me ayudaban cuando me quedé atascada en mitad de una calle al ir a cruzar un paso de peatones y encontrarme con un escalón que me impedía volver a la acera. “La gente tiene prejuicios, miran con miedo a los que van en silla de ruedas y no les tratan”, me había dicho días antes mí asistente, y volví a entenderlo. Así que de momento he desistido de salir sola a la calle, es muy frustrante no poder recorrerlas, ni entrar en el banco, una tienda o un bar, porque a nadie se le ha ocurrido que los que estamos en silla de ruedas también queremos hacer una vida “normal”.

15 -enero 1965
Ha venido a verme Colette, durante la semana me ha llamado todos los días para saber cómo me encuentro reconozco que su visita me ha aliviado hasta el punto que he ido a la Universidad para saber si puedo matricularme y empezar a estudiar una carrera universitaria, no la que tenía pensada, sino Psicología. El cambio se debe a las vivencias experimentadas desde el accidente, quiero dedicarme a ayudar a personas que como yo han sufrido un trauma profundo y necesitan de profesionales que les ayuden a salir cuanto antes de la situación de duelo, negación, ira, depresión y aceptación que es el proceso por el que necesariamente hay que pasar.

o   Buenas tardes, ¿cómo estás hoy Marcia?

o   Algo más animada, he ido a la Universidad para matricularme el curso que viene en Psicología, estoy rellenando la documentación para llevarla.

o   No sabes cuánto me alegro de oír eso, así podremos vernos todos los días. Dame los papeles cuando los tengas y yo los entrego en Secretaría si te parece bien claro, o si lo prefieres vamos juntas.

o   Pero Colette como vamos a vernos, si estás estudiando en Madrid.

o   Esa era la idea, pero cuanto me enteré del accidente trasladé los papeles a la Universidad de Sevilla, quería estar cerca.

o   ¿Quieres decir que no estás estudiando en Madrid? Con la ilusión que te hacía. No deberías haber hecho eso, no por mí.

o   Eres mi mejor amiga, te quiero como una hermana y mi deseo es estar cerca y acompañarte en estos momentos en que necesitas de alguien que te quiera (además de tus padres claro), te ayude y te apoye.

Colette me mira con emoción y determinación, su expresión facial, su mirada, e incluso la postura de su cuerpo transmiten resolución y fuerza. Esa manera de encarar la vida que tanto he admirado en ella desde que nos conocimos hace ya cinco años.
o   Me gustaría poder decirte que no deberías haber hecho eso, pero lo cierto es que me alegro de que estés aquí y poder contar contigo, sé que me queda un largo trecho hasta que pueda hacer una vida digamos “normal”.

Capitulo – II


5-febrero 1965
Decido salir sola a la calle y llamar un taxi, (he aprendido a cerrar la silla de ruedas para subirme a los asientos de los coches, aún me cuesta trabajo pero cada vez tengo que hacer menos esfuerzo) me ha llevado hasta el parque de María Luisa. Son las doce de la mañana, es domingo y pese al frío se ven matrimonios paseando con niños pequeños, grupos de jóvenes corriendo por sus intrincados paseos y parejas de adolescentes dejándose llevar por sus arrebatos que el ambiente húmedo y gélido no consigue serenar. Estoy sentada en la Glorieta de los Hermanos Álvarez Quintero, una de las muchas plazas del parque, es de forma alargada y toda ella esta revestida de azulejos sevillanos de color azul. Al fondo de la glorieta se encuentra una pequeña fuente semicircular, presidida por un relieve de cerámica en el que se ve el lema de los hermanos: “Un mismo aliento impulsa las dos velas…“. En el centro de la glorieta hay un amplio estanque y en sus laterales otros dos bancos decorados con azulejos en los que se ven representados ambos autores, (uno a cada lado) junto a más títulos de varias de sus obras. En el suelo de la glorieta también se ven barcos de dos velas en algunos azulejos. Los rayos del sol caen perpendiculares y pese al frio reinante al rozar la piel, sientes una delicada sensación de calor y bienestar que al menos durante unos minutos consiente que tu alma se eleve, se pierda y se olvide como el ave de paso que viaja miles de kilómetros buscando el calor perdido. En estos momento siento una tranquila paz, recuerdo un poema de  Salvador Bermúdez de Castro que empezaba así:

¡Qué gallarda levanta su follaje
La palma solitaria de Elb-keddí,
Cuando penetra el sol por su ramaje,
¡Lanzando a plomo su calor allí!

El firmamento en púrpura se inflama
Con los rayos que arrastra el huracán,
Y está ardiendo la arena, cual la llama
Que se eleva del cráter de un volcán.

No sé porque me han venido a la mente esas estrofas, porque mi cuerpo y mi alma distan mucho de sentir un calor que abrigue de la cruda soledad en la que me encuentro. Hace seis meses que ocurrió el accidente, durante todo este tiempo he intentado superar la tristeza, congoja y rabia que siento. Trato de seguir los consejos de expertos, amigos y familiares, me esfuerzo en aceptar lo que me ha pasado y tratar de evitar palabras como "siempre", "nunca" y "absolutamente" porque según el psicólogo puede ser un indicio de depresión. Intento superar las situaciones a las que el abatimiento me dirige, entender y aceptar mi destino, superar las barreras emocionales y físicas a las que me enfrento y buscar retos que me ayuden a salir del pozo en el que estoy presa. He quedado un poco más tarde con Colette, está en la Universidad que no queda muy lejos de Parque. Por lo que me cuenta le va bastante bien aunque con bastante trabajo, realmente ahora si se tiene que aplicar para aprender todo lo que precisa para sacar adelante el curso. 

Colette es muy inteligente y nunca se había esforzado en exceso para sacar el Bachillerato con buena nota, estoy segura que también acabará la carrera de manera brillante, ella lo es en todo lo que emprende. Llevo un buen rato en el Parque, he paseado por los frondosos senderos escuchando el ruido de las hojas al pasar con la silla de ruedas, el silbido del viento al chocar entre las hojas, el aroma húmedo del suelo, el canto huidizo de los pájaros, el volar majestuoso y pausado de un Águila. Todas las muestras de vida de animales y plantes me dan envidia y rabia, nadie sabe cómo me  siento, la impotencia, la frustración que se ha apoderado de mí. Frecuentemente viene a mi memoria la imagen sonriente de Carmelo, la energía, seguridad y ganas de vivir que transmitía. Se había convertido en alguien imprescindible para mí, con él y a través de él, he madurado, soy más fuerte y más segura de mí misma, eso es al menos lo que me digo, y esa fortaleza la necesito para recuperar la ilusión y seguir adelante con mi vida.

Veo acercarse a mi amiga, viene con un coqueto gorro de lana que le cubre la cabeza, un abrigo ajustado, unas botas altas, un bolso grande y una carpeta bajo el brazo. Su rostro muestra una agradable sonrisa, la manera de andar es elegante y ligera, sin duda es una chica muy atractiva, al menos eso pienso.

o   Hola Marcia ¿cómo estás? (mientras habla se agacha y me planta un sonoro beso en la mejilla), te veo muy bien, y aunque tus ojos aún desprenden cierta tristeza, tu mirada es limpia y bella (cómo eres tú), estas muy guapa, como siempre.

o   No seas lisonjera, tengo la cara y la mirada helada como corresponde al tiempo que tenemos, menos mal que de vez en cuando sale el sol y calienta un poco. Tú sí que estás guapa, con ese gorro de lana tan original y bonito (acabo de terminar la frase cuando Colette, se quita el gorro y me lo encasqueta sin darme tiempo a reaccionar), ¿pero qué haces?, anda quítame el gorro y póntelo que hace mucho frío.

Sin hacerme el menor caso empieza a reírse, mientras, coquetamente se alisa el pelo con los dedos liberando su melena rubia que cae sobre sus hombros. Esa imagen tan natural y desenfadada, de manera inconsciente, trae a mi memoria los acontecimientos vividos en casa de Colette con Lucas y yo misma. Aunque ya ha pasado un año, lo cierto es que nunca he podido olvidarme de lo que ocurrió, mi noviazgo con Carmelo ha sido un buen antídoto para adormecer, para no recordar, porque realmente estaba, aún estoy enamorada de él, me ha ayudado mucho para sepultar en lo más profundo de mi alma lo que ocurrió aquel día y que no he sido capaz de superar. Sé que me gustan los chicos, con Carmelo he tenido y disfrutado de varios encuentros íntimos en los últimos meses previos al accidente y aunque no hemos finalizado la penetración por miedo al embarazo, ya habíamos planeado hacerlo poniendo los medios necesarios precisamente ese verano. 

El destino ha sido cruel incluso para eso, impidiéndonos disfrutar de un momento tan íntimo, privado y esencial entre dos personas que se aman y al que me iba a entregar con total apetencia y deseo. De nuevo Colette ha irrumpido en mi vida, con la fuerza, desenfado y determinación tan característica en ella, derribando como un muro de papel toda mi resistencia, sacudiendo mi alma atormentada y haciéndome sentir muy bien emocionalmente, despertando un deseo negado y olvidado. Durante una hora hemos estado paseando y hablando. Según me cuenta sale de vez en cuando con algún compañero de la Universidad, pero nada serio, sus estudios progresan mejor de lo que esperaba y un profesor interino que imparte algunas disciplinas como Derecho Civil, se ha fijado en ella.

o   Sabes Marcia, es joven -continúa Colette- y no deja de pavonearse delante de mí, resulta ridículo cómo los hombres hacen el idiota más absurdo para llamar la atención de una chica. Se está convirtiendo en el hazme reír de la clase, es patético ver cómo actúa poniéndose en evidencia, supongo que se le pasará. Y lo mejor de todo es que es un chico muy atractivo pero sin duda algo simple. Por cierto, te gustaría venir conmigo a una fiesta que va a dar una compañera de clase, el padre está forrado y tiene un chalet impresionante. Vamos a juntarnos unos cuantos amigos y amigas, lo pasaremos bien, habrá buena música y bebidas, ya que sé que no puedes bailar, pero si te puedes distraer escuchando música y charlando con mis compis, son muy enrollados y quieren conocerte.

o   ¿Quieren conocerme?¿Les has hablado de mí?¿Porque has hecho eso sin decirme nada?

o   ¿Y porque no? Eres mi mejor amiga, estoy muy orgullosa de ti, te quiero a rabiar, y me gustaría que me acompañaras.

No me apetecía nada, sabía que iba a ser el centro de atención, blanco de miradas de conmiseración y compasión que tan mal disimulaban. Era algo a lo que ya me había acostumbrado. La gran mayoría de las personas fingen una tristeza que para nada sienten y que prodigan de manera forzada para llamar la atención de los que están a su alrededor. Le iba a decir que no, pero me vino a la mente la cantidad de veces que el Psicólogo y mis padres me habían animado a que saliera de casa, me rodeara de gente y empezar a integrarme en una sociedad que salvo el impacto inicial me ignoraría, como al resto de las personas de este mundo. Seguro que habría alguien que mereciera la pena, con la suficiente sensibilidad y empatía para hablar conmigo distraerme y aportarme diferentes puntos de vista. Decidí acompañarla a la fiesta de su amiga, y le pregunté sí era consciente de que tendría que estar pendiente de mí, lo que sin duda era un engorro. Cómo respuesta me dio un abrazo y me planto dos besos, uno a cada lado de mi cara, después me miró con infinita dulzura y sonrió.

Tengo que reconocer que me intrigaba la historia, quería saber cómo vive, siente y afronta la vida una chica que con solo 18 años ve truncado su futuro pleno de promesas de felicidad y que ahora se había desvanecido. Ante las dificultades, el amor propio, el orgullo, y la entereza son paradigmas imprescindibles y necesarios para recuperar la ilusión. Es sin duda la ilusión el verdadero motor de nuestra vida, nada se aprende, se consigue, se disfruta, si falta el componente, el medio para reconocer el verdadero valor de los sentimientos y de las cosas, ya sean insignificantes o destacadas. Y al parecer en la mente de Marcía se habría una pequeña escotilla por la que podría deslizarse un sentimiento tan imprescindible como la ilusión, que es la mochila donde guardamos todos los demás.

6–marzo 1965
Sin duda la aparición de Colette me ha beneficiado, el carácter desenfadado y alegre, su magnetismo y fuerte personalidad me arrastra, y me hace sentirme más segura. Así que hoy sábado 6 de marzo, aquí estoy sentada en mi silla, nerviosa y  asustada. Me he peinado dejando mi pelo negro caer en una sugerente melena sobre mis hombros desnudos, llevo un vestido con escote palabra de honor que realza mis hombros y mi busto, que no ha perdido un ápice de su encanto. El vestido me cubre casi hasta los tobillos, unos bonitos zapatos de tacón no muy alto completan el atuendo. Aunque no puedo moverme de cintura para abajo, mantengo un buen tono en mis piernas y muslos porque realizo ejercicios específicos para mantenerlas fuertes, mediante unas poleas y descargas eléctricas que las fortalecen. He intentado ponerme de pie para verme en el espejo, pero no lo he conseguido, así que me han ayudado mis padres y he podido contemplarme como si mis piernas estuvieran sanas, y el resultado me ha gustado, sigo siendo una chica de muy buen ver como dice mi madre. 

Colette ha venido a buscarme a casa, yo la esperaba en la acera, he subido al coche y recogido la silla, le acompaña una compañera de la Universidad que vive cerca de ella, se llama Halana que según me explica en latín significa "calma, tranquilidad" con rasgos eminentemente latinos. Son las 10 de la noche y nos dirigimos al Aljarafe a una finca con una entrada magnífica “Los Azahares”. Hemos llegado veinte minutos después, recorremos un camino de grave bien prensada que provoca un característico ruido al contacto con la goma de las ruedas. A unos quinientos metros de la entrada se bifurca en dos caminos uno se dirige hacia unas naves y el otro hacía un casa-cortijo de dos alturas bastante grande. 

El edificio está bien iluminado, es magnífico y muy bien cuidado, las puertas de la entrada son de madera maciza labrada, están abiertas pese al frío reinante.  Una vez dentro, al frente hay una escalera que sube al piso superior y a ambos lados salones bellamente decorados, el que está a nuestra izquierda es bastante grande y está ocupado por unas veinte o treinta personas, se escucha música y una chica muy elegante y sofisticada se acerca sonriendo, mientras nos saluda. El salón está lleno de gente joven, la mayoría compañeros de universidad de Colette y amigos de la anfitriona. Como suele ocurrir cuando entro en algún lugar público, la gente me mira con curiosidad y conmiseración, en sus rostros aparece un gesto de lástima, supongo que piensan que es una pena que una chica tan joven tenga que ir en silla de ruedas. La verdad es que ya estoy acostumbrada y no hago mucho caso a sus miradas, a veces incluso sonrío. La música que están poniendo es muy chula, Charles Aznavour, The Beatles, Los Brincos, Jimmy Fontana y otros muchos éxitos que escucho diariamente por la radio. La gente va y viene de la pista de baile al Bar que hay al fondo del salón.  La mayoría bebe Gin Fizz, Cuba Libre y Cerveza, algunos como es mi caso, una tónica sin nada de alcohol. Desde el accidente en el que el conductor que nos embistió dio positivo en alcohol me juré no volver a beber nada que lo llevara. Colette está permanentemente pendiente de mí, aunque yo le digo que estoy bien, que ver a la gente bailar y escuchar la música tan hermosa que pone un atractivo disc jockey, me entretiene bastante. Hay varios chicos que no paran de perseguirla, sacarla a bailar y atosigarla. 

La verdad es que mi amiga esta radiante, verdaderamente guapa y muy sugestiva, lleva un vestido con un generoso escote y muy ajustado que realza su espléndida figura. Pasada la media noche Colette va poco a poco zambulléndose en la fiesta y olvidándose de mí, algo que agradezco, yo me encuentro bien aunque un poco triste pues el baile es una de mis pasiones. La música no deja de sonar y las canciones se turnan lentas y rápidas, a gusto de los bailarines.

Justo enfrente de donde me encuentro veo un chico de algo más de veinte años, alto, delgado, con gafas redondas sin montura que le dan un aspecto muy introvertido incluso intelectual. No parece muy divertido y compruebo que no deja de mirarme, me siento intrigada y también le miro (desde que estoy en silla de ruedas, miro con descaro, normalmente son los demás los que bajan la mirada, y eso me hace sentir más fuerte). Mientras, el joven, sin apartar la mirada en ningún momento, empieza a andar, cruza la pista de baile y se dirige directamente a donde me encuentro, por el camino coge una silla de una de las mesas desperdigadas por la sala y con paso firme se acerca hasta donde estoy.

o   Hola, (es su escueto saludo) mientras pone la silla al lado de la mía y se sienta.

o   Hola, (es mi contestación, tan escueta e impropia como la suya)

o   Perdona, soy un mal educado, me he acercado a ti, me he sentado a tu lado y ni siquiera me he presentado; me llamo Arturo y llevo toda la noche mirándote, aunque ya te has dado cuenta. Sé que no es de buena educación mirar durante largo rato a alguien, pero es que eres la única persona en esta fiesta que realmente me interesa.

o   Ya, quizás seas el único que se ha fijado en mí más allá de mirarme porque estoy en silla de ruedas, eso es algo que siempre llama la atención.

o   No es mi caso, mi interés en tu persona nada tiene que ver con que estés en silla de ruedas, me habría fijado en ti aunque hubieras estado de pie, bailando o en cualquier otra posición.

o   Y se puede saber que has visto en mí que tanta impresión te ha causado para no dejar de mirarme, algo que como bien dices no es de muy buena educación.

o   Además de un rostro bonito, desprendes un magnetismo que me intriga, normalmente cuando alguien tiene alguna discapacidad, ya sea congénita o por accidente, mantiene una actitud sumisa o todo lo contrario, altiva. Como si pensara que le han quitado algo, que dios o el destino le hubiera engañado, y su actitud se transforma en una determinada manera de enfrentarse a la sociedad. A Esteban Kipen  (licenciado Kinesiólogo Fisiatra e interlocutor de un equipo de trabajo de la Universidad de Buenos Aires), tuve la oportunidad de escucharle en un encuentro entre Universitarios al que había sido invitado. Dice que “la discapacidad no está en el cuerpo… está en la relación con el otro”. Esta sencilla pero demoledora frase, me permitió comprender que muchas veces los efectos que se producen en la vida de las personas con discapacidad, están en relación con los vínculos que se generan con los ciudadanos y con el entorno. No cree que el discapacitado necesariamente sea una persona que sufre. Hay muchas personas que sufren, algunos más, otros menos… pero la condición de discapacitado no tiene que ver con el sufrimiento per se. El sufrimiento está vinculado con la opresión, pero no necesariamente con la discapacidad: tiene que ver con ciertos esquemas, con determinadas formas de entender y vivir el mundo, las cuales se traducen en relaciones de violencia. Por eso me ha llamado la atención el gesto, no solo el gesto, también la actitud y el porte que mantienes. En tu rostro no he notado ningún signo de sufrimiento, ni resignación, todo lo contrario, tu comportamiento lejos de ser atribulado o resignado, es el de una chica joven que disfruta escuchando música, mirando a su alrededor con curiosidad, y alegrándose de que su amiga (que por cierto no ha dejado de estar pendiente de ti en toda la noche), se divierta y creo que tú también te diviertes.

o   Veo que eres muy observador y tienes bastante razón en lo que dices, durante meses he culpado a todo lo el mundo de lo que me ha pasado, a mi familia, mis amigos, la sociedad y al mismísimo Dios, he vivido un verdadero infierno, sin ganas de luchar, ni vivir, teniéndome lástima. Pero soy demasiado joven para aceptar que estar postrada en una silla de ruedas, me impida ser feliz, quizás no como había pensado, pero tendré que encontrar la forma y estoy convencida de que lo lograré. Por eso lo primero que he decidido es no tener miedo, ni a la vida ni a las personas y aprender a vivir con las lógicas limitaciones que esta situación me ha provocado.

o   Pues eso es exactamente lo que me ha gustado de ti, esa determinación, ese coraje que desprende tu mirada, y que te hace aún más guapa de lo que ya eres.

o   Gracias por el cumplido, pero espero que no me veas como parte de un ensayo o investigación de una materia que estas estudiando y te interesa.

o   No se trata de eso, estoy estudiando Medicina y entre las materias que estudio hay una que me atrae y que tiene que ver con la discapacidad, debido sin duda a que tenía un amigo que lo era y con el que asistí a esa charla que te he comentado. Hace tres años murió, se llamaba Leandro y tenía poliomielitis, y pese a su discapacidad montaba en bicicleta, nadaba y practicaba varios deportes, no tenía miedo a nada. Una mañana de las muchas que íbamos con otros compañeros en bicicleta por carretera, un conductor ebrio nos embistió, murieron tres compañeros, entre ellos Leandro. Era mi mejor amigo y con él aprendí como superar las barreras que la vida nos va poniendo, a ser positivo, entusiasta y generoso. Fue entonces tome la decisión de investigar para encontrar la manera de ayudar a personas como él, para que puedan tener la oportunidad de mejorar su calidad de vida.

o   Vaya siento mucho lo de tu amigo, sin duda era alguien especial.

o   Si lo era… pero bueno la vida sigue, ahora estamos aquí tú y yo, y me gustaría conocerte y saber cómo te llamas.

o   Muy bien mi nombre es Marcia, encantada de conocerte (mientras hablo alargo la mano para estrechar la del muchacho).

Durante el resto de la noche no dejamos de hablar, Arturo es un joven instruido con una conversación amena y que comparte conmigo muchas inquietudes y gustos, algo que nos aproxima y crea un clima de serenidad y confianza. Ya de madrugada Colette se acerca dónde estamos para decirme que es hora de volver a casa, no sin cierta pena me despido de mi nuevo amigo y nos dirigimos al coche estacionado en la explanada que hay en la entrada del chalet.



Capitulo III

Son las cinco de la mañana, nunca desde el accidente había llegado a casa de madrugada, ni siquiera había trasnochado. Me resulta sorprendente que mis padres no me estén esperando, escucho tras la puerta de su habitación y oigo la respiración acompasada de mi madre y los ronquidos de mi padre.  Me siento liberada y relajada al comprobar que mis padres por fin han encontrado cierta paz, durante el año y medio que llevo en esta situación han sufrido conmigo y por mí, han soportado mi mal carácter, incluso mis reproches totalmente inconvenientes y fuera de lugar, y nunca en ningún momento me han hecho el menor reproche. 

Tengo la inmensa suerte de tener dos personas que me demuestran su amor todos los días, sin estridencias, excesos, ni lamentos. Intento dormir pero no puedo, así que sigo escribiendo en mi diario, ha sido una noche inesperada, me siento feliz, es la primera vez que por fin he podido disfrutar. La música, el ambiente, la dedicación de Colette a la que quiero mucho y que al igual que mis padres me demuestra su cariño constantemente me han permitido pasar una noche inolvidable, que no ha podido tener mejor colofón que conocer a Arturo. Tengo que reconocer que aunque me ha resultado grato que se haya fijado en mí y me haya tratado con total naturalidad, lo cierto es que su mirada profunda es algo inquietante aunque muy atractiva. En todo el tiempo que hemos estado hablando ha sido muy educado y correcto.

Durante las siguientes semanas los apuntes en el diario son breves, tratan sobre el cambio de ánimo paulatino que está sufriendo, ha mejorado su carácter, aunque aún tiene muchos momentos de bajón por lo que menciona sus páginas, pero en general son cada vez más los ratos en que se encuentra animada e incluso a veces feliz, que los que la hacen sentirse enfadada o molesta.  Mucha de la culpa de su bienestar la tiene su amiga Colette que se desvive por agradarla y acompañarla siempre que puede. Gracias a su carácter optimista y desenfadado, contagia a Marcia de su alegría.  Además la relación con Arturo se va haciendo más estrecha, sus modales y buena educación son muy valorados por Marcia que no obstante sigue sintiendo cierto nerviosismo en algunos momentos, la frialdad de su mirada e incluso de sus palabras en algunas ocasiones le hacen sentir un cierto desasosiego que no sabe muy bien como valorar.

17-septiembre 1.965
Hoy me he levando bastante animada, incluso he sentido un ligero cosquilleo en los dedos de los pies, algo que me ha resultado gratificante aunque los médicos me han dicho que no me haga ilusiones, que este tipo de sensaciones no indican que mis piernas estén recobrando sensibilidad, aun así me ha gustado. Hace unos meses leí que: “tras una lesión medular y con el paso del tiempo es fundamental y necesaria la aceptación progresiva de la situación y de la nueva figura corporal”. Por otra parte, es positivo tener un concepto más amplio y lúdico de la sexualidad y no reducirla a genitalidad y a coito, ya que el cuerpo humano tiene numerosas partes tanto o más sensibles que los genitales. La Sexualidad es inherente al ser humano y trasciende cualquier lesión medular.  Las mujeres y los hombres con lesiones medulares pueden lograr relaciones sexuales plenas y placenteras. Y esto lo conocemos en la práctica clínica”. Anoche he explorado mi cuerpo para ver hasta qué punto me puedo estimular en solitario, si mi cuerpo reacciona a las caricias y mi mente es capaz de conseguir una excitación suficientemente poderosa para tener un orgasmo. Aunque no sin dificultad lo he conseguido, puedo mantener relaciones sexuales placenteras con la persona adecuada. 

No sé porque, pero después de mi encuentro íntimo y solitario en el que recordé a Carmelo, me vino a la memoria como si fuera ayer la sensación inmediata que sentí al ser consciente de la situación en que había quedado tras el accidente cuando me desperté en el Hospital: «Me he quedado parapléjica.» Sentí un miedo que jamás había sentido. Un terror indescriptible. La vida me había cambiado, en 1 segundo había perdido al amor de mi vida y me había quedado imposibilitada para moverme de cintura para abajo. ¿Cómo iba a ser capaz de vivir así? 

Pues bien... la vida me cambió, sí, pero desde que estoy en esta situación una cosa tengo muy clara: soy capaz de vivir en silla de ruedas y de ser feliz, algo que me parecía impensable en los primeros meses del accidente. Qué suerte que existan las sillas de ruedas y me permitan moverme por el mundo. Qué suerte estar viva y poder disfrutar de la vida, apreciarla después de aquel fatídico día, me costó tiempo y lágrimas pero al fin lo he superado. Puedo decir todo esto después de afrontar los momentos más difíciles, que son los de asimilar lo que de verdad te pasa y aprender de nuevo a hacer las cosas por mí misma. Me ayudó mucho conocer a gente en mis mismas circunstancias, cada uno tiene su historia, cada uno su lesión. Haciendo amigos aprendes sobre discapacidad, aprendes con los mejores y te diviertes.  ¿Que a veces estás triste? Claro que sí. Y lloras. Y te desesperas. Porque insisto, es difícil, y tienes tus bajones (aún hoy se me permite tener algún día triste y melancólico).  Pero ahí están mis padres, mi fisioterapeuta, Colette, Arturo y algunos amigos que comparten conmigo una lesión similar y que como yo, tienen que ir en silla de ruedas, y ellos, sí ellos, son capaces de sacarte una sonrisa, darte un abrazo, secarte las lágrimas y decirte que todo va a ir bien. 

La vida también consiste en eso. Ser feliz, estar triste, volver a sonreír y a seguir adelante. Con silla de ruedas o sin ella. Una vez aceptas la realidad en la que vives tienes que decidirte a hacer cosas y dejar de lamentarte, porque la mejor terapia es volver a hacer tu vida, con más dificultades y con muchísima más paciencia, pero hacer lo que te gusta. Derribar muros es cuestión de actitud. Si te quedas en casa llorando nadie te va a ayudar a suprimir barreras.  Al principio los amigos y tu familia son imprescindibles para ayudarte a salir de este embrollo y buscar el camino, pero luego conseguirlo por ti mismo será una necesidad, lo harás y te sentirás genial. Ser lesionado medular es difícil, pero no hay que perder la ilusión por la vida, porque la ilusión mueve montañas y ayuda a las personas a conseguir sus sueños.  El pasado no se puede cambiar, pero el presente sí se puede crear.  No me olvido de ir a rehabilitación tres e incluso algunas veces cuatro días por semana para mantener mi cuerpo a raya. Seguir haciendo ejercicio ayuda a que tus músculos y articulaciones no se atrofien. Por otra parte no dejo de lado mi vida social, sobre todo los fines de semana que es cuando hago más planes: salir con mis amigas, con Colette, con Lucas, al que he reencontrado y que parece que no hubiéramos dejado de vernos, sigue siendo el mismo, tan independiente y personal. Me está ayudando con el papeleo de la Universidad, él está en 2º de Psicología y es la carrera a la que me he apuntado. También Arturo, con el que me veo cada vez con más frecuencia, además, viajar, ir a museos (me encanta). 

Tengo la suerte de vivir en Sevilla, donde hay una gran oferta cultural para empaparme de ella. Cierto es que tengo esperanzas de volver a caminar, porque a mí la ilusión no me la quita nadie, pero también tengo los pies y las ruedas en el suelo, y sé que si llega ese día seré muy feliz, pero también sé que la silla de ruedas no me ha quitado lo que más quiero: a mi familia, a mis amigos, y mis ganas de comerme el mundo.

16-noviembre 1.965
Hace tan solo seis meses mi estado de ánimo era deplorable, sin ilusión, sin ganas y con un espíritu negativo que me impedía disfrutar de las cosas que la vida ofrece, tanto si estas en silla de ruedas como si no. Sin duda Colette ha sido mí mejor aliada en este camino de liberación que he emprendido, ella me entiende, me conoce y me anima, de haber sido un chico sin duda me habría enamorado, seguro, incluso creo que de alguna manera siento hacía ella algo parecido, intenso, íntimo y personal, mezcla de agradecimiento, afecto y cariño. Aunque es mejor no pensar demasiado en esas cosas, disfrutar de su compañía es la mejor terapia. Precisamente hoy he quedado con ella, nos vamos a ver en su casa a la que ya soy capaz de ir en mi silla de ruedas, no sin esfuerzo, pero eso es algo normal en mí día a día. He subido en el ascensor, ha convencido a la comunidad para que pongan una rampa desde la calle (creo que la ha pagado su padre y lo que han conseguido es la autorización), pero es demasiado noble como para decírmelo. Soy muy puntual así que Colette que lo sabe me espera, son las siete de la tarde, su padre como casi siempre está en la Fábrica trabajando, así que estamos solas. Tras los saludos de rigor nos vamos al salón, allí coloco la silla al lado de una mesa de centro que está llena de revistas, mientras me acomodo y sin preguntarme, va al mueble bar y me trae una cerveza que es la única bebida con alcohol que me permito beber y solo de vez en cuando. Se sienta enfrente con otra cerveza, me mira con ternura como hace siempre y sonríe:

o   Te veo muy bien Marcia últimamente te arreglas más, llevas un corte de pelo chulísimo y tu vestido es muy “chic” y eso me alegra mucho. Además tus piernas están morenas y fuertes, a ver qué tal las tienes, (mientras me dice eso se ha incorporado, se ha acercado y me ha subido el vestido casi hasta la cintura) tienes unas piernas preciosas, y tus muslos están duros, se nota  que tus sesiones de rehabilitación y fisioterapia dan resultados, nadie diría al verlos que no te pasas el día corriendo.

Aunque apenas tengo sensibilidad en las piernas, el ver su mano rozando la piel me ha hecho sentir cierto gozo, mas místico que físico pero igualmente placentero. Durante este tiempo he desarrollado un nuevo sentido, sutil, etéreo e incorpóreo que me hace experimentar un placer espiritual y vital que no sé cómo definir pero que mi mente convierte en cierto y real, es algo imposible de precisar pero absolutamente autentico. No sin cierto rubor al sentir su mano sobre mi piel y sus ojos clavados en los míos, he sonreído sin saber que decir, su espontaneidad como casi siempre me ha cogido de improviso,

o   Gracias Colette por tus palabras, eres mi mejor amiga y tienes mucha culpa de mi mejoría anímica, sin tus cuidados, tu cariño y tus constantes demostraciones de afecto, no me sentiría tan bien e ilusionada. Estoy deseando empezar en la Universidad, ya he ido varias veces para saber cómo me las voy a apañar,  y aunque con alguna dificultad no tendré problemas para moverme, hay varios estudiantes que cómo yo van en silla de ruedas y tienen acondicionadas rampas para subir y bajar de los edificios del campus.
o   Me gustaría sentarme contigo,( mientras digo eso) acerco la silla al sofá y con un movimiento de mis brazos -que con el esfuerzo diario a los que les someto son fuertes aunque no han perdido su esbeltez- me siento junto a ella, así estaremos más cerca.

Esta vez la sorprendida es Colette que no esperaba que pudiera sentarme a su lado de manera tan ágil y rápida. 

o   Desde el día de la fiesta te he visto en varias ocasiones acompañada del mismo chico con el que pasaste casi toda la noche, ¿estás saliendo con él?, ¿sois novios o algo?

o   No, solamente amigos aunque me gusta y mucho, es gracioso, me hace reír y es inteligente, y como amante tampoco está mal pero de momento solo nos une una buena amistad, aunque intuyo que él quiere algo más sólido y permanente.

o   Y si te gusta tanto y es cómo me lo describes ¿porque no quieres formalizar una relación a todas luces conveniente? porque el chico es muy guapo, seguro que además es un buen partido viste ropa de marca y tiene coche ¿no?

o   Si, la verdad es que no puedo ponerle ninguna pega y sin duda me conviene. Pero lo cierto es que no estoy enamorada de él, y me gustaría la verdad.

o   Y que te impide que te enamores, lo tiene todo, guapo, divertido, inteligente y además un buen partido.

Colette me mira fijamente, en sus ojos hay tristeza y deseo, una lucha interna se está librando y en su mirada se adivinan sentimientos contrapuestos. Su rostro esta tenso y en sus labios aparece un rictus de amargura y desazón. Me mira muy fijamente y me coge las manos.

o   Marcia, ya sé que tú no apruebas lo que paso aquella tarde que compartimos con Lucas, que te sentiste sucia y que no te gustaron las caricias y los actos tan íntimos y personales que realizamos, y yo lo respeto. Pero para mí fue algo inesperado y emocionante, sentí un cúmulo de sensaciones y sentimientos que desconocía, que nunca había sentido y que al contacto con tu piel, tus caricias y tus besos, se despertaron en lo más íntimo de mi persona. Aquel día sin pretenderlo me enamoré de ti, y desde entonces sigo estándolo. He salido con varios chicos, con alguno incluso he mantenido relaciones íntimas, pero he sido incapaz de olvidarte, y cada vez que me abrazan y acarician mi mente se escapa y recuerda los que nos dimos aquella tarde. Permanecemos calladas, mirándonos y cogidas de las manos, algo que hemos hecho de manera inconsciente.

o   Colette lo que paso aquella tarde me gustó, yo tampoco he podido olvidar tus besos y caricias, si dije que no había gozado y que me había sentido sucia fue únicamente porque mi educación católica se negaba a admitir sentir afecto, pasión e incluso amor por otra persona del mismo sexo. En la mente de la mayoría de los creyentes, y en la mía, la homosexualidad es un comportamiento contra natura, una aberración, e incluso un vicio, fruto de la degradación del ser humano por el pecado. Pero todas las cosas que me han pasado me han hecho comprender que no hay ningún motivo para pensar que nuestra felicidad tenga que estar vinculada con hacer lo posible por transmitir nuestros genes, y por asegurarnos de que las personas que nos rodean hacen lo mismo, que según el ideario católico, es la única manera en que deben relacionarse los seres humanos, para procrear y mantener la especie. Ni siquiera sé si soy lesbiana, porque lo cierto es que estaba enamorada de Carmelo, y sus besos y caricias también me gustaban incluso me liberaban, creo que de no haber tenido el accidente nos habríamos casado y tenido hijos, porque me encantan los niños. Pero no es menos cierto que cada vez que recuerdo aquella tarde en la que nos poseímos las dos y en la que Lucas fue un mero espectador, que aprovechó la coyuntura uniéndose al grupo pero sabiendo en todo momento que éramos nosotras las que nos deseábamos, que a él solo le dejamos hacer porque no teníamos más remedio y porque sentíamos afecto. Con él solo tuve sensaciones físicas gratas, sí, pero nada más. Pero contigo fue algo diametralmente diferente, contigo sentía como todo mi cuerpo te reclamaba, te exigía, te adoraba y te exploraba, hasta llegar a un punto donde el placer casi me hacía daño. Nunca más he sentido algo así.

Durante unos minutos interminables nos miramos fijamente, mientras nuestros cuerpos como si tuvieran vida propia e independiente a nuestra voluntad, o mejor a la falta de ella, se buscan, se unen y se estrechan en un abrazo intenso y eterno. Nada queda a nuestro alrededor, estamos solas ella y yo, el mundo que nos rodea desaparece, las creencias, los prejuicios, las inconveniencias sé evaporan como si nunca hubieran existido. Solo la certeza de nuestros sentimientos que hemos escondido ante la imposibilidad de poder expresarlos o habilitarlos, nos trasladan a un lugar lejano e inexistente para los demás pero cierto para nosotras. Todas las emociones y sentimientos ocultos y callados que hemos guardado tan celosamente, emergen y sentimos una liberación inexplicable pero real y profunda. El amor, un sentimiento impredecible e incontrolable se ha apoderado de nosotras. Tras unos minutos abrazadas y emocionadas, nos separamos y volvemos a nuestra posición inicial en el sofá en el que nos encontramos.

o   Bueno (es Colette la primera en hablar) y ahora que hacemos, no creo que tu familia ni la mía aprueben una relación amorosa entre nosotras. Mi padre aunque no es religioso no va a aceptar de buen grado que su hija esté enamorada de una mujer, y tus padres mucho menos, el disgusto será tremendo, ¿qué hacemos?

o   De momento dejar las cosas como están, somos aún muy jóvenes y no tenemos prisa para tener que darles un disgusto tan grande en estos momentos. Debemos esperar y seguir como hasta ahora, sabemos que nos queremos, eso es algo liberador, pero no suficiente para enfrentarnos a una sociedad tan retrógrada como la nuestra. Incluso puede ocurrir que lo que sentimos sea una mezcla de afecto, devoción, ternura y apego, que hemos confundido con amor. No sé tú, pero yo no he tenido ninguna experiencia amorosa hasta que conocí a Carmelo, y ni en casa ni en el colegio me instruyeron sobre asuntos tan íntimos y personales. Y para la Iglesia todo es pecado, la masturbación, y lo que tenga que ver con la sexualidad y no digamos acostarte con alguien, algo que solo está permitido hacer después de casados y para procrear. Por eso tengo dudas sobre mis sentimientos hacía ti, estoy segura de que te quiero mucho, y que desde el primer día que nos conocimos siempre me ha gustado estar a tu lado, tu compañía siempre ha sido muy grata. Pero no sé si lo que siento es amor verdadero, si lo comparo con lo que sentía por Carmelo es distinto aunque más profundo.

o   Bueno yo no tengo dudas, me gustan los hombres, de hecho he estado con varios y lo he pasado bien, nunca me he sentido atraída por una mujer… hasta que te conocí. Para mí no es cuestión de si soy o no lesbiana, para mí la cuestión es que por lo que parece el amor no tiene sexo, me he enamorado de ti como podía haberlo hecho de un hombre. Yo no mando en mis sentimientos, todo lo contrario, son ellos los que mandan en mí. Además soy muy sincera y no me engaño ni confundo, algo que a ti si te pasa, sé que te quiero y eso no me asusta, al contrario me siento liberada al decírtelo, de aquí en adelante nuestra relación será lo que  queremos que sea. Si de momento quieres que todo siga igual, por mí perfecto, pero sé que te amo, eso seguro.

Tras las últimas palabras de Colette, nos damos un abrazo y nos tumbamos en la cama, abrazadas y relajadas, sin duda nos hemos quitado un peso de encima. Ahora me toca aceptar mis sentimientos y aprender a manejarlos.

“Lo importante no es lo que creo que soy, lo importante es como soy, y sobre todo como quiero ser, como quiero vivir mi vida, sin importarme lo que los demás piensen” Trato de entender y ordenar mis sentimientos, tengo que reconocer que me siento tremendamente confundida y también aliviada, he sido capaz de enfrentarme a mis contradicciones. Soy católica aunque no ejerzo como tal, pero lo cierto es que la educación recibida es como una losa que impide que pueda afrontar con naturalidad y valentía mis emociones. Sin embargo estamos en 1965 y conozco gente liberada que está en contra del sistema establecido y que se rebela haciendo de las relaciones interpersonales promiscuas denominadas “comunas” una forma de vida.  Les llamamos “hippies” y han acuñado como propia la famosa frase “Haz el amor y no la guerra”. El pacifismo surge a raíz de las protestas contra la guerra de Vietnam. También se ha puesto de moda la minifalda, la música ‘yé yé’ y las vespas. Que no dejan de ser signos de liberación y otra manera de ver el mundo cada vez más libre y menos encorsetado. Es posible que trate de buscar referencias que me permitan aceptar y considerar como algo natural un afecto que mis principios católicos me presentan como perverso, enfermizo y antinatural.

CAPITULO IV

Las siguientes páginas del diario se centran en sus sesiones con el fisioterapeuta, la notable mejoría de la relación con sus padres que ante el cambio de actitud de Marcia se sienten más relajados y liberados,  también habla de su relación con Colette y Arturo.

11 -diciembre 1.965
Hoy he quedado con Arturo, nuestra relación se ha ido consolidando con el tiempo, sigue siendo igual de atento que cuando nos conocimos. A nivel afectivo no tengo muy claro sus sentimientos, es cierto que me trata con mucho cariño incluso nos hemos besado en varias ocasiones. En el cine y en alguna excursión que hemos hecho nos hemos acariciado incluso estimulado con besos y arrumacos. Sin embargo no hemos pasado de ahí, no me ha preguntado nada sobre mi sexualidad, si puedo o no mantener relaciones íntimas o si deseo tenerlas. Parece  como si se conformara con el nivel de intimidad que tenemos y no deseara más, algo que me preocupa porque no sé muy bien cuáles son sus planes futuros, si simplemente quiere que seamos amigos o desea mantener una relación más profunda. En estos meses me ha presentado a algunos amigos de la facultad que están trabajando con él en un proyecto de investigación, sobre como como mejorar e incluso curar las lesiones medulares y de otro tipo relacionados con la columna vertebral. Normalmente cuando nos hemos reunido con el pequeño grupo que forman, tres estudiantes uno de ellos está en el último curso de carrera, he terminado aburriéndome porque al principio conversamos de muchos temas, pero siempre terminan hablando de los logros que están consiguiendo con su proyecto, son muy optimistas y creen que pronto podrán curar lesiones como la mía, algo que no termino de creerme pero de lo que hablan con gran entusiasmo. En la reunión que vamos a tener hoy con sus amigos se va a incorporar el cerebro del proyecto un tal doctor Polero del que me ha dicho lo siguiente: 

o   El doctor Marcos Polero es mi mentor, además de investigador y profesor en la Universidad de Medicina, concretamente es el director del departamento de Bioquímica y Biología Molecular Humana. Comenzó a realizar los primeros implantes de neuroestimuladores. Desde casos de dolor perineal, infiltración por endometriosis, atrapamientos nerviosos por fibrosis, síndrome de compresión vascular, lesión medular, etc.

o   Dentro de todos ellos la lesión medular es la que mayores avances ha experimentado, porque es dónde ha centrado sus esfuerzos y dónde el tratamiento ofrece mejores soluciones, no siendo descabellado que el paciente pueda volver a andar. Según la técnica que ha desarrollado aunque en fase experimental, a través de un adecuado diagnóstico semiológico clínico-ginecológico-neurológico se identifican los nervios afectados por daño o patología y se planifica su tratamiento. El problema es que aún no se ha aprobado el protocolo de actuación que permitiría utilizar la técnica desarrollada por el Dr. Polero, que además tiene varios detractores entre los catedráticos que deben analizar y aprobar un sistema tan eficaz como novedoso. Mediante el sistema que ha implementado junto con algunos colaboradores entre los que me encuentro, se puede identificar y aislar todos los nervios pelvianos, en particular el nervio ciático, el nervio pudendo, las raíces nerviosas sacras, los nervios esplácnicos, así como también el nervio femoral, fundamental en el tratamiento de los daños de la médula espinal. De esta manera, con un diagnóstico clínico apropiado y la identificación de las raíces nerviosas afectadas, se puede instaurar el tratamiento adecuado: preservación, descompresión, neuroestimulación externa o la novedosa técnica para neuroestimulación directa de los nervios pelvianos, todos ellos en fase de estudio aunque con innegables avances, que algunos no quieren admitir. Estos dispositivos emiten estímulos a los nervios y pueden proporcionar la recuperación de algunas de las funciones originales que se perdieron. 

o   Además, existen otras ventajas de la neuroestimulación, como son el entrenamiento y desarrollo muscular, estimulación de la pelvis, extremidades y nervios simpáticos, reducción/prevención de lesiones de decúbito (escaras, úlceras), reducción de edema, trombosis y embolias y prevención de la osteoporosis. El inconveniente con el que nos encontramos es que una parte de los investigadores que trabajan sobre estas afecciones, no han desarrollado ninguna metodología que haya mejorado el estado de los pacientes que sufren estas enfermedades, en especial los daños producidos en la médula espinal. 

     Y no están por la labor de apoyar a un investigador tan joven, el Dr. Polero tiene 35 años, y eso es un hándicap para apoyar sus ensayos que de tener éxito obtendría un reconocimiento mundial que sus colegas no aceptan de buen grado. Así que aunque estamos convencidos que el tratamiento que proponemos será un éxito, no podemos probarlo sobre personas porque no se encuentra en el estadio necesario para ser aceptado por la comunidad científica, que debe dar el visto bueno para probar sobre individuos voluntarios.

A mí todo lo que me ha contado me ha parecido chino, pero es tal el entusiasmo y vehemencia con el que se expresa que no he podido interrumpirle para decirle que no entiendo nada, y que yo tampoco creo que una lesión como la mía se pueda curar con neurotransmisores, estímulos nerviosos y las demás palabrejas que ha empleado, pero no he dicho nada para no incomodarle. Llevamos cerca de una hora en una cafetería de la calle Asunción cuando veo entrar por la puerta un hombre, alto, delgado con pelo canoso y una mirada penetrante y profunda parece mayor de 35 años. Cuando nos ve se acerca a la mesa con una sonrisa y saluda a todos los presentes, Arturo que se ha levantado para saludarle, le acompaña hasta donde estoy y hace las presentaciones.

o   Doctor Marcos Polero, le presento a mi buena amiga Marcia

o   Marcía te presento al Doctor Polero, mi profesor y mentor, y con quién estamos colaborando en el proyecto que te he contado.

o   Encantado de conocerte Marcia

o   Lo mismo digo Doctor Polero

Nos damos la mano y se sienta en la mesa con nosotros, durante otra hora más o menos no dejan de hablar de la investigación que llevan entre manos. En todo ese tiempo el Doctor no ha dejado de mirarme con curiosidad haciéndome preguntas sobre mi lesión, como me encuentro, si he notado alguna mejoría desde que ocurrió, que tratamiento estaba haciendo, que sensaciones o más bien la falta de sensaciones. Mientras con voz pausada me habla de los halagüeños resultados que están obteniendo en sus investigaciones, llegando incluso a asegurar que han llegado a la conclusión final. Si la academia lo aprueba demostrarán que alguien con lesión modular puede volver a andar. Le doy la enhorabuena y le deseo toda la suerte del mundo. Por alguna razón que no puedo explicar, no termino de creerme que tengan las investigaciones tan adelantadas y que sin embargo sus colegas no les apoyen en algo tan importante y trascendente como conseguir que personas como yo podamos volver a andar, algo que considero un milagro. Sobre las ocho de la noche nos levantamos de la mesa y nos vamos, Arturo está muy alterado, la presencia del profesor le ha causado gran impacto, se le ve feliz, y no para de decirme cosas sobre las investigaciones que llevan a cabo. Al final le llamo la atención sobre lo poco que me interesa lo que dice, porque entre otras cosas no entiendo casi nada. Me pide disculpas y hablamos de otros temas mientras me lleva a casa.    

14  -enero 1.966
Aunque en estas fechas suele hacer frio, la verdad es que hoy el cielo está despejado y el sol luce en Sevilla enviando un agradable calor  que solo en esta ciudad adquiere tal dimensión. Estoy en una cafetería sentada en mi silla de ruedas leyendo un libro de autoayuda que me han regalado, llevo unas veinte páginas y creo que no voy a terminar de leerlo, todo lo que dice el libro son enunciados, definiciones y obviedades que no creo que me sirvan para nada. Es posible que pueda servir para algo a algunas personas, aunque las soluciones que propone no hayan sido demostradas y se trate, en definitiva, de un negocio que vive de vender ilusiones y esperanza. La razón por la que se sigue consumiendo este tipo de libros es, probablemente, la misma por la que se sigue jugando a la lotería: la relación entre el gasto y el posible beneficio parece bastante razonable, aunque no para mí.

Veo acercarse a Colette sonriendo como siempre, llena de vida y con pasos rápidos y seguros, pienso que está muy guapa, pero sobre todo elegante y personal, alguien diferente sin duda a la que no puedes dejar de mirar. Cuando llega a mi altura se agacha  y me da un beso en los labios, como siempre me sorprende y me deja totalmente azorada a la vez que complacida. Algo tan natural e inocente como un beso en los labios, que no solo no rechazo sino que además me gusta, me crea un conflicto interno del qué tengo que partir para resolverlo de manera adecuada, quizás el conflicto empieza con una emoción desbordada. No sé si realmente tengo un problema de ética, que tiene una íntima relación con la moral, hasta el punto que incluso ambos ámbitos los confundo con bastante frecuencia y que me hace meditar sobre lo que es correcto o incorrecto (lo bueno y lo malo) en nuestra sociedad y en nuestra conducta diaria. 

Lo cierto es que mis sentimientos hacia Colette me plantean problemas de conducta, que a veces son de difícil ubicación en la realidad, al menos en la realidad en la que me he movido, la que me han inculcado y que he practicado. Esta situación conflictiva me crea problemas en mi vida cotidiana. Mi sentimiento es real, pero tengo miedo a las consecuencias a las que me enfrento, no solo a la sociedad sino a mí misma, algo en mi interior me reclama un cambio, como si lo que me pasa fuera una fiebre de la que necesito liberarme. Al ver la expresión de mi rostro, entre complacido y preocupado, Colette sonríe y me pregunta:

o   ¿Y ahora qué pasa? tienes una expresión que no termino de comprender, pareces encantada y a la vez contrariada, ¿Qué te ocurre?

o   Por dios Colette, porque eres tan perspicaz ¿es que no se te escapa nada? Creo que sabes perfectamente que me pasa, al parecer para ti ha sido fácil asimilar que tus deseos más íntimos sean destinados a una mujer como si fuera la cosa más natural del mundo, y es posible que así sea. Porque en definitiva todo se reduce a una cuestión cultural, pero a mí me pesa todo lo que me han inculcado en cuanto al sexo.

o   Si lo sé, pero es algo que tienes que superar y en lo que yo no te puedo ayudar, pero te pondré un ejemplo que espero que demuestre que al final todo son costumbres y leyes casi siempre dictadas por hombres. Leí un artículo que decía lo siguiente: Estamos en una recóndita aldea en el norte de Tanzania llamada Tarime, en la región de los Mara. Es la tierra de la tribu de los kurya. Entre sus tradiciones, defienden la circuncisión femenina y son capaces de argumentar estoicamente el por qué. Aunque no es esa costumbre la que nos conduce a ellos sino una de las tradiciones más singulares que se puedan encontrar en el África subsahariana: el matrimonio entre mujeres, las llamadas Nyumba Ntobhu. Por supuesto siempre bajo determinadas circunstancias, por ejemplo que te hayas quedado viuda y sin hijos varones, entonces la viuda al poseer una buena casa y un pequeño terreno, y no querer perder su patrimonio, decide casarse con una mujer más joven que le dé hijos varones que puedan heredar sus tierras. En otro artículo leo lo siguiente: Si bien los matrimonios entre personas del mismo sexo han existido en diversas culturas a lo largo del tiempo, como en la Antigua Roma o en la provincia china de Fujian hasta el siglo XIX, la occidentalización del mundo llevó a su desaparición en los siglos XIX y XX, volviendo a aparecer en el siglo XXI. Podría seguir poniéndote diferentes ejemplos, como la poliandria donde varios hombres comparten una mujer, y otros incluso más curiosos. En definitiva los sentimientos unas veces, y los intereses otras, rompen las normas generalmente aceptadas de lo que es bueno y lo que no lo es. 
    
     Todo se reduce a que te sientas a gusto y feliz contigo mismo y no confundas tradición y cultura, con emoción y sentimientos. Igual que has aceptado que posiblemente tendrás que estar el resto de tu vida en silla de ruedas y has decido que a pesar de ello vas a vivir y ser feliz, pues algo parecido debes hacer con tus sentimientos, aceptarlos y disfrutarlos, lo que los demás digan no tiene importancia, al menos esa es mi manera de pensar. Nada es para siempre, quizá dentro de unos años nuestros sentimientos cambien o quizás no, ¿quién sabe?

o   Cómo siempre tienes razón, meditaré sobre lo que hemos hablado, y tomaré una decisión para enfrentarme al futuro con serenidad y confianza.

Durante las siguientes páginas, habla principalmente de su logros diarios con su fisioterapeuta, de la relación con sus padres, de toda la documentación que ha enviado a la Universidad para comenzar el curso que viene, de su amistad con Lucas al que siguen viendo ella y Colette de vez en cuando pero que ya no es ni tan íntima ni personal como antes. Les ha contado que está saliendo con una chica compañera de la Universidad y que van en serio. También habla de su relación con Colette, cada vez más íntima y asentada, poco a poco va aceptando su sexualidad y disfrutando de la compañía de su amiga, que no deja de cuidarla, algo que también ella hace. Pese a desearlo no han vuelto a tener una relación íntima completa.

17-marzo 1.966
La relación con Arturo permanece, seguimos viéndonos y saliendo juntos, incluso mantenemos una cierta intimidad. No obstante no se produce ningún avance, ni por parte mía ni de él, conformes con la situación en la que nos encontramos. Arturo casi siempre que estamos juntos no deja de hablar del proyecto que están a punto de culminar, y que pronto van a poner en práctica con un voluntario dispuesto, aunque no me ha dicho de quién se trata.  

Me ha llamado Colette hace unos días, parecía nerviosa y aunque le pregunté que le pasaba no quiso hablar por teléfono de lo que quisiera que le preocupara, quedamos en vernos hoy en la cafetería Ochoa de la calle Sierpes. Son las seis y media de la tarde cuando entro en el salón, al fondo en una mesa en la esquina está sentada mi amiga, su rostro es serio y aunque esboza una sonrisa cuando me ve, su gesto preocupado no desaparece, lo que me hace intuir que algo grave pasa. Tras los saludos de rigor le pregunto de manera apremiante. 

o   Estoy preocupada Colette, en todos los años que te conozco nunca te he visto así de intranquila, sin duda es algo grave lo que te pasa ¿verdad?

o   Cómo bien sabes salgo frecuentemente con Javier (mi compañero de la Universidad a quién ya conoces), lo cierto es que cada vez salimos más a menudo y supongo que eso se debe a que nos gusta cada vez más estar juntos. Así que hace un par de semanas nos fuimos a dar una vuelta en el nuevo coche que se ha comprado, mejor dicho que le ha comprado su padre. Un Austin 1800, coche del año 1965 y que me enseñó con legítimo orgullo. Fuimos por la carretera de Madrid y paramos en Carmona a tomar un café en una gasolinera que hay a la entrada. El coche además de precioso es rápido, sin bajarnos dimos un paseo por la ciudad que yo ya conocía y que es muy bonita. Nos acercamos hasta el parador que es un antiguo castillo o fuerte, no sé muy bien y que es precioso. Todo el tiempo estuvimos hablando, nos sentíamos muy cómodos, en ningún momento pude adivinar lo que más tarde ocurrió. Al volver hacía Sevilla bastante antes de llegar al Aeropuerto, cogió una desviación y estuvimos unos diez minutos recorriendo un camino de tierra que iba dejando una nube de polvo detrás del coche. Javier iba muy contento, me extraño lo inesperado de la situación y le pregunté que a donde me llevaba. A un chale que tienen mis padres aquí cerca para que lo conozcas, fue su contestación.  No te he dicho nada  -continuó- porque cuando salimos de Sevilla ni se me ocurrió, pero al volver pensé en darte una sorpresa. Pero si no te parece bien damos la vuelta. Ya que estamos aquí seguiremos fue mí contestación (la verdad es que despertó mí curiosidad). Cinco minutos después paramos frente a una verja que abrió con un mando a distancia que llevaba en el llavero junto con otras llaves. 
     
     Entramos en una parcela de unos mil metros cuadrados, más o menos, en el centro de la misma había una casa de una sola planta bastante grande, en la parte posterior un jardín muy bien ornamentado, una piscina y un garaje como para tres coches. El chalé estaba rodeado de césped y de unos altos y frondosos árboles, algunos frutales, todo estaba muy bien cuidado, sin duda alguien mantenía la finca en tan buen estado. Accedimos a la casa que estaba muy bien acondicionada con muebles rústicos de bonito diseño. Nos pusimos a hablar, puso algo de música y el ambiente se tornó cada vez más íntimo y acogedor. Javier estaba encantador, no dejábamos de charlar, especialmente él haciendo planes de futuro que yo no negaba pero tampoco asentía.  Bebimos varias copas de whisky, supongo que al no estar acostumbrados estábamos un poco borrachos, ya sabes, como aquella vez. Pero estábamos bien, cómodos incluso un tanto excitados. En un momento dado me dijo que estaba enamorado de mí y que le gustaría formalizar nuestra relación, algo que me sorprendió y a la vez me halagó. Me sentía cómoda y predispuesta a dejarme hacer si tomaba la iniciativa, algo que obviamente hizo, empezamos a besarnos y acariciarnos cada vez con más vehemencia e intensidad. Poco a poco nos fuimos alterando hasta que llegó el momento en que debíamos terminar lo que habíamos empezado. 

     Así que se bajó el pantalón  y pude ver su miembro erecto y duro, acto seguido mientras yo le miraba me bajó las bragas, me tumbo y se puso encima de mí. Y justo cuando iba a introducirme el pene, algo en mi interior se reveló, sentí nauseas al notar su miembro duro intentando penetrarme, y en mi mente solo pude verte a ti, solo contigo quería llegar tan lejos. De repente y de manera inesperada sentí que no podía seguir, que no deseaba que Javier me penetrara. Nunca me había pasada algo así, pero en esa ocasión y en ese momento algo se rompió en mi interior y no pude seguir, así que empujé a Javier con todas mis fuerzas para que lo dejara. El me miró sorprendido y excitado, me preguntó que me pasaba, le dije que no quería continuar. Me insultó, me dijo cosas muy feas, y que ahora él no podía parar que lo hubiese pensado antes, y sin hacer caso de mi forcejeo al ser mucho más fuerte que yo, introdujo su miembro y no paro hasta que eyaculó, pese a mi llanto y mis súplicas de que no lo hiciera. Cuando todo termino Javier se levantó, y al ver el estado en el que me encontraba se asustó. En su cara pude ver una expresión de frustración y arrepentimiento, sin duda no era un violador, y era consciente de lo que había hecho. Vi como su rostro se crispaba, sus puños se cerraban y su cuerpo se tensaba, me asustó, no sabía que pensaba hacer, que estaba rondando por su cabeza. De manera inesperada se dio la vuelta y desapareció.

o   Sin dejar de llorar me incorporé, me coloque la ropa y me fui al lavabo a recomponerme y para estar sola. Estaba confundida, frustrada, humillada y no sabía muy bien cómo actuar, que hacer. Acaba de ser violada. Jamás pensé que algo así pudiera ocurrirme y menos de esta manera, alguien a quien quería y con quién en algún momento había fantaseado con una relación íntima como la que estábamos llevando a cabo. Pero la barrera que apareció sin esperarlo, ni pensarlo, me impidió culminar algo que habíamos empezado juntos, pero que forzó cuando le dije que parara, algo que debió hacer. Nadie puede obligarnos a hacer algo tan íntimo cuando no lo deseamos. Sé que yo tenía parte de culpa por consentir e incluso participar en el juego amoroso que habíamos iniciado y que acepte de buen grado, pero si en el último momento por la razón que sea, no quiero seguir, él debería haber respetado mi decisión y haber desistido, dominando su pasión que como animales racionales que somos debemos y podemos controlar, algo que no hizo. Cuando salí del cuarto de baño algo más calmada, en el salón me encontré a Javier sentado en un sofá del que se levantó en cuanto me vio entrar. 

     Su postura corporal era de aflicción, era incapaz de mirarme y con la cabeza baja empezó a hablar. Siento mucho lo que ha pasado, sé que me he portado mal, que cuando me has pedido que parara debería haberlo hecho, pero estaba tan excitado que no he podido aunque lo he intentado. Jamás en mi vida he tenido relaciones íntimas con ninguna chica que no lo deseara y no he tenido problemas en parar si me lo han pedido. No soy un déspota ni un desconsiderado, y nunca he necesitado esforzarme demasiado para conseguir encuentros amorosos. No sé qué me ha pasado, cuando nos sentamos a hablar ni siquiera había pensado en que nuestro encuentro terminara así, pero poco a poco la charla, el whisky y el amor que te tengo han despertado un deseo que siempre ha estado ahí, pero que he mantenido controlado sin esfuerzo alguno convencido que llegaría el momento y lo disfrutaríamos. Estaba convencido de que tu sentías lo mismo, que los dos lo deseábamos y creí que hoy, ahora, había llegado el momento. Lo cierto es que me has besado, acariciado y abrazado de manera espontánea y cariñosa, y de repente, en el último momento has actuado de manera hostil, inesperada e ilógica. Ya sé que debería haber parado, pero no he podido y no sabes cómo me arrepiento, te pido por favor que me perdones, tú me conoces, yo no soy así, no sé qué me ha pasado lo siento de verdad. Su rostro es la viva imagen de la contrición y pesadumbre, está verdaderamente afectado, pero mi frustración rabia e impotencia es tan grande, que solo acierto a decir, ¡por favor llévame a casa! Subimos al coche y el resto del viaje lo hicimos sin hablar, me dejo en la puerta, intento decirme algo pero no le deje, le pedí por favor que se callará.

CAPITULO V

Tras escuchar el relato de Colette me siento mal, muy mal. Te pueden ocurrir todo tipo de desgracias en la vida, pero sin duda una violación es una de las peores porque es la representación más cruel del abuso de un ser sobre otro. La violencia sexual ejercida sobre otra persona por el solo hecho de ser más fuerte es algo abominable, ocurre siempre sobre la parte de la sociedad más débil, niños, mujeres y ancianos. Obligar a consumar un acto sexual u otro acto dirigido contra la sexualidad de una persona mediante coacción, y en este caso agravado por tener una relación afectiva con la víctima, es un acto vil, indigno y depreciable. 

Me parecía imposible que algo así le hubiese ocurrido a Colette, ella siempre tan valiente y segura de sí misma,  ni su espíritu independiente, ni su osadía la habían impedido ser víctima de un acto tan bajo y ruin, además, quien ha abusado de ella es alguien que decía amarla y respetarla, que proviene de lo que definimos como de buena familia y que según sus propias palabras no tenía que hacer grandes esfuerzos por mantener relaciones sexuales con mujeres. No consigo descifrar como una persona inteligente, sana y aparentemente equilibrada, puede cometer un acto tan vil con alguien a quien dice amar. Colette tiene la mirada perdida, se siente aturdida sin saber muy bien que hacer, yo la insto a que denuncie a Javier, no puede dejar que un acto tan violento y cruel quede sin castigo. Durante un buen rato dialogamos sobre que tiene que hacer, denunciar a Javier implica dar un disgusto mayúsculo a su padre, que todo el mundo se entere de lo que ha pasado, y lo peor ir a un juicio donde revivir todo lo ocurrido y demostrar que ha sido violada, algo que no es fácil. La familia de Javier contratara al mejor abogado e intentará demostrar que habías consentido, que salíais juntos e incluso que él te había pedido ser formalmente su novia. Además no has ido a un hospital cuando se cometió la agresión para que hicieran una revisión donde poder demostrar que la relación no había sido consentida,  ahora ya es tarde. 

Después de buscar la mejor opción y en contra de nuestro deseo, convenimos que no debe hacer nada. Debe seguir adelante con su vida, aceptar lo ocurrido y tratar de mirar al futuro con optimismo, y aunque sabe que nunca lo podrá olvidar, tratar de pasar página. Sentirse frustrada es algo que he sentido. Indignada, cabreada, e incluso llegar a odiar a alguien por haberte destrozado la vida, todo eso lo he padecido cuanto aquel hombre nos envistió. Acabó con la vida de Carmelo y me dejo postrada para siempre, mientras él ha seguido adelante con su vida como si nada hubiera pasado. Eso es algo terriblemente doloroso.

o   Sé cómo te sientes, y como yo, debes enfrentarte a tu rabia y controlar el odio que te embarga para evitar que se apodere de ti y convierta tu vida en un infierno, tienes que tratar de pasar página, no puedes olvidar, pero si aceptar lo que ha pasado y buscar nuevos horizontes que te permitan aliviar el tremendo dolor que ahora sientes. Como tú me has dicho tantas veces, solo tenemos una vida y debemos aprovecharla, impidiendo que la pena, el odio, y los fracasos nos quiten la ilusión necesaria para seguir adelante. Siento rabia e impotencia por no poder ayudarte, pero lo que si tienes es todo el cariño, el amor y el respeto que siento por ti. Siempre has sido mi referente, mi guía, tu presencia y compañía me han ayudado a seguir adelante, y ahora me toca a mí estar a tu lado incondicionalmente.

Nos fundimos en un fuerte abrazo sin importar las miradas de algunas de las personas que están a nuestro alrededor, sorprendidas por esas muestras de cariño.

Durante las siguientes páginas Marcia dedica muchas de ellas a hablar de Colette, de cómo poco a poco se va recuperando. Al parecer la relación con Javier es inexistente, él ha hecho algún intento de acercamiento para pedir perdón, pero Colette no se lo ha permitido dejándole meridianamente claro que jamás volverá a cruzar una sola palabra con él, al que considera un violador. La fortaleza de la chica, su fuerte personalidad y temperamento, además de las constantes muestras de cariño de Marcia, van consiguiendo que el intenso dolor que siente vaya remitiendo. Se ha centrado en los estudios y cuando no está estudiando está con Marcia que se ha convertido en un bálsamo, que con su ternura y afecto está consiguiendo que vaya superando el trauma vivido incluso más rápido de lo que esperaba.


21–abril 1.966
Falta menos de un mes para celebrar mi 19 cumpleaños, mis padres están preparando una fiesta sorpresa, quieren celebrar no solo mi cumpleaños, también la mejoría tanto física como psíquica que he experimentado. Lo cierto es que he aprendido a tolerar mi invalidez con naturalidad, cada vez me cuesta menos esfuerzo andar por la calle. Aún hay una enormidad de barreras que me impiden llevar una vida casi normal y que podría conseguir si estuvieran resueltas.

Colette está más animada y también está tramando darme alguna sorpresa. Aunque ni mis padres ni ella me han dicho nada, mi intuición, además de percibir charlas en voz muy baja o preguntas aparentemente inocentes, me han dado alguna pista pero no las suficientes sobre lo que pretenden y aunque he puesto interés en descubrir que planean no he conseguido averiguar nada. No le he hablado a Arturo de mi cumpleaños, no quiero obligarle a hacerme un regalo, se enterará por Colette supongo, pero no espero ninguna sorpresa. Cada vez está más ilusionado con el resultado de los trabajos de investigación en los que participa junto con el Dr. Polero. Según me cuenta ya han terminado el trabajo de laboratorio, han hecho varias pruebas con ratones y al parecer los resultados han sido satisfactorios, solo queda el VºBº de la comunidad científica para poner en marcha el proyecto de manera oficial.  Su participación en el mismo le permitirá un reconocimiento a nivel internacional que le ayudará de manera notoria en su futuro como investigador de prestigio.

A pesar de su entusiasmo y seguridad en los resultados, yo no lo tengo tan claro, ni creo que lo que pretenden se pueda resolver tal y como dice. Son muchos los investigadores internacionales que están trabajando para conseguir curar las lesiones de medula espinal y de momento no lo han conseguido, ha habido algunos avances que ayudan a mejorar la calidad de vida, pero nada determinante que la cure. Sé que están trabajando con algún tipo de anfibio que cuando sufre una lesión de la médula espinal, las células cercanas llamadas células gliales, se activan y proliferan rápidamente y se reposicionan para reparar las conexiones entre los nervios y reconectar la médula espinal lesionada. Por el contrario, cuando un ser humano sufre una lesión medular, las células gliales forman tejido cicatricial, lo que impide que los nervios se vuelvan a conectar entre sí. Pero por lo que me cuentan los miembros del equipo de rehabilitación, es que de momento no dejan de ser ensayos que están aún lejanos de convertirse en una solución real.

17  -mayo 1.966
Hoy es mi cumpleaños, como esperaba mi padres han tirado la casa por la ventana, han invitado a mis amigas, mi familia, tíos, primos y mis abuelos, a los que veo poco porque viven en Cádiz y por supuesto a Colette y Lucas que ha venido acompañado de su amiga. Como me imaginaba ha venido Arturo, seguro que ha sido Colette quien se lo ha dicho. Nos hemos reunido para almorzar en la Venta Ruiz, un lugar al que ya había estado alguna vez con mis padres, la comida es buena y el precio razonable, aunque al ser tantos les habrá costado un “ojo de la cara”. La sobremesa se ha alargado, la mayoría de los presentes han pedido alguna copa, whisky o ginebra con cola, han bebido y fumado como cosacos. Yo solo he bebido cerveza como hago siempre que estoy de fiesta. Una vez terminada la sobremesa y cuando creo que vamos a irnos, mi padre se levanta de la mesa y con un tono serio y transcendente, nos pide que le escuchemos. 

Todos nos sentamos y con gran emoción habla de lo orgullosos que tanto él como mi madre están de mí, de mi valentía, mis ganas de vivir y de la ilusión que atesoro y que es el motor de mi vida. Durante unos minutos sigue hablando de mis cualidades como persona y de la enorme admiración que sienten hacía mí, yo estoy un poco violenta ante tanta lisonja y deseando que deje de hablar. Así que cuando creo que ha terminado, de manera muy solemne le pide a uno de mis tíos que por favor vaya a por el regalo que han preparado por mi cumpleaños. Aparece mi tío con un envoltorio de grandes dimensiones, que una vez abierto deja ver una sofisticada silla de ruedas… ¡eléctrica! Todo el mundo empieza a aplaudir y vitorear mi nombre, me emociono y me fundo en un fuerte abrazo con mis padres y con Colette que también se ha acercado. Luego he sabido que ha sido ella la que se ha encargado de buscar la silla y quién la ha encontrado en EE.UU, y se ha ocupado de todo el trámite administrativo necesario para traerla a España)
. 
Sobre las seis de la tarde hemos salido del restaurante, mis amigas, mi familia, Lucas y Arturo se han ido, mientras mis padres han acompañado a mis abuelos al tren para volver a Cádiz. Colette y yo nos hemos ido a casa. La silla motorizada aunque es plegable es algo más aparatosa que la manual, pero el rato que la he estado probando me ha encantado, fácil de manejar y sin esfuerzo, sin duda será una gran ayuda para moverme por la ciudad. Aunque he preguntado el precio no han querido decírmelo, ni mis padres ni Colette, seguro que es muy cara. Cuando hemos llegado a mi casa, nos hemos sentado en el sofá, (he dejado la silla de ruedas eléctrica al lado de la mesa, como hago siempre que me siento. La manual la hemos plegado y dejado en mi cuarto). Colette ha puesto algo de música, como estamos un poco aturdidas y sofocadas ha puesto música lenta, concretamente una canción de Bob Dylan, Visions of Johanna. Se ha sentado a mi lado y nos hemos cogido de las manos, durante un rato hemos cerrado los ojos dejando que la música nos invada, hasta que he abierto los míos y me he encontrado con la mirada de Colette, se ha acercado hasta pegarse a mí, algo que me ha gustado y que he propiciado juntando mi cuerpo al suyo. 

Nunca desde aquella tarde con Lucas habíamos vuelto a tener un momento de intimidad tan intenso, hemos dado largas a este momento con la esperanza de que algo pasara que nos impidiera desearnos de manera tan intensa. Pero es imposible esquivar los sentimientos, los deseos, las emociones. Nos deseamos y las dos sabemos que tenía que ocurrir, que mejor día que aquel en el que cumplía 19 años. Debo tener la madurez suficiente para aceptar mis sentimientos hacia Colette. Fundidas en un prolongado abrazo, nos buscamos, nos acariciamos y nos amamos. La ternura y sensibilidad de Colette hace que me olvide de mis dificultades para excitarme y tener un orgasmo, ambas lo hemos tenido. Cuando lo que sientes es auténtico todo lo demás viene solo. Por fin habíamos llegado al final, algo que habíamos alargado en el tiempo por miedo a que alguna de las dos se volviera atrás, o no deseara llegar hasta dónde lo habíamos hecho, donde las almas vuelan y los sentimientos no mienten. Que gran diferencian entre sexo y amor. El amor es algo intangible, etéreo, indescifrable, que sin embargo es tan poderoso que te lleva a lugares donde el simple sexo es incapaz de ir.

27  -junio 1.966
Para la mayoría de las personas el amor es un sentimiento de posesión intenso. Es esa pasión exorbitante, ese deseo inmenso que sentimos cuando estamos en la compañía del ser amado, que nos pone creativos, nos hace sentirnos más hermosos, y nos motiva a hacer cualquier cosa por la persona amada. ¿Pero el amor es un sentimiento, una emoción o una decisión, es un estado de ánimo o una manera de comportarse, es querer a alguien por ser diferente o por ser igual? Si entre hombre y mujer es más puro que entre hombre y hombre o mujer y mujer o entre varios, no lo sé, ni creo que nadie lo sepa por muy sabio que sea. 

Nadie puede juzgar un sentimiento o una emoción, puedes hacerlo de un comportamiento, de una determinada manera de actuar, pero nunca, nunca, de la manera de demostrar un afecto. Ese es el problema de los sentimientos. Son necesarios e importantes, pero dejarnos llevar siempre por ellos nos puede volver personas totalmente inestables. Quizás le doy demasiadas vueltas a las cosas, quizás busco respuestas donde no existen porque no hay preguntas que hacer, tengo que dejarme llevar. Mis sentimientos son claros, se lo que quiero y porque lo quiero, y que sea Antonio o Antonia no cambia nada, solo son palabras, letras puestas una tras otra que por sí mismas no significan nada, el ser humano es quién da forma y vida a un nombre, a un instinto a una sensación.

Hoy me ha llamado Arturo, le he notado muy excitado parece ser que los resultados de la investigación que están llevando a cabo está dando magníficos resultados al menos en el laboratorio. Ha venido a buscarme al dispensario donde realizo las sesiones de fisioterapia. Mi cuidador está bastante animado por la respuesta de mi organismo, está respondiendo a las terapias aunque muy lentamente, pero me anima a que siga en esta línea, es posible que pueda tener sensibilidad en las piernas, que no es andar pero es una mejoría perceptible y que mejora mi autoestima. Enseguida Arturo se ha dado cuenta de mi estado de ánimo, más optimista que de costumbre y así me lo ha hecho saber. Le he respondido con una sonrisa. Nos sentamos en una cafetería que hay enfrente de la clínica, yo pido una cola y él un café con leche. Verme animada le ha parecido una oportunidad para hablarme “otra vez” del trabajo que está realizando con sus colegas. Empieza por darme una visión de lo que es una lesión de médula espinal, como si nunca me hubieran hablado de ella. Habla como si lo estuviera haciendo a un grupo de estudiantes, de manera ampulosa y engolada:

o   “Cuando una caída o alguna otra fuerza fractura o disloca la espina dorsal, los huesos vertebrales que normalmente encierran y protegen la médula pueden aplastarla, dañándola mecánicamente y destruyendo muchos axones. Ocasionalmente, sólo la materia gris en el área dañada es significativamente afectada. Si la lesión terminara allí, los trastornos musculares y sensoriales se confinarían a los tejidos que envían o reciben mensajes de las neuronas en el nivel afectado de la médula, sin perturbar mucho las funciones por debajo de ese nivel.

Le interrumpo para decirle que me cansa cuando se pone en plan erudito, hablando como si lo hiciera a un auditorio sin percatarse de que no me interesa lo más mínimo lo que dice en términos técnicos que no comprendo. Así que le pido por favor que se calle.

o   Si lo que quieres decirme es que habéis descubierto un remedio que cura o mejora de manera significativa la dolencia que padezco, dímelo sin tantos rodeos ni tecnicismos que no entiendo.

o   Bueno estamos seguros de que podemos reparar la médula  realizando una compleja operación, y un posterior tratamiento combinado con sesiones de terapia reconstructiva.

o   Ya… pero, ¿porque hay un pero? verdad.

o   Si lo hay, no conseguimos que nos aprueben el “ensayo clínico”, que es el término científico que se utiliza para la prueba o estudio de un medicamento, operación, o terapia en las personas. Estas pruebas pueden realizarse para ver si el producto o intervención es seguro y efectivo para ser utilizado en personas.

o   Y si a nivel clínico podéis demostrar que la solución que proponéis es adecuada con resultados cuantificables y medibles, ¿porque no dan el visto bueno? No lo entiendo la verdad.

o   Bueno podría darte varias razones bien argumentadas sobre los procesos necesarios para aprobar un proyecto o estudio tan trascendental, en muchos casos no son más que escusas que se utilizan para no reconocer la capacidad de otro y el éxito de la propuesta. En el mundo de la investigación como en cualquier otro, existen celos y envidias profesionales. En relación con nuestro estudio la mayoría de los catedráticos que tienen que dar el visto bueno, están a favor, pero hay dos, precisamente los que más poder tienen que no están por la labor, por varias razones: Principalmente porque el Dr. Marcos Polero cuando empezó el estudio que hemos finalizado, se enfrentó a esos catedráticos que no se lo han perdonado, y que están obstaculizando todo el proceso para su aprobación y pasar a ensayos con personas.

o   Pues sí que está complicado, sin la aprobación no podéis continuar ¿no?

o   Exactamente, por eso buscamos a alguien que se preste voluntario para intervenirle. En animales ya lo hemos hecho en varias ocasiones y los resultados han sido magníficos.

o   Sin el permiso de la comunidad científica no podéis hacer ninguna operación a humanos ¿no?

o   Exacto, tiene que ser un voluntario

o   Si pero eso es ilegal y no tendría soporte legal en caso de que pase algo malo o inesperado. Además no sería una prueba aceptable para su homologación y el voluntario (si es que alguien se prestara a una cosa así), correría un riesgo muy elevado. Es una locura solo pensarlo, sin garantías y pudiendo acabar muy mal.

o   Con los resultados satisfactorios en la mano -continúa Arturo- tendrían que aceptar que el método desarrollado es un éxito y los catedráticos que ahora se oponen no podrían hacerlo, tendrían que dar el visto bueno. Pero sobre todo lo más importante es que alguien que ahora está en silla de ruedas pueda andar, en unos meses

o   Pues espero que encontréis a alguien que se preste a esta temeridad, porque hay que estar mal de la cabeza para implicarse en algo así.

o   Pues había pensado que te gustaría la idea de que tras una intervención quirúrgica podrías volver a andar, no es baladí el resultado, ¿no te parece?

o   Tú estás loco, ¿de verdad has pensado en algún momento que podría prestarme a semejante barbaridad? No sé ni cómo te atreves a plantearme algo así. Ahora me doy cuenta cuánta razón tuve el día que te conocí y te pregunte si tu interés por mí era debido a algún estudio o ensayo sobre personas con mi discapacidad. Parece ser que desde el principio ha sido así, que tu único interés era convencerme para aceptar esta propuesta descabellada. Me voy ahora mismo y te ruego que no vuelvas a ponerte en contacto conmigo, o no tendré más remedio que ir a la policía a contar lo que queréis hacer, olvídate de mí para siempre a partir de este momento. ¡Qué tonta he sido por creer que de verdad te interesaba!, que te gustaba e incluso que me querías, eres un cínico enfermo, no quiero volverte a ver en mi vida.

Aunque intenta retenerme balbuceando escusas de que no le he interpretado bien, que sí, que me quiere, y cosas por el estilo, zanjo la conversación marchándome a toda velocidad con mi silla de ruedas eléctrica.


CAPITULO VI

01-julio 1.966
Es el primer día del mes de julio, en Sevilla y aunque hace buen tiempo todo el año cuando el termómetro supera los 40º como en estas fechas, incomoda a más gente que a la que hace feliz. Los días soleados son provechosos, evitando las horas críticas del mediodía e inicio de la tarde. Lo peor son las noches, cuesta dormir debido a las altas temperaturas, llevo varias durmiendo con aire acondicionado algo a lo que  no termino de acostumbrarme. No le he contado a Colette mi conversación con Arturo, no quiero preocuparla más, por eso he decidido esperar a que esté mejor para referirle la proposición que me ha planteado, solo le he dicho que he acabado con él y que no quiero volver verle. 

Convenimos en que no tenemos suerte con los hombres, a las dos por distintas razones nos han salido rana, menos mal que nos tenernos la una a la otra con lo que el chasco y la desilusión de una relación dañina y tóxica nos ha afectado de manera menos dolorosa y amarga. Las experiencias negativas que hemos tenido, nos han acercado aún más y nos ha dado fuerza y argumento para consolidar una relación íntima y personal que se va afianzando. Aunque no queremos dar visibilidad a nuestra relación sabemos que antes o después tendremos que hacerlo. En los próximos días Colette se va de vacaciones con su padre, primero irán a Bélgica a ver a su familia, y desde allí tiene pensado viajar unos días a Roma donde tiene parientes que la han invitado, y por último irá a Menorca donde su padre ha alquilado un apartamento cerca de una de las bonitas calas con las que cuenta la isla.  Me ha invitado a que vaya a verla durante el mes de agosto que es cuando estarán allí, por supuesto le he dicho que iré.

14-julio 1.966
Arturo me ha llamado por teléfono en dos ocasiones para pedirme perdón,  quiere que hablemos para disculparse personalmente. Si después de escuchar lo que tiene que decirme decido no volver hablarle, ha prometido no importunarme nunca más. Aunque no tengo el más mínimo interés en saber que me quiere decir, la posibilidad de que deje de asediarme, con llamadas o abordándome cuando voy por la calle, (no sé cómo, pero siempre aparece cuando menos me lo espero) me ha hecho aceptar la cita.  Es cierto que vive relativamente cerca de mí aunque creo que me espía pues es imposible que coincida conmigo tantas veces. Si consigo que no vuelva a molestarme habrá merecido la pena. Creo que lo que intenta es que le garantice que no contaré nada de lo que me ha dicho en relación con el proyecto en el que participa. Algo que por otro lado nunca he pretendido, por pereza y porque son solo palabras difíciles de demostrar, sería perder el tiempo de manera innecesaria.

He quedado con él a las 11 de la mañana en una cafetería de la calle Felipe II que está cerca de mi casa, voy por la acera de la calle Progreso a unos cincuenta metros  de la esquina donde está la cafetería, una furgoneta blanca se para a mi altura, se abre la ventanilla del conductor y veo que es Arturo.

o   Buenos días Marcía, hemos llegado a la vez.

o   Buenos días Arturo, si así es.

o   Si espera que bajo a ayudarte.

o   No hace falta, ya estoy llegando

Mientras hablamos ha bajado de la furgoneta y se ha acercado hasta mí, no entiendo a qué viene que se baje, el bar está próximo a donde nos encontramos y yo voy por la acera sin que ningún obstáculo me impida llegar a la Cafetería. Cuando está a mi altura y por sorpresa me pone un pañuelo tapándome la boca y la nariz y en cuestión de segundo me desvanezco,  he perdido el conocimiento.

15-julio 1.966
Lo primero que recuerdo es que un profundo sueño se ha apoderado de mí. Sueño que me encuentro en un lugar desconocido. Me recuerda un paisaje de un cuadro de Dalí. Estoy tumbada de lado totalmente expuesta como “La Maja Desnuda” de Goya. Es un cuadro, estoy situada al fondo del mismo. Delante de mí hay un jardín japonés con puentes, flores, mimosas y césped perfectamente cortado que hay que atravesar para llegar hasta mí. Un camino lo cruza, es de piedras y se puede leer en cada una de ellas palabras como, bondad, afecto, cariño, ternura y otras parecidas. Antes de llegar a donde estoy una valla corta el paso del camino, en cada una de las tablas que forman la misma hay una palabra escrita, odio, maldad, rabia, celos, envidia y un largo etcétera. El cielo que remata el cuadro tiene dos aspectos bien diferenciados, en una parte, el sol brilla en todo su esplendor, y en el otro, unos negros nubarrones ensombrecen el paisaje, dándole un aspecto oscuro y tétrico. El conjunto es armónico, aunque contradictorio, sombrío, triste y tenebroso una parte, luminoso, radiante y soleado la otra, una lucha entre la luz y las tinieblas, entre la maldad y la bondad. En el centro contemplando lo que acontece, el desnudo. Mi cuerpo es bello, armonioso, mi rostro limpio y terso. Miro con abatimiento y una sonrisa entre triste y expectativa. Alguien está mirando el cuadro, puedo ver su silueta oscura pero no veo su rostro, no sé quién está mirando, si es quién ha pintado el cuadro o un caballero misterioso, cuyas intenciones desconozco. 

Mi cerebro se agita y trastorna sin poder desembarazarse de un sueño que se está convirtiendo en una pesadilla Mis padres agarrados de la mano pasean por el jardín relajadamente, parecen disfrutar del paseo. Me miran y ríen a carcajadas, verme allí exhibida y presa les resulta gracioso e incluso grotesco, incluso Colette me mira con indiferencia, como si no le importara lo más mínimo verme allí desvestida y encerrada sin poder moverme ni gritar. Me desperté sin saber cuánto tiempo había estado dormida. Recuerdo que cuando me recobré del largo letargo me encontré en una habitación de unos 12 metros cuadrados en la que no había ninguna ventana, solo una puerta acolchada y cerrada en una de las paredes. Había una mesa, tres sillas, una cama, y un pequeño habitáculo con una ducha, un lavabo y una taza de váter y en medio de la estancia mi silla de ruedas. 

Estaba tumbada y la silla de ruedas demasiado lejos para alcanzarla, así que cuando me sentí suficientemente lúcida, me senté en la cama, así estuve varios minutos sin que nadie entrara en la habitación, decidí gritar aumentando la intensidad al ver que nadie respondía. Nadie podía escucharme. Enseguida me di cuenta de que la habitación debía estar en un sótano o en un lugar aislado e insonorizado, porque mis gritos no tuvieron contestación, ni siquiera de Arturo o quién estuviera custodiándome, sabían que nadie me oiría por eso no me habían tapado la boca. En una caja de madera que había al lado de la cama había una botella de agua y un vaso, ambos de plástico, tenía la garganta áspera y seca, así que la cogí y bebí varias veces. No podía moverme, estaba a su merced así que no tuve más remedio que calmarme y esperar pacientemente a que alguien viniera. Miré por toda la habitación por si podía encontrar algo con que defenderme aunque dada mi discapacidad poco podía hacer. Empecé a pensar ¿porque Arturo me había raptado?, enseguida comprendí que habían decidido que fuera la persona que necesitaban para poder consumar su plan, al que había querido convencerme para que me sometiera voluntariamente y ante mi negativa habían decidido realizarlo sin mi consentimiento. Al ser consciente de lo que pretendían me asusté mucho, nadie en su sano juicio haría una cosa así. Estaba claro que me estaba enfrentando a personas (no sabía cuántas) con una grave psicopatía contagiosa, delirante, obsesiva y enfermiza, que no discernían entre la ficción y la realidad. Como un grupo terrorista o fanático trastornado se habían auto convencido de que su objetivo era un acto necesario e inevitable al que la ciencia se tendría que rendir.

Pasaron varias horas hasta que por fin la puerta se abrió. Apareció Arturo con una bandeja con comida que puso encima de la mesa para después volver a salir. Su comportamiento no tiene sentido, actúa como si yo no existiera. Vuelve a los pocos minutos con una bicicleta estática parecida a las que usan en los gimnasios. No dejaba de mirarle sin decir nada, esperaba pacientemente que me explicara que pretendía, aunque ya lo sabía. Me preguntaba cómo podía estar haciendo algo así, su rostro que en muchos momentos me había perturbado, había adquirido una expresión absolutamente inexpresiva, fría y distante. En su mirada no se adivinaba el menor asomo de sentimiento, afinidad o afecto hacía alguien a quien decía tener cariño. Cogió una silla y se sentó al lado de la cama, me miró fijamente a los ojos, su mirada profunda y fría me estremeció:

o   No necesitas que te diga porque estás aquí, ya lo sabes. Hubiera preferido que hubieras aceptado voluntariamente, pero no has querido, aunque estaba seguro que estarías encantada de someterte a una operación que te permitirá volver a andar. No te elegí por casualidad, bueno si fue casualidad que te conociera, pero a partir de ese momento todo ha sido planificado.  Empezando por hacer una fotocopia de tu historial médico para saber exactamente el alcance de tu lesión. Estudiamos detenidamente las posibilidades de éxito en la intervención y una vez analizado  el historial clínico, el Dr. Polero está convencido de que tu caso es perfecto para ser operado. Previamente realizaremos durante tres semanas ejercicios con tus piernas para fortalecer la musculatura, tendones, nervios, etcétera, la bicicleta estática que ves está modificada para que puedas moverlas sin que sea necesario que realices el menor esfuerzo. La última semana tomaras algunos medicamentos que ayudarán a mejorar las condiciones de la medula para la intervención. Posteriormente te intervendremos en una operación compleja pero muy bien estudiada que durará unas tres horas. Luego y durante no menos de un mes iras haciendo ejercicios acompañada en todo un momento por uno de nosotros, iras recuperando la movilidad hasta conseguir que puedas mantenerte en pie y andar. Cuando terminemos todo el proceso, presentaremos el resultado que será grabado (sin que se te vea el rostro) a la comunidad científica y a partir de ese momento todo serán alabanzas y felicitaciones.

o   Y se supone que yo estoy de acuerdo ¿no?

o   Si claro, lo primero que tendrás que hacer es firmar un documento en el que das conformidad a participar voluntariamente y bajo tu exclusiva responsabilidad a todo el tratamiento y posterior operación.

o   Yo no voy a firmar nada,

o   Sí que lo harás, hay dos maneras de hacerlo o por las buenas o por las malas, tú decides.

o   ¿Pensáis torturarme? Porque es la única manera de que yo firme eso.

o   No somos sádicos y además no va a hacer falta, simplemente no te daremos agua hasta que firmes, así que o te mueres de sed, algo que no te aconsejo o tendrás que firmar el documento. Somos hombres de ciencia no delincuentes, desgraciadamente me equivoqué al pensar que aceptarías encantada participar, y ahora que te niegas es tarde para  ponerme a buscar a alguien que cumpla los requisitos que necesitamos y convencerle para que acepte. Tenemos que hacerlo ya, porque si no van a quitar la subvención al proyecto en el que llevamos trabajando más de cuatro años, y todo nuestro esfuerzo no habrá servido para nada. Así que te aconsejo que firmes y evitarte así dolor y angustia innecesaria.

o   Me niego rotundamente, y me retira la botella que estaba encima del cajón.

Durante ese día y los dos siguientes no me dieron nada de agua. El resultado es que empecé a orinar un  líquido amarillo muy oscuro, además la piel se me estaba secando y arrugando, sufría mareos, confusión, el corazón latía más rápido de lo normal, empecé a tener fiebre, y dolor intenso abdominal, me encontraba muy mal, así que no tuve más remedio que firmar. Me empezaron a dar de beber poco a poco, tres días después estaba totalmente recuperada.  Inician el tratamiento preoperatorio utilizando la bicicleta de estimulación eléctrica funcional, con unos electrodos que se adhieren a los músculos posteriores del muslo, a los músculos cuádriceps y a los músculos glúteos para estimular el pedaleo. Según me dice Arturo, es un método que se utiliza con sujetos parapléjicos y tetrapléjicos para estudiar los beneficios de caminar con sostenimiento parcial de peso.

18-agosto 1.966
Han pasado algo más de  tres semanas en las que no he dejado de pedalear durante mas o menos una hora por la mañana y otra por la tarde, cada vez con más intensidad y rapidez, yo no noto nada pero lo cierto es que mis piernas están duras como piedras. La alimentación que me dan está muy equilibrada y a veces en el agua o en la comida noto un sabor raro, supongo que son medicinas que mezclan con los alimentos. 

Durante todo el tiempo que llevo en el habitáculo que han dispuesto, (con el cuchillo de plástico iba haciendo un leve surco en la madera por cada día que pasaba y que contaba por los desayunos que me traía) no he parado de pensar en la manera de salir de allí, pero no he encontrado ninguna. Intenté convencer a Arturo de que lo que querían hacer era una barbaridad, le grite,  y le amenacé con contarlo todo. Como no surtió ningún efecto trate de que sintiera lastima, llore y suplique, tampoco sirvió de nada. Estaba a su merced y no podía hacer nada por evitarlo. Sin duda era una persona sin empatía ni sentimiento de compasión o humanidad. No podía figurarme que Arturo tuviera un trastorno de personalidad tan dependiente de alguien. 

El Dr. Polero era un ídolo al que quería imitar y que reverenciaba como a un dios, y quién seguramente le había convencido para participar en  esta especie de delirio por el que estaban dispuestos a destruir su futuro y seguramente terminar en la cárcel. Actuaba como un autómata fanático, influenciado por su mentor a quién estaba dispuesto a seguir hasta las últimas consecuencias. Necesitaba creer en ese hombre para poder satisfacer sus necesidades emocionales y físicas. Llevo cuatro semanas internada en una habitación que conozco en detalle, la mancha de humedad en una esquina del techo, un pequeño orificio por el que entran y salen unas oscuras y  asquerosas cucarachas, la araña que teje su trampa en una de las patas de la mesa. El encierro está empezando a causarme ciertos trastornos, una sensación de ahogo y claustrofobia me hacen sentir nerviosa, alterada, e irritada casi de manera permanente. No sé qué día es hoy, aunque sí sé que estamos en septiembre.

Acabo de desayunar, la puerta se abre y aparece Arturo seguido de dos hombres, uno es el Dr. Polero y el otro es uno de los que conocí en la cafetería. Sin decir nada se acercan hasta donde estoy, una vez que están a mi altura se sientan en las sillas que hay en la habitación. Con cierta solemnidad empieza a hablar el doctor Polero:

o   Dentro de dos o tres días realizaremos la operación, como supongo que ya te habrá informado Arturo, será una compleja intervención de unas tres horas, tenemos todo preparado y apunto. Estamos convencidos de que el resultado será satisfactorio, hemos ponderado todas las variables y posibles contingencias y estamos convencidos de que el resultado será el que esperamos.

o   Cuando te trajeron aquí hicimos un electro, te sacamos sangre y realizamos algunas pruebas para saber si todo estaba bien. Estás sana y fuerte, algo muy importante para el buen éxito de la operación. Te voy a explicar someramente que haremos, aunque sin entrar en tecnicismos, que no entenderías. El campo de la cirugía de la columna está siendo ampliada permanentemente con una variedad de nuevas técnicas quirúrgicas. Nuevos equipos, nuevos implantes y mejor entendimiento, lo que ha resultado en una extensa gama de abordajes quirúrgicos posibles para los diferentes tipos de lesiones. En tu caso concreto sabemos que tenemos que hacer y cómo hacerlo para que el resultado sea satisfactorio. Tras la operación recuperaras el movimiento motor en caderas y rodillas. Una vez concluido el postoperatorio, podrás ser independiente para realizar toda la movilidad en la cama y las transferencias con o sin el uso de los equipos. Durante las primeras semanas tendrás que seguir usando de la silla de ruedas en superficies irregulares e incluso para subir y bajar aceras, pero podrás caminar por la habitación unos metros sin necesidad de ayuda auxiliar. Más adelante podrás usar  muletas especializadas para la marcha. La funcionalidad de la deambulación depende de la fuerza y movimiento en piernas.  Por último y tras unos meses de rehabilitación iras recuperando todo el movimiento, hasta que las muletas se hagan innecesarias, y puedas caminar e incluso correr con total normalidad. Es un proceso que debe durar entre 6 y 12 meses.

o   Me está usted diciendo que va a operarme ¿sin mi consentimiento?, ¿qué va a poner en peligro mi vida sin que pueda decidirlo, que va a realizar un experimento que no está probado en seres humanos, que no cuenta con la conformidad de la comunidad científica, y que no hay ningún estudio serio y  verificado de que los resultados son los que usted propone? Estoy en manos de un grupo de psicópatas lunáticos que juegan a ser dios, y que van a arriesgar mi vida, por una causa en la que solo creéis vosotros. Estoy aterrada, no quiero que me operéis, no he pedido que lo hagáis, y sin embargo voy a morir, sin que pueda defenderme. Sois unos desequilibrados asesinos.

o   Creo que estas dramatizando demasiado -es el Dr. Polero el que habla- no somos nada de eso, al contrario vamos a conseguir que vuelvas a tener una vida plena, sin secuelas, podrás volver a tener la vida que tenías antes del accidente. A nosotros también nos gustaría contar con la aprobación de nuestros colegas científicos, solo la soberbia y la envidia impiden que así sea. Y te recuerdo que tenemos un documento en el que te prestas a esta operación de forma voluntaria. Cuando todo halla pasado te alegraras, y todo el miedo e incertidumbre se transformará en alegría y alborozo.

o   Si por un milagro en el que no confío saliera bien de esta locura, lo primero que haré es denunciaros por haberme raptado y obligado a someterme a este disparate.

Nada más terminar de decir estas palabras fruto de la rabia e impotencia, me arrepiento de haberlas dicho, las miradas que se dirigen los tres hombres me advierten de que he cometido un gran error.

o   Confiamos en que cuando veas el resultado de la intervención cambies de opinión, apostilla Arturo. A partir de este momento gravaremos todo el proceso, -me entrega una careta parecida a las que se usan en el Carnaval de Venecia- deberás llevarla puesta siempre que te digamos, queremos mantener el anonimato para protegerte a ti y a nosotros, por si pese a tener el éxito que estamos convencidos vamos a lograr, no consiguiéramos la aprobación del comité de expertos.

Dan por terminada la reunión se levantan y se van sin decir nada más. Me quedo sola, una sensación de miedo y desasosiego se apodera de mí, sin poder evitarlo me echo a llorar, por primera vez se lo que es sentirse verdaderamente inválida, mi cerebro está bloqueado es incapaz de pensar, de serenarse, de razonar, pienso en suicidarme y acabar con todo. Pero ni siquiera puedo hacerlo, soy como una muñeca rota que han tirado a la basura, que nadie quiere. Mi única esperanza es que la policía que ya debe estar buscándome desde hace semanas haya encontrado alguna pista que les conduzca a donde estoy. Colette sabe que he acabado con Arturo, ahora siento no haberle contado la propuesta que me hizo y que habría contado a la policía, sería  fácil concluir que tiene que saber dónde estoy. Estoy en manos de la providencia o el destino, como queramos, para mi es lo mismo, no creo en dios y por tanto no encuentro consuelo diciendo su nombre, el destino es el único poder sobrenatural inevitable e ineludible que guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido, de forma necesaria y fatal, sin que la razón ni el conocimiento pueda adivinar que nos espera.

Al día siguiente Arturo sigue trayéndome alimentos y bebida que se encarga de que consuma, se sienta a mi lado hasta que he terminado. He intentado hablar con él pedirle por favor que me ayude, que no siga adelante con esta locura, su mirada fría e insensible no muestra el más ligero atisbo de compasión o emoción, es como si hablara con un robot, por su actitud supongo que su jefe le ha instruido de cómo comportarse, sin ningún tipo de apego o emoción hacía mi persona. El segundo día y por primera vez viene a traerme la cena el tercer miembro del grupo, parece algo mayor que Arturo, posiblemente acaba de terminar la carrera, sin duda es un miembro destacado del  equipo. Trae una bandeja con comida, y al igual que su compañero se sienta a mi lado y espera pacientemente a que me coma todo lo que ha traído. Su aspecto es muy diferente al de Arturo o el Dr. Polero, es alto y muy delgado, tiene el pelo negro, los ojos oscuros, barba y bigote. Su mirada huidiza y profunda, deja adivinar alguien angustiado o esa es la impresión que da. Seguramente es alguien inseguro, con complejos y una vida atormentada. Le pregunto cómo se llama, porqué está participando en este despropósito que no puede terminar bien, no me contesta, así que sigo hablando:

o   Tengo 19 años y no quiero que hagáis conmigo lo que pretendéis, soy  muy joven y no quiero morir o quedarme peor de lo que estoy, es inhumano tratarme así, como si fuera un mueble o un ser sin sentimientos. No puedes hacerte una idea de lo que estoy sufriendo, ni en mis peores sueños podía adivinar una situación tan horrible, tan atroz. Os comportáis como bestias sin corazón, aunque consiguierais que pudiera andar, el daño interior que me habéis provocado, es tal que no volveré a ser la misma, decís pretender ayudarme y  sin embargo me estáis destruyendo. No sé si mi cuerpo resistirá, pero mi cerebro quedará dañado para siempre. Me habéis arrebatado mi vida, mi destino y lo hacéis en nombre de la ciencia que es la razón que argumentáis, sin embargo es todo lo contrario de lo que os proponéis hacer. Maldita contradicción, ojala os metan en la cárcel de por vida.

o   Vale ya está bien, cállate o seré yo quién te haga callar. Me mira, se levanta y sale de la habitación.

Es posible que sufra una ofuscación o una alucinación debido a lo alterado y febril del estado en que me encuentro, pero por un momento me ha parecido que los ojos de ese hombre se han ensombrecido, como si algo en su interior no estuviera de acuerdo con lo que van a hacer.

En la cena han debido añadir algún medicamento hipnótico potente porque me duermo profundamente. Aunque dicen que soñar con nuestra propia muerte, no es nada negativo, que es una forma de descargarnos de nuestras preocupaciones de la vida real y que también significa, renovación, curación y renacimiento, pero bajo otro punto de vista y otras bases. Sin embargo en el sueño siento una angustia indescriptible, llego a un lugar sombrío, oscuro. Estoy en la más absoluta soledad, no veo nada ni a nadie cerca de mí, una ceguera absoluta, una falta de luz que contrasta con la fuerza de la negrura que me envuelve. A mí alrededor oigo voces, lamentos, incluso sollozos, pero no sé de dónde vienen, son ruidos vacíos como almas que transitan sin el cuerpo que debían acompañarlas. Estoy sola, perdida, asustada, veo como mi cuerpo se separa, se aleja y se descompone, solo queda el yo, inerte, inexistente a la vez que real, me veo sin verme, soy sin ser, camino sin moverme. Todo a mí alrededor se mueve o quizás, soy yo la que no está quieta. Pido al destino que me vuelva loca, que deje de pensar con sensatez, que mi cerebro escape de esta pesadilla que estoy viviendo con la que quiero acabar. No puedo sufrir más, me niego a seguir padeciendo esta angustia que es peor que la propia muerte, quiero descansar, lo necesito, mi menta va a explotar, será la única manera de escapar de esta tortura.

CAPITULO VII

14-septiembre 1.966
Me despierto en una mesa de quirófano, estoy tumbada y sobre mí hay una lámpara quirúrgica. Supongo que haber elegido operarme en septiembre no es por casualidad, sino porque normalmente en esas fechas los quirófanos están cerrados, no hay operaciones y seguro que han entrado sin permiso. A mi alrededor veo un equipo de anestesia automático, varios monitores, aspirador, un reloj que marca las 10, 30 no se si de la mañana o la noche, la luz del recinto es eléctrica no hay ventanas, un taburete, banquetas, mesas de instrumental, un equipo que parece un monitor desfibrilador y varios armarios con instrumental. La habitación está inmaculadamente limpia, por una puerta abatible que hay en uno de los laterales salen dos hombres con bata blanca, mascarilla, gorro y guantes, por sus ojos creo que son Arturo y el Dr. Polero. En una mesa que hay tras mi cabeza hay un hombre vestido como los dos anteriores y que esta de espaldas, no puedo verlo aunque supongo que es el tercer miembro. Se ponen uno a cada lado de mesa, mientras que el tercero lo hace a la altura del rostro. 

Habla el Dr. Polero para decirme que van a empezar la operación, da orden para que me pongan la anestesia y antes de que pueda decir nada, me ha puesto una especie de mascarilla e inmediatamente quedo dormida. Recobro la consciencia en un lugar que ya conozco, la habitación en la que he estado retenida casi dos meses, aunque no se con exactitud cuántos días llevo encerrada desde mi rapto. En la habitación hay varios equipos que antes no estaban y tengo conectado uno con una pantalla donde se registran mis constantes vitales, colgado de un soporte movible hay una bolsa de líquido que se infiltra por vía intravenosa. Estoy aturdida, mareada, seguramente es debido a la anestesia y otros medicamentos que me han inyectado, pero no siento ningún dolor, estoy cansada como si hubiera hecho un esfuerzo extraordinario. Oigo una voz que reconozco, es la del Dr. Polero. Me han puesto el antifaz e inician una grabación en la que explican el resultado de la intervención:

o   La operación ha salido incluso mejor de lo que esperábamos, cuando se pase el efecto de los calmantes estarás unos días con dolores, no creo que sean muy fuertes, te daremos analgésicos para calmarlos. Te mantendremos en observación las 24 horas unos días, cuando te encuentres recuperada empezaremos con la segunda fase del tratamiento.

Dirige la cámara hacía el monitor, mientras habla de los datos que se ven en la pantalla y que revelan una situación óptima de mi organismo. En ningún momento ha salido en la grabación ni él ni sus dos colaboradores, y la voz ha sido desvirtuada. Una vez terminada sale de la habitación.

Aprovecho para mirar alrededor y veo cerca de la puerta al hombre alto y delgado. Esta sentado en una silla y mantiene apoyada sobre una mesa un libro que al parecer está leyendo. De vez en cuando se acerca hasta donde yo estoy, mira el monitor y vuelve a donde estaba.

Llevo dos días desde que me operaron aunque aún no me han quitado el monitor, mis constantes están perfectamente, aunque como habían anticipado tengo fuertes dolores a la altura de la cintura, las caderas principalmente, aunque me duele todo el cuerpo. Esta mañana después del desayuno, me ha puesto el hombre barbudo una inyección porque los dolores eran bastante intensos. Por primera vez desde que está en la habitación me pregunta cómo me siento. Le digo que dolorida. Me explica que es normal en cualquier operación y especialmente en una de este tipo, pero que no me preocupe en unos días se me pasará. Se interesa por mi estado de ánimo, en su opinión debo de estar muy contenta pues todo ha salido bien, antes de la operación estaba muy negativa. Enseguida comprendo que quiere saber que pienso hacer una vez hayan terminado el tratamiento aunque es pronto para saber si habrá servido de algo la operación. Así que miento y le digo que ya no estoy tan negativa, aunque me duele que no hayan tenido en cuenta mis deseos, pero que todo ha salido bien y eso es lo importante. En sus ojos veo alivio al escuchar mis palabras, algo que lejos de tranquilizarme me deja muy preocupada. Me siento muy inquieta, no tengo nada claro que se proponen, si piensan liberarme cuando haya terminado todo el proceso. Saben que les puedo delatar, y aunque tengan el reconocimiento de sus colegas, irán a la cárcel por rapto y no sé cuántos delitos más. Además todo el trabajo realizado no servirá de nada, porque no será reconocido, se archivará como si nunca hubiera existido. Si por el contrario una vez terminado el experimento de manera satisfactoria, dicen que la persona que se presentó voluntaria prefiere mantener el anonimato, no se podrá probar que hubo algún delito, y en ese caso, quizás consigan la aprobación del Comité de Expertos. 

Tengo que hacerles creer que estoy contenta con el resultado y que de haber pensado que podría terminar así, por supuesto me habría presentado voluntaria. Así se lo hago saber al hombre de la barba, tras preguntarle cómo se llama.
o   Mi nombre es Luis, y me alegro mucho de que hayas entrado en razón y comprendas que lo único que queríamos es ayudarte. Para mí lo más importante es haber podido curarte y que puedas tener una vida plena. Eres una chica muy joven y guapa, y es muy triste que tengas que pasar el resto de tu vida en una silla de ruedas. Cuando termines el tratamiento y puedas andar serás la mujer más feliz del mundo. Aunque hubiera deseado que aceptaras someterte a la operación  voluntariamente, que haya sido a la fuerza no me ha gustado, si bien es cierto que el resultado ha merecido la pena y por eso estoy contento.

o   Gracias Luis por tus palabras, de verdad que me reconfortan, al menos tú me has demostrado empatía y me has hablado con sencillez y sin querer imponerme tu punto de vista. Gracias

Cómo me imaginaba este hombre es diametralmente opuesto a sus dos compañeros, es un hombre influenciable, que no comparte la manera en que se han desarrollado los hechos, es lo más parecido a un aliado que voy a encontrar en esta situación, al menos hay alguien a quién mi situación no le es indiferente, tendré que tratar de intimar, porque quizás necesite de su ayuda. Durante las siguientes semanas se va implementando el programa de recuperación que tenían previsto y en el que Luis es una pieza fundamental, ya que es el terapeuta que se encarga de los masajes, ejercicios, y tratamientos que tengo que realizar. Todas las mañanas durante una hora Luis realiza un masaje en la espalda y las piernas. Pese al dolor que siento pues las manos expertas del hombre no acarician, todo lo contrario, son presiones en lugares determinados. Cuando acaba siento un gran alivio pues la tensión y el dolor desaparece. 

Al darme el masaje, en más de una ocasión he comprobado como los ojos de Luis brillan, el veme desnuda aunque sea parcialmente es un espectáculo muy agradable que no puede disimular aunque lo intenta. Nunca sus manos han recorrido mi cuerpo de manera inapropiada, pero la mirada es imposible de disfrazar aunque lo intenta. Durante dos horas hacemos ejercicios, sentada en la cama, en la bicicleta estática, y en unas barras paralelas que han traído. Poco a poco voy notando sensibilidad de cintura para abajo. La mejoría es insignificante, en mi fuero interno no creo que vaya a poder andar ni siquiera con muletas, pero el hecho de no estar peor me parece una buena noticia.

La relación con Luis se va consolidando, le dejo ver que no me molesta que me mire, le agradezco efusivamente su esfuerzo por ayudarme a estar mejor, algunas veces de manera aparentemente involuntaria le cojo la mano para darle las gracias. Esta mañana ha venido con gesto preocupado, aunque me he dado cuenta no he dicho nada, esta menos hablador y más taciturno, sus manos hoy parecen más rígidas, me hace más daño que de costumbre, algo importante tiene que estar pasando para que esté tan inquieto y agitado, normalmente es un hombre muy tranquilo.

o   Por cierto Luis podrías decirme que día es hoy, llevó aquí tanto tiempo que no se en que día vivimos.

o   Me han prohibido que te lo diga, pero si me prometes no revelarlo te lo diré, tienes derecho a saberlo.

o   Por supuesto que no diré nada,

o   Hoy es domingo 2 de octubre, y llevas aquí tres meses. Hoy vamos a trabajar con las muletas, debes empezar a andar con ellas.

o   Es un poco pronto, no me siento segura.

o   Yo te ayudaré al principio, pero es necesario que empieces ya.

Nunca le he visto tan nervioso, con tantos deseos de avanzar tan rápidamente, hace unos días me dijo que empezaríamos con las muletas dentro de varias semanas. Intuyo que algo desfavorable con respecto a mi persona está pasando, así que con muchísimo esfuerzo consigo ponerme sobre las muletas, apenas he dado cuatro pasos cuando me caigo. Luis sonríe; 

o   No sabes cuánto me alegro de lo que acabas de hacer, has andado, has movido las piernas eso quiere decir que la comunicación neuronal se está restableciendo, y es solo cuestión de tiempo que puedas andar con muletas. ¡felicidades!

Soy la primera sorprendida de haber podido andar autónomamente aunque solo hayan sido cuatro pasos. Se acerca para decirme que no diga nada del avance conseguido, momento que aprovecho para abrazarme a él y darle las gracias. Sin poder evitarlo se me escapan unas lágrimas de emoción. Durante las siguientes semanas seguimos con la misma rutina de ejercicios y masajes. He conseguido andar algunos pasos sin muletas y con ellas puedo moverme aunque lentamente todavía por la habitación. En uno de los paseos que realizo cuando estoy sola se abre la puerta y aparece Arturo: Al verme con las muletas se sorprende,

o   Vaya no teníamos ni idea de que habías avanzado tanto, yo que venía a proponerte que cogieras las muletas con mi ayuda y me encuentro que puedes andar sola, ni siquiera Luis sabía que podías andar ¿o si lo sabía?

Le contesto que siempre he andado cuando estaba sola, y que por tanto Luis no tiene ni idea, aunque ha insistido en muchas ocasiones para que lo hiciera con su ayuda, y siempre me he negado.

o   ¿Y se puede saber porque te has negado? ¿acaso no quieres que sepamos de los avances que estás teniendo? ¿qué pretendes? ¿escaparte? Resulta cómico por no decir ridículo que pienses en que puedes salir de aquí, aún necesitaras varios meses para que puedas andar un centenar de metros. Deberías estar agradecida y compartir con nosotros tus progresos, al fin y al cabo hemos demostrado que teníamos razón, que vas a poder andar y eso es algo indiscutible y trascendental, no solo para ti sino para muchas personas que están en la misma situación.

o   No pretendía escaparme, al contrario mi intención era daros una sorpresa cuando estuviera segura de que puedo andar al menos unos minutos, porque de momento solo puedo ir y volver de una pared a otra, y me tengo que sentar pues las piernas me duelen y me fallan. Me he caído varías veces y no quería que me prohibierais andar.

No parece que mis explicaciones hayan convencido a Arturo, pero no me replica.

o   Vamos a grabarte mientras caminas con las muletas y en unos días podrás irte a casa. Aunque nos tienes que prometer que corroboraras las explicaciones y argumentos que vamos a dar ante los medios de comunicación.

o   Por supuesto, aunque nunca creí que dijera esto ahora estoy contenta de que me halláis operado, gracias a vosotros podré volver a andar y eso es algo que me parecía imposible.

o   Me alegro de oírte decir eso. 

Su rostro impasible me impide saber si se ha creído lo que he dicho, seguramente al igual que yo, que tampoco me creo que en unos días podré irme a casa. Zozobra, miedo y desazón  que no puedo evitar sentir, no  confío en sus palabras, debo intentar escapar aunque no sé cómo podría hacerlo.

03 –octubre 1.966
Al día siguiente entra en la habitación Luis, estoy profundamente dormida, me dice que es normal porque son las seis de la mañana. Está muy nervioso y asustado, se mueve con rapidez, se acerca a la cama:

o   Vamos súbete a la silla de ruedas y llévate las muletas, tenemos que irnos de aquí antes de que lleguen Arturo y el Dr. Polero.

o   Pero ¿Qué pasa?

o   No tenemos mucho tiempo, por favor date prisa por el camino te cuento.

Salimos de la habitación que como me imaginaba está en un sótano, hay un pasillo, varias puertas y al final del mismo una rampa bastante empinada, aunque con esfuerzo y la ayuda de Luis conseguimos subir al piso superior. Abrimos una puerta que comunica con un gran salón con una gran chimenea, las paredes están decoradas con cabezas de animales, ciervos y jabalís, los muebles son rústicos, al fondo hay una cocina, aunque no la veo entera. Luis está abriendo la puerta de la casa, está amaneciendo, hay tres escalones que comunican con el exterior, al lado de estos veo  aparcada la furgoneta blanca que usaron para raptarme. 

Cojo las muletas, bajo los escalones y camino hasta llegar al vehículo en el que espera Luis con una puerta lateral abierta, me introduzco en el coche y Luis cierra la puerta. Me coloco sentada y me sujeto a un saliente que hay en la carrocería. El habitáculo está vacío, solo hay algunas cuerdas y dos picos y palas amarradas. El coche se pone en marcha con gran rapidez, sin duda Luis está traicionando a sus compañeros, lo que corrobora mi hipótesis de que no tienen intención de dejarme marchar. Desde donde estoy sentada miro por la ventana trasera de la furgoneta y puedo ver que estamos en una zona muy frondosa de pinos, eucaliptos y otros árboles que desconozco, la vegetación es muy tupida y el camino es de tierra. Vamos a bastante velocidad lo que hace que el vehículo vaya dando saltos que me obligan a agarrarme con fuerza, aunque estoy sentada me golpeo con el lateral contra el que me apoyo. Durante mas o menos medía hora transitamos por el camino de tierra hasta que salimos a una carretera asfaltada, no sé dónde estamos y le pregunto a Luis, a donde nos dirigimos. 

o   Estamos en la carretera de Brenes y nos dirigimos a Alcalá del Rio, pararemos en la primera comisaría que veamos, entonces estarás a salvo. 

Acaba de terminar la frase cuando siento que la furgoneta se para con un brusco frenazo. Oigo voces y antes de saber que pasa, se abre la puerta por donde he entrado y aparece Aturo, mira un momento y sin mediar palabra vuelve a cerrar. Sube a la cabina y oigo como amenaza a Luis;

o   Así que querías traicionarnos y dejar libre a la chica, ¿sabes que ocurrirá? que nos meterán en la cárcel ¿quieres ir a la cárcel? Yo no. Arranca y vamos a seguir con el plan que teníamos previsto, si intentas hacer algo raro te pego un tiro. 

La furgoneta se pone en marcha, durante un rato que no puedo calcular debito al miedo que siento, hemos dejado la carretera asfaltada y vamos por un camino rural. De repente la furgoneta se para y Arturo le da con la pistola en la nuca a Luis que se desploma. Se sienta al lado de Luis, al que coloca como si estuviera conduciendo con las manos en el volante. Acto seguido arranca la furgoneta y veo como Arturo salta, mientras el vehículo se desliza por una pendiente y tras un salto cae al vacío, por el cristal del parabrisas del conductor veo un pantano o un río, con el que irremisiblemente vamos a chocar y hundir. 

Siento pánico, doy un grito y un golpe violento hace que me suelte  de donde estaba agarrada. Estoy aturdida aunque no he perdido el conocimiento, mientras, la furgoneta se hunde, el agua está fría y me despeja. En apenas unos segundos el vehículo se llena de agua y veo a Luis como un muñeco con los brazos abiertos flotando dentro de la cabina. La puerta por donde ha saltado Arturo está abierta, es mí única posibilidad de salir, así que sin pensármelo dos veces nado hacia allí, aunque mis piernas apenas pueden moverse en el agua manejo mi cuerpo con facilidad, sobre todo porque mis brazos están fuertes. Con toda la rapidez de que soy capaz nado hacia la salida, enseguida me encuentro fuera del vehículo mientras sigue hundiéndose. Buceo alejándome hasta quedarme sin oxígeno. En un último esfuerzo llego a la orilla, saco la cabeza escondida entre juncos y matorrales. 

Desde donde estoy veo perfectamente el camino que cruza el embalse y el terraplén por el que nos hemos precipitado. Hay un coche parado y dos personas miran hacía el lugar por donde  ha caído la furgoneta, esperan unos minutos y se marchan.  No puedo evitar mirar al lugar por donde se ha hundido el vehículo con la insensata idea de ver salir a Luis, miró durante un rato hasta que siento un escalofrío que me vuelve a la realidad. Estoy empapada y tiritando, si no me muevo voy a morir de hipotermia.  Me arrastro por el margen del rio  y reptando voy ascendiendo por la pendiente, no siento las piernas, que tras la operación han vuelto a recuperar su actividad, aunque creo que es debido al frío, el sol apenas ha salido y no calienta nada. Vuelvo a estremecerme y sigo serpenteando, intento ponerme de pie, lo consigo pero a los pocos pasos vuelvo a caer. Me coloco en posición decúbito prono y avanzo clavando los codos en la tierra, al estar cerca del río la humedad hace que la tierra no esté muy dura y puedo avanzar aunque lentamente sin dañarme en exceso. Me he arrastrado algo más de doscientos metros, el terreno es más duro y los matorrales y arbustos me rodean.  Estoy oculta, algo que en principio es bueno por si se les ocurre buscarme, aunque no creo que me hayan visto salir del agua. 

Debido al esfuerzo que tengo que realizar he dejado de tener frio, me siento bien pese a la situación en la que me encuentro, no sé si el golpe me ha podido afectar a la operación. Estoy un poco dolorida pero nada más. A unos diez metros veo un montículo, desde lo alto diviso una extensa llanura de frondosa vegetación, gran cantidad de árboles, arbustos, matorrales y olor a tomillo, el suelo está cubierto de una manta verde de hierba y a unos kilómetros veo una cadena montañosa. Vuelvo a ponerme de pie, ahora me siento más fuerte y trato de caminar hasta un árbol que hay derribado en el suelo a pocos metros, he visto varías ramas grandes que quizás pueda aprovechar para usarlas como muletas. Con gran tesón y gracias a que mis brazos tienen bastante fuerza, he podido romper una rama de algo más de metro y medio con la que consigo levantarme y apoyándome en ella puedo caminar aunque con mucho esfuerzo. Avanzo muy lentamente, cada ocho o diez pasos tengo que sentarme para recuperar fuerzas, luego vuelvo a levantarme y sigo caminando. No veo ninguna carretera, solo caminos hechos por turistas o lugareños, sigo uno de ellos, a algún lugar me llevará y espero que esté habitado. Tras un buen rato de marcha me he sentado apoyándome en un arbusto, estoy muy cansada, me duelen las piernas y la espalda.

Estoy llegando a una zona boscosa llena de árboles muy altos, parecen pinos aunque hay de varias especies que desconozco, estoy cerca de los primeros árboles cuando veo aparecer un hombre. Va vestido de manera insólita, parece un cazador, lleva un sombrero de los que utilizan en las películas del oeste bastante deformado que le tapa casi toda la cara. Usa pantalones vaqueros y una chaqueta de piel cuyo color es difícil de descifrar, muy gastada y sucia. Aunque no es la persona que me hubiera gustado encontrarme, me incorporo para saludarle. Se sorprende al verme y hace ademán de darse la vuelta, al ver el estado en el que estoy y ser mujer le hace sentirse seguro, con cierto reparo se acerca a donde estoy. En el  cinturón lleva la funda de un cuchillo de grandes dimensiones en el que sobresale el mango que lleva empuñado. Cuando está a mi altura, me dirijo a él:

o   Buenos días señor, necesito ayuda por favor.

Me mira fijamente. Tiene los ojos oscuros, va sin afeitar con bigote y barba bastante descuidada, por debajo del sombrero luce una melena negra de pelo lacio, su mirada esquiva no presagia nada bueno, tiene aspecto de alguien que vive solo, seguramente es un drogadicto o un delincuente.  Nada hay en su semblante ni en su aspecto que demuestre interés o compasión, permanece indiferente pese al lamentable estado en que me encuentro.

o   Estás hecha un asco, ¿Qué te ha pasado?, ¿Qué haces aquí sola?

o   Han intentado matarme, pero he podido escapar.

o   Pues casi lo consiguen, estás fatal

o   Si lo sé, necesito que me ayude a llegar a algún pueblo, e ir a la comisaria o la guardia civil, no estaré segura hasta que capturen a los que han intentado quitarme la vida.

o   ¿Te están siguiendo?

o   No, creen que me he ahogado en el río con la furgoneta.

o   ¿Te han tirado al río dentro de un vehículo?

o   Si, por favor ayúdeme me muero de frio.

o   ¿Puedes andar?

o   No, aunque es muy largo de contar tengo una minusvalía, y solo puedo andar unos metros, necesito que me lleven.

o   Vale, espere un momento, ahora vuelvo

Se da la vuelta y desaparece entre los árboles, ha pasado más de media hora cuando veo que aparece con algo parecido a una parihuela hecha con ramas.
o   Creí que no volvería, ha tardado mucho. Gracias por hacerlo

o   No es fácil hacer una angarilla para transportarla.

Con su ayuda me incorporo y me tumbo en la especia de camilla que ha construido con ramas y de la que tira, dirigiéndose hacia el bosque. Le pregunto cómo se llama y a donde nos dirigimos, me dice su nombre, Alejandro y que vamos a su casa. Allí tiene fuego y podré calentarme, comer algo y recuperar fuerzas. Andamos durante dos horas, nos encontramos en lo más profundo del bosque, la maleza, los arbustos y los árboles que nos rodean nos hacen invisibles a cualquiera que este por los alrededores. De vez en cuando oigo un graznido, miro al cielo y veo un águila.

o   Ese águila es Hércules y vive conmigo, me avisa de cualquier peligro y trae comida, es un buen compañero.

Por fin nos paramos en la falda de una montaña, veo que Alejandro deja la parihuela en el suelo, e inicia el ascenso de la montaña hasta que desaparece detrás de los árboles y arbustos que cubren todo el espacio que puedo ver a mi alrededor. Al cabo de diez minutos vuelve a aparecer con una cuerda bastante gruesa que ata a la camilla, luego asciende hasta que dejo de verle y empieza a tirar, noto como el armazón se mueve lentamente hacia donde está, cuando llego a su altura vuelve a hacer lo mismo, así hasta tres veces. Hemos subido la ladera hasta llegar a una pequeña explanada rodeada de árboles, matojos y una enmarañada maleza. Los árboles y matorrales están situados estratégicamente de forma que impiden ver la entrada de una cueva.

o   Bueno ya estamos en mi casa

o   ¿Esta cueva es su casa? ¿Aquí vive usted?

o   Si claro que aquí vivo yo, y muy bien por cierto, que espera un chalet de 500 metros.

Mientras hablamos veo un perro de grandes dimensiones, un mastín o algo parecido, se aproxima lentamente moviendo el rabo y de manera sumisa se acerca al hombre.

o   No me había dicho que vivía en una cueva

o   Y eso cambia algo, que sea una cueva o una cabaña

o   No sé qué responder y me encojo de hombros

o   Ven acércate a la hoguera podrás secarte, te prepararé un caldo para que entres en calor.

Me hace pasar a la cueva, desde el exterior no parece tan grande, en el centro hay una mesa con dos sillas y dos banquetas hechas con troncos. En una  de las paredes hay una cocina tipo camping gas y un colchón sobre una roca plana, bajo el colchón una especie de somier hecho de tablas. En otro lateral una especie de hogar o chimenea que está encendida, el humo se filtra por la pared de roca sin que moleste a donde nos encontramos. Sobre el fuego hay un perol en el que está cociendo lo que debe ser un caldo, o estofado. Al lado de donde está la cama ha puesto una sábana a modo de biombo que cubre una zona que ha quedado aislada a posibles miradas, allí me encamino con mi bastón. Compruebo que me ha dejado una toalla grande para que me cubra mientras pongo mi ropa a secar. Pongo la ropa cerca del fuego mientras mi cuerpo empieza a entrar en calor, el enorme perro se acerca a donde estoy y se tumba a mi lado. Dentro de la cueva la temperatura es agradable y pasado los primeros minutos de asombre e incertidumbre, me empiezo a sentir mejor. Alejandro aparece con un cubo con agua con el que llena dos botellas de vidrio, y de una de ellas me echa en un vaso. Le miro con incredulidad y sorpresa.

o   Puedes beber tranquila, detrás de la cueva pasa un arroyo de aguas cristalinas, el agua es muy buena.

Aunque trato de aparentar normalidad, me siento intranquila y muy asustada. Estoy en un lugar que desconozco, lejos de cualquier pueblo o aldea, en una cueva que aunque acondicionada, (por su aspecto este hombre debe estar viviendo aquí desde hace tiempo) no me tranquiliza. Un perro muy grande me acompaña cada vez que me muevo, y el águila ha aparecido con un conejo que ha entregado a Alejandro.  No sé cómo ha conseguido amaestrar a un animal salvaje y complejo como es el Águila Imperial (algo que me ha aclarado con legítimo orgullo). El aspecto del hombre tampoco es nada tranquilizador, habla arrastrando las palabras, su ropa está sucia y desaliñada como su rostro sin afeitar, al quitarse el sombrero el cabello lacio y enmarañado le cae hasta los hombros, sus manos son grandes y fuertes. Me ha mirado varias veces mientras me ponía un plato con un caldo que tengo que reconocer que esta bueno y me ha atemperado. Físicamente me siento mejor más fuerte y los dolores en las piernas y la espalda casi han desaparecido. Sabe que me siento asustada, acobardada, así que sin preguntarle empieza a hablar.     

o   Veo que el caldo te gusta, soy un especialista. Antes de que me preguntes, (seguro que quieres preguntarme muchas cosas y que si no lo has hecho es por miedo). No debes tener angustia o recelo, puedes estar tranquila, pese a mi aspecto harapiento y desaseado, no tienes que temer nada de mí ni de mis animales. Mientras estés aquí estas a salvo de cualquier peligro, ninguna persona viene por este lugar, ni siquiera los guardabosques. Podrás quedarte el tiempo que necesites. Cuando hayas recuperado las fuerzas y puedas andar aunque sea con muletas, te llevaré cerca de la aldea más cercana, te dejaré y volveré aquí. Es importante que me prometas no decir nada de este lugar, supongo que habrás imaginado que si vivo en un sitio como este es porque no tengo más remedio, y tienes razón. Llevo huido de la justicia más de tres años, he estado en infinidad de lugares en los que no he podido quedarme mucho tiempo porque la policía me persigue, así que cuando encontré este sitio por casualidad decidí quedarme y no seguir huyendo. 
     En este cueva llevo más de año y medio, en ese tiempo he ido aprendiendo a sobrevivir en esta tierra, y la verdad es que hambre no pasamos. Como has podido ver Hércules nos abastece de carne, y cerca de la cueva hay un río pequeño pero suficiente que nos suministra agua, cangrejos y peces, hay árboles que nos dan fruta, además de vayas, moras, setas y otros alimentos que he ido descubriendo. De vez en cuando me acerco a algún pueblo y compro cosas que necesito y de las que no puedo proveerme, pero cada vez voy a un sitio distinto. Al lado del camino donde te he visto, tengo escondida una moto que me sirve para desplazarme y que uso en contadas ocasiones. No me persiguen por delitos de sangre, sino algo más prosaico, una estafa en la que participé sin yo saberlo, pero que me arrastro hasta la cárcel. Otro día si tengo ganas te contaré mi historia, se podría hacer una película. Eres la primera persona que he traído a este lugar y no quisiera tener que arrepentirme.

o   Es cierto que tu aspecto no es nada tranquilizador y que he pasado mucho miedo, pero gracias a ti estoy viva, me has traído hasta aquí, me has alimentado y abrigado y por eso tengo que darte las gracias, y puedes estar tranquilo “no sé dónde he estado, durante días, debido a mi minusvalía he andado muy despacio, he deambulado sin ver a nadie” Pero no he dejado de pensar que quizás lo has hecho para abusar de mí, vives solo sin relacionarte con ningún ser humano y no sé cuánto tiempo llevas sin … ya sabes, que después me retendrías, o incluso algo peor.

o   Ya veo que el miedo no te impide ser sincera, y valiente. Es natural que lo pienses, es cierto que llevo mucho tiempo sin acostarme con ninguna mujer, pero a todo te acostumbras.  Mentiría si te dijera que no he pensado en ello, eres joven y guapa y tu estado te haría muy difícil poder rechazarme. Pero no soy un violador. 

Se levanta y sale de la cueva, ha dado la conversación por finalizada, su forma de hablar revela que es alguien con formación, su carácter agrio y severo resulta inquietante. Es posible que lo que quiera que le haya acontecido en el pasado le ha convertido en alguien solitario y huraño. Cuando vuelve está anocheciendo, a la espalda lleva una pila de leña que descarga junto a la chimenea en la que vuelca una parte, el fuego se aviva y un agradable calor se extiende por la cueva.  El águila se ha situado en el interior en un lugar prominente y donde casi no se le ve, el perro se ha tumbado junto al hombre que con unas mantas ha hecho un jergón para pasar la noche, a mí me ha dejado su camastro. Después de comer el conejo que me ha sentado muy bien, nos retiramos a descansar. No me puedo dormir y observo como Alejandro está sentado junto al camastro y tiene en la mano una botella de whisky. Está mirando al cielo, los sonidos de la noche llegan nítidamente hasta mí. Me está dando la espalda así que no puedo ver su rostro, solo veo mover el brazo en el que tiene la botella que se acerca a la boca de vez en cuando. Estoy muy cansada y sin darme cuenta me vence un sueño profundo.   

Tengo una pesadilla; no hay luna y el cielo se difumina en la oscuridad, siento frío y un rostro feo y deformado se acerca a mi cara. Puedo ver que le faltan dientes y su risa grotesca me hiela la sangre, intento gritar y desaparece. Estoy flotando en la noche, cientos de manos me agarran, me sujetan y no puedo moverme, unas manos más fuertes y poderosas que las demás tiran de mi pierna con fuerza hasta que la separan de mi cuerpo, tengo pánico, no siento dolor pero mis ojos están a punto de salir de las órbitas. Me despierto temblando y un sudor frío recorre mi cuerpo.

Es noche cerrada no se va nada salvo el rescoldo de la hoguera, la cueva está en silencio y del bosque llegan sonido lejanos de animales nocturnos, todo está en calma miro hacía donde está acostado Arturo. Esta de lado mirando hacia donde estoy, veo sus ojos cerrados y su respiración acompasada, sin duda está dormido, el perro levanta la cabeza y me mira, luego la apoya sobre sus patas delanteras y cierra los ojos. Cuando me despierto el sol ya ha salido, me incorporo y compruebo que Arturo me ha puesto una manta, hace frío, una bruma gris oscura cubre el bosque mientras caen una gotas de lluvia. El frio es intenso aunque no parece desanimar a los pájaros que no dejan de trinar, cerca de la cueva pasa un jabalí seguido de cuatro lechones, al llegar cerca de la puerta de la cueva miran hacia dentro y siguen su camino. En el infiernillo hay un pequeño perol calentándose, huele a café. Miro en derredor y no veo a Arturo, voy a levantarme cuando observo a mi lado dos muletas hechas con ramas. Ha puesto dos soportes forrados de piel gruesa para apoyar las axilas, las cojo y me levanto, empiezo a andar hacia el exterior de la cueva, el frio es intenso aunque llevo la manta rodeando mi cuerpo. 

Me alejo unos cuanto metros y detrás de unos arbustos hago mis necesidades, pese a la ropa que llevo siento frio, inmediatamente vuelvo a la cueva. En el camino de vuelta reflexiono sobre lo que me ha ocurrido desde que me desperté de la operación. Todo ha ido muy deprisa, de manera imprevista, sin que haya tenido tiempo de pensar en cómo se han desarrollado los acontecimientos. Hasta hace solo unos días era una inválida, incapaz de hacer movimiento alguno de cintura para abajo, ahora sin embargo siento en mis piernas el frio de la mañana y el roce de mis manos en la piel. Ni en mis más optimistas sueños pensé que podría andar. Aunque con muchas limitaciones puedo desplazarme erguida lo que sin duda es un logro digno de ser reconocido. He tenido suerte de haberme zafado de dos mentes enfermas capaces de lo mejor; la operación ha sido un éxito como ellos proclamaban, y de lo peor; pensaban acabar conmigo para evitar ir a la cárcel.  No han tenido escrúpulos en deshacerse de Luis solo por no estar de acuerdo con esa decisión, que quizás es fruto del miedo y que seguramente no estaba premeditada. Aunque han actuado en contra de mi voluntad, la realidad es que tenían razón y su tesis es acertada, al menos lo ha sido conmigo. Lo que me obligaba a enfrentarme a un dilema moral en el que el óptimo resultado obtenido (que tengo que agradecerles) me habría impedido denunciarles. Sin embargo lo que han hecho ahora no puedo justificarlo, deben ir a la cárcel por asesinar a Luis y haberlo intentado conmigo.

Al entrar en la cueva Alejandro está de espaldas, preparando el desayuno en la mesa a la que me dirijo, acabo de darme cuenta que tengo bastante hambre. Al llegar a su altura se da la vuelta.

o   Buenos días Marcia, ya veo que las muletas te van bien.

o   Gracias de verdad Arturo, son magníficas, eres todo un manitas

Mientras hablamos observo que se ha afeitado y se ha lavado el pelo, huele bien y la ropa que lleva está decentemente limpia, el resultado es bastante notable, es un hombre atractivo con una mirada triste y desconfiada.

o   Pareces sorprendida, es cierto que me lavo poco, al fin y al cabo vivo solo, no hago vida social y el agua ahora está muy fría, espero que ahora te sientas más cómoda.

o   La verdad es que pareces otro hombre, y eres más joven de lo que aparentabas, ¿cuántos años tienes?

o   Veintiséis  y tú

o   Tengo diecinueve, aunque con este aspecto parezco mayor.

o   Supongo que la experiencia que te ha tocado vivir te ha envejecido, habrás pasado mucho miedo. Que intenten matarte es muy jodido, se lo que se siente cuando alguien quiere acabar contigo, a mí me paso en la cárcel.

o   Es muy duro enfrentarte a alguien que desea tu muerte, 

Durante la siguiente hora, le hago un resumen de todo por lo que he tenido que pasar desde el accidente que me dejo en una silla de ruedas. Cuando termino el relato Alejandro me mira fijamente, en sus ojos hay conmiseración. Pienso que esté hombre comprende por lo que he pasado porque seguro que el también esconde una historia terrible. Me gustaría saber cómo has terminado aquí, tu manera de hablar revela que eres alguien con estudios seguramente universitarios, me resulta difícil entender que estés confinado en este lugar del que no parece estés muy interesado en marchar.

o   Tienes razón me han pasado demasiadas cosas en estos últimos cinco años. Al poco de terminar la carrera de Derecho entré a trabajar en un Banco, era muy joven y con deseo de prosperar. Cuando llevaba cerca de un año en el que fui ganándome el respeto y consideración de mis compañeros, mi jefe con el que tenía una excelente relación, me requirió para hacer algo que no debía sin yo saberlo. Me ordenó hacer unas transferencias que pude realizar con una clave que me dio como señal de confianza. Lo hice a varias cuentas de clientes importantes, según me dijo eran el mismo grupo de Empresas. Para no hacértelo muy largo resultó que lo que estaba haciendo era un desfalco que fue descubierto a los pocos días. A mi Jefe lo despidieron por negligencia al haberme dado unas claves para las que no tenía autorización y a mí me llevaron a juicio. Me condenaron a ocho años de cárcel y a devolver una importante cantidad de dinero que ni tenía ni tengo. En menos de dos años había pasado de ser un Licenciado con un gran futuro a un delincuente. Supongo que los beneficiarios del desfalco remunerarían a mi Jefe por los servicios prestados, y yo pague el pato. Fui a la cárcel y no lo pase muy bien en los primeros meses hasta que me cambiaron de módulo. Al parecer se había corrido la voz entre los internos de que me había quedado con mucho dinero, y me ofrecieron protección a cambio de unos miles de euros. Les dije que no tenía nada, que me habían engañado, por más que porfié no me creyeron y me dieron una paliza que casi me lleva al otro barrio. En el hospital del centro penitenciario pude convencer al médico que me atendió, de que si volvía me matarían y gracias a su mediación me cambiaron de modulo en el que no sabían porque estaba allí, y que me guarde muy bien de decir. Cuando creí que estaba a salvo un interno me interpeló con la misma cantinela, que tenía mucho dinero y que lo tendría que compartir con ellos para que no me pasara nada, era un grupo de cinco seis matones que eran los amos del módulo.  Aprovechando una salida que me concedieron por buena conducta y sabiendo lo que me esperaba, no volví, escapé. Desde entonces estoy huyendo, no solo de la policía también de algún grupo mafioso que sigue pensando que tengo el dinero escondido, porque no ha aparecido. 

     Llevo a aquí más de año y medio y pienso seguir así, me gusta el sitio y he aprendido a desenvolverme por estas montañas que conozco muy bien. No me siento solo, tengo mi perro y mi águila, escucho la radio, leo libros y escribo, eso y las tareas cotidianas que tengo que desarrollar para alimentarme me mantienen en forma. Lo que más echo de menos es la compañía de alguien con quien hablar, con quién tener una relación. Aunque nunca había pensado vivir solo en el bosque, lo cierto es que las circunstancias que me han llevado hasta aquí me han permitido descubrir un mundo que desconocía y que según pasa el tiempo me gusta más. He aprendido que se puede vivir con tan poco y ser feliz, vivo solo, pero no en soledad, la naturaleza me provee de casi todo lo que necesito y lo poco que me falta lo adquiero con una visita mensual a algún lugar habitado. Y lo que más valoro de todas las cosas, la libertad, por encima incluso de la seguridad. Aquí puedo tener un accidente y nadie podrá ayudarme, ese es el precio que tengo que pagar, pero vivir sin sentirme perseguido y sin normas impuestas es un privilegio. No pensar en el futuro, vivir el presente es lo que hago, es algo difícil de explicar y posiblemente más difícil de entender pero para mí es algo primordial. En esta soledad, en la que sin embargo poco a poco afloran presencias imprevistas, como los animales que pueblan la montaña y mis compañeros inseparables Hércules y Lobo que me hacen compañía y me protegen. 

     Hace unos meses me embistió un Jabalí y Lobo no dudo en atacar al animal que termino huyendo, y Hércules me provee de alimentos.  Ambos al igual que yo estaban solos y lastimados, me encontré a Hércules a los dos meses de estar aquí, estaba herido por perdigones de algún cazador desalmado, creí que moriría, le cuide y alimente hasta que pudo volar y para mi sorpresa a los pocos días de irse volvió y desde entonces vive conmigo, y Lobo algo parecido, alguien le había abandonado en el bosque mal herido, le habían dado una buena paliza, no podía andar. Fui a un pueblo hablé con un veterinario me vendió las medicinas que necesitaba e hice todo lo que me dijo hasta que se curó. Ahora son mi familia siempre están conmigo me protegen y me demuestran afecto, cuando estoy en la cueva no se alejan de mi lado, Hércules duerme en la piedra en la que yo lo hago y Lobo a mis pies. También tengo mis libros y escribo, son un refugio contra la naturaleza hostil y para olvidar los excesos de la civilización,  se ha convertido en un impulso para desarrollar un punto de vista propio, nada ingenuo ni complaciente. En este tiempo he escrito dos libros y me gustaría pedirte un favor.

o   Claro, tú dirás.

o   Me gustaría darte un manuscrito y cuando estés a salvo lo hagas llegar a una editorial, no creo que lo vayan a editar, pero igual suena la flauta y lo publican.

o   Por supuesto que lo haré, estaré encantada de poder ayudarte en algo como tú has hecho conmigo, te estaré agradecida eternamente por haberme socorrido exponiéndote tanto. Otro en tus circunstancias habría pasado de largo, puedes estar seguro que no traicionaré tu confianza. Si no te importa me gustaría leer el libro.

o   Gracias y no me importa que leas el libro es más agradeceré tú opinión. Sé que me he vuelto muy desconfiado, la vida me ha obligado, pero en algún momento necesitas confiar en alguien, tú lo has hecho conmigo y yo lo hago contigo, creo que ambos nos merecemos una oportunidad.

Tras estas últimas palabras callamos, no tenemos nada más que decirnos, un vínculo se ha establecido y presiento que muy fuerte. Nos miramos, nuestros ojos hablan por nosotros, nos observamos detenidamente, queremos descubrir los sentimientos del otro, en qué punto nos encontramos en este juego de emociones inesperadas que ha surgido. Sin darme cuenta le estoy mirando fijamente, algo que de forma no premeditada hago desde el accidente, mirar descaradamente. Alejandro algo turbado se levanta y sale de la cueva, Lobo se pone a su lado y ambos se ocultan tras los arbustos. Miro al cielo y veo a Hércules sobrevolando el lugar por donde ha desaparecido Alejandro de mi vista, tiene suerte tiene dos amigos incondicionales. Ha dejado el manuscrito en la mesa, me siento y me pongo a leer, llevo un rato haciéndolo y para mi sorpresa el libro es de gran calidad,  tanto la trama, como la prosa, el desarrollo de la historia, la profundidad del tema tratado, y la psicología de los personajes están bien definidos. Sin lugar a dudas es un buen libro. Durante las siguientes horas leo sin parar una historia que me ha seducido. Todas las traumáticas experiencias que han influido en su manera de ser y pensar, en definitiva en su conducta, están reflejadas de alguna manera en la fatalidad de los personajes. Atormentados, infelices e infortunados que poco a poco van cambiando su destino hasta superar las barreras emocionales que les impiden  prevalecer, para terminar con un alegato sobre la manera de entender la felicidad. A través de sus páginas voy entendiendo como un cambio tan radical, brusco e inesperado, puede cambiar la visión de la vida en una persona, renunciar a los sueños que nos han inculcado y que hemos tomado como nuestros, es muy difícil incluso para alguno imposible. 

Nos han persuadido de que la mejor manera de vivir es teniendo muchas cosas, posesiones, dinero, y toda clase de excesos que justificamos por el simple hecho de la envidia que despertamos, el poder que nos otorga, la autoconfianza y autoestima que nos arropa y nos envalentona. Recuerdo una frase que un señor que se consideraba muy importante le dijo a un policía: Tú no sabes con quién estás hablando. En cierto modo es así, desgraciadamente hay personas cuyo poder es tal que sortean las leyes y la justicia que debería juzgarlos. Eso hace que se sientan superiores y por tanto intocables, y lo peor es que creen que eso les hace más felices porque lo confunden con el placer que es algo efímero, en el que intervienen otros factores como cantidad, o el momento en que se produce. Alejandro deja entrever que lo único que echa de menos en esta nueva forma de subsistencia,  no tiene nada que ver con las metas y propósitos que habían sido su impulso para conseguir objetivos profesionales que le permitieran mejorar su nivel de vida. Lo que realmente echa de menos es la libertad, ese deseo tan primario y necesario de elegir libremente tu destino, sin que nada ni nadie te condiciones o te restringa. Quizás para reforzar este pensamiento Alejandro transcribe dos frases del gran filósofo y pensador, Séneca:

          ¿Quieres saber que es libertad? No ser esclavo de ninguna cosa, de ninguna necesidad, de ningún azar, reducir la fortuna a términos de equidad.

          El destino ayuda a quien lo acepta y arrastra a quienes se resisten.
Lucio Aneo Séneca

En otra parte del libro hace un alegato sobre su experiencia actual. Vivir solo, lejos del mundo que conocemos, de las manipulaciones y  ambiciones de los poderosos, los políticos y los religiosos.  Sin ver ni escuchar noticias de abusos, traiciones, homicidios, y todos los trastornos de una sociedad sin valores, donde la posesión de bienes y la individualidad se ha instalado como única receta para poder ser feliz. Atrás queda el concepto de tribu que aparece en la antigua Roma, cuando se agremiaban varios clanes o personas emparentadas diferentes entre sí, que tienen la necesidad de formar una comunidad y crear instituciones para que sea posible la convivencia entre las personas que han decidido vivir juntas y unidas, conociendo las diferencias entre ellas y entre las tribus. Al leer estas frases pienso en la complejidad del ser humano, a vueltas con el destino y de cómo enfrentarse a él. Nada garantiza nuestro futuro, nuestro prevalecer en este mundo y cómo nos va a condicionar. 

En el libro se adivina decepción, desengaño e incluso cierta amargura, pero no hay ira, indignación o rencor. Supongo que como en mi caso ha aceptado su sino, ha aprendido a vivir con lo que le ha tocado en suerte, y encontrado un punto de equilibrio emocional que le permite seguir viviendo de manera razonablemente sosegada.

CAPITULO VIII

11-octubre 1.966
Llevo quince días en la cueva con Alejandro, me encuentro bastante bien, he recobrado todas mis fuerzas y todos los días salgo a pasear con las muletas que me ha fabricado y que pese a su rusticidad son bastante prácticas. Es sorprendente como el tiempo en un lugar aislado y solitario compartiendo las 24 horas del día con otra persona, te hace entender, comprender y conocer a alguien desconocido y volverse cercano, no se puede fingir cuando compartes todas las horas del día, parece algo superfluo e innecesario. Realmente me encuentro a gusto con este hombre, desde que estoy con él ha mejorado ostensiblemente su imagen, ahora siempre va limpio y aseado, es un hombre fuerte y muy atractivo. Cuando se hace de noche que suele ser pronto si lo comparamos con la ciudad, (aquí no hay luces salvo la de la luna y las estrellas) nos sentamos cerca la chimenea y hablamos del pasado pero sobre todo del futuro. Esa gran incógnita que se extiende ante nosotros y que podemos afrontar con ilusión o con temor. 

Ambos hemos sufrido situaciones límites, a ambos nos han querido finiquitar, y ver tan de cerca la muerte te hace reconsiderar tus prioridades, tu enfoque sobre cómo proceder en el futuro, determinar que es importante y que no lo es. De no ser por mis padres que deben estar sufriendo mucho ante la incertidumbre de mi desaparición, me quedaría aquí, al menos un tiempo. Me encuentro segura, tranquila y estoy aprendiendo a sobrevivir en un medio hermoso y hostil como es el bosque. Alejandro tiene varios libros con consejos muy útiles sobre la forma de subsistir en un lugar solitario y alejado de la civilización como este. Hoy a mediodía cuando el sol está en su cenit he aprovechado para darme un baño en el río que hay detrás de la cueva. A unos trescientos metros hay un pequeño recodo que forma un hoyo en el que puedes bañarte y cuya profundidad te permite nadar. El agua fría, transparente y cristalina incita a sumergirte, algo que hago aunque enseguida me pongo a nadar para combatir la sensación gélida que recorre mi cuerpo. En apenas cinco minutos mi piel se ha puesto blanca y mis pechos erectos, sin duda es un magnifico remedio para combatir la flacidez. Sonrío mientras contemplo mi  imagen en el río antes de salir, estoy resplandeciente. Me encuentro en la orilla cuando inesperadamente aparece Alejandro con su inseparable Lobo. En la mano lleva una toalla y jabón, señal inequívoca de que al igual que yo ha decido darse un baño. Al verme desnuda hace un respingo y se da la vuelta mientras dice:

o   Lo siento no sabía que estabas aquí, volveré dentro de un rato.

o   No por favor no te vayas, yo he terminado, me visto y puedes bañarte, aunque te anticipo que el agua esta helada.

No deja de mirarme mientras salgo del río, hasta que se da la vuelta y aprovecho para vestirme. Aunque la situación ha sido inesperada lo cierto es que no me he sentido violenta, la mirada de Alejandro ha sido de admiración y placer, me ha excitado y no he podido evitar quedarme tras unos matorrales desde los que he visto como se despojaba de la ropa y tras unos estiramientos se ha metido en el rio. Verlo desnudo ha sido reconfortante y muy agradable, su cuerpo firme y musculoso es muy apetecible.

Después del almuerzo como solemos hacer todos los días, damos un paseo por los alrededores de la cueva, con mis inseparables muletas. Lo hacemos lentamente, sin prisas, mientras hablamos de cualquier cosa. Llevamos media hora andando y charlando. Ha llegado el momento de decirle que necesito marcharme, mis padres están sufriendo por no saber que ha sido de mí y debo verlos. Además tengo que presentar una denuncia contra las dos psicópatas que han acabado con la vida de Luis y casi con la mía. Asiente con la cabeza sin decir nada, su gesto se ha entristecido aunque ha intentado disimularlo. Al cabo de un rato dice:

o   Lo entiendo, lo cierto es que físicamente estas muy bien, cada vez andas más y mejor y es lógico que quieras ver a tus padres y volver a la vida que conoces y que te corresponde, vivir aquí tiene pocos alicientes. Pero te echaré de menos, la verdad es que tu compañía ha calmado bastante mis ansias de venganza  y el rencor que sentía se ha escondido en algún lugar muy profundo de mi subconsciente. Has sido un bálsamo para mí. Gracias por tu compañía, tu afecto y tu comprensión.

Al terminar la frase acelera el paso y desaparece antes de que pueda reaccionar. Cuando llego a la cueva, estás sentado con una taza de café en la mano, al llegar a donde está me ofrece otra.

o   Siento haber reaccionado así, pero no he podido evitarlo, sabía que este día iba a llegar pero no esperaba que fuera tan repentino. Lo siento.

o   Sabes que no ha sido repentino, me podía haber ido hace días, no lo he hecho porque me siento muy a gusto contigo, me has transmitido buenas vibraciones, paz y calma, algo que necesitaba. Gracias de corazón por haberme tratado tan bien y con tanto respeto.

Me acerco a donde está sentado y de manera deliberada le cojo el rostro con las manos y le doy un beso en los labios que recibe y devuelve, con ímpetu y placer. Esta anocheciendo, la chimenea está encendida y el calor que desprende caldea el interior de la cueva, Lobo está tumbado en su lugar habitual lo mismo que Hércules en el interior más oscuro. Alejandro y yo seguimos besándonos, gustándonos y conociendo nuestros cuerpos, invadidos por una fuerte emoción que trasciende a nuestros propios deseos. Un impulso embriagador nos invade y nos empuja a seguir apasionadamente el juego amoroso que hemos iniciado y en el que participamos activamente.

Por primera vez mi naturaleza generalmente pasiva ante los besos y caricias de Colette, se rebela y me empuja a ser yo quien busque activamente a Alejandro que parece sorprendido por mi arranque de sexualidad que no trato de evitar o esconder. En este momento me siento como una diosa, con poder sobre el hombre que me mira con pasión y arrobamiento es total. Lo busco, lo abrazo, lo estrecho hasta hacerme daño, mientras él emocionado y dispuesto me acompaña, todos los sentimientos guardados en lo más profundo de mi alma, emergen; miedo, aprensión, desconfianza, pánico y se transforman en una pasión devastadora que no soy capaz de calificar ni controlar. 

Hacemos el amor compulsivamente, liberando las tensiones tanto tiempo guardadas, convertidas ahora en una fuerza incontrolable. Ninguno de los dos es capaz de controlarse, apenas respiramos, algo muy profundo  se ha apoderado de nosotros que nos maneja y nos impulsa, hasta que con urgencia y precipitación llegamos al orgasmo. Nos miramos a los ojos, la respiración alterada y el cuerpo dolorido por el exceso y furor del contacto. Sorprendentemente ambos nos descubrimos unas lágrimas que resbalan por la mejilla, nos damos un abrazo interminable sin pronunciar ninguna palabra, ¡no hace falta! El resto de la noche lo pasamos abrazados y sin poder dormir, nos miramos constantemente, buscamos en el otro razones para no separarnos, pero ambos sabemos que es imposible.   

Necesito ver a mis padres y denunciar a los asesinos de Luis, necesito recomponerme anímicamente, que mi médico haga una revisión para saber el estado real de mi lesión, aunque lo cierto es que cada vez ando mejor con las muletas. No sé si llegaré a andar sin ellas pero quedarme así es casi un milagro inesperado. Me gustaría que me acompañara pero es imposible, es un proscrito, alguien fugado de la cárcel al que aún le quedan unos cuantos años de condena por cumplir.  La única alternativa viable y sobre la que hemos hablado es conseguir una identidad falsa y marcharse del país, algo a lo que le ánimo y en lo que estoy dispuesta a ayudar. Inesperadamente viene a mi memoria el rostro de Colette, a quién hecho mucho de menos, salvo estos días en los que mi mente ha estado ocupada en Alejandro. Ahora mismo mi corazón es un caos, una mezcla de sentimientos y emociones, un torbellino, un enredo del que no sé qué pensar, ni como ordenar, el tiempo será mi aliado, en él, espero encontrar la respuesta a mi confusión. Desde mi rapto, mi personalidad ha ido cambiando en la medida que los acontecimientos me han empujado, me han condicionado y obligado a vivir por mí misma, sin ayuda, sin esperanza, salvo la férrea voluntad de  sobrevivir. Ahora sé lo que significa madurar.

o   Mañana cuando nos despertemos te llevaré a un pueblo que está relativamente cerca de aquí. Te dejaré en la entrada y podrás ir al cuartel de la Guardia Civil que está muy cerca de donde te voy a dejar. Nunca imaginé que me podría enamorar de alguien y menos en las actuales circunstancias en las que necesito centrar todas mis energías en buscar la manera de mantenerme en libertad. Hasta tu llegada todo iba sucediendo de manera natural, acomodándome a mi nueva forma de vida, y no estaba mal, todo lo contrario, me gustaba, mi perro y mi águila me hacen compañía y la sensación de ser libre me restituía y completaba una existencia a la que me estaba acostumbrando. Ahora ese idilio con el que me había entroncado me resulta insuficiente, mis emociones y sentimientos tan bien guardados se han despertado, se han alterado. Ahora necesito vivir de otra manera, en la que me gustaría que formaras parte. No puedo ofrecerte nada, soy un proscrito que en cualquier momento puedo ser detenido e ir a la cárcel, pero estoy dispuesto a arriesgarme, salir de este escondite y tratar de marcharme a otro país donde pueda rehacer mi vida.

o   Creo que te estas dejando llevar por el hermoso e intenso momento vivido. Ha sido algo mágico e inesperado, hemos  conseguido evadirnos, hemos abierto las compuertas que guardaban nuestras emociones más íntimas, y descubierto un  cosmos en el que el mundo real desaparece para transportarnos a un espacio en el que podríamos vivir eternamente si pudiéramos llegar a él. Nos queda el consuelo de haber experimentado un viaje emocional y físico que no olvidaremos, durante unas horas hemos sabido que es la felicidad. Ahora tenemos que regresar al mundo en el que vivimos, yo volveré con mis padres, denunciare a los asesinos y seguiré con mi recuperación. Te prometo que me encargaré de que lean tu obra, y trataré de conseguir una nueva identidad que te permita salir de este país, y puedas forjarte el futuro que te mereces. Lo que ocurra después ya se verá.


CAPITULO IX

21-octubre 1.966
Hemos ido en la moto hasta Castilblanco de los Arroyos,  son las nueve de la mañana cuando Alejandro me deja a la entrada del pueblo, en la calle principal está el cuartel de la Guardia Civil. Para no despertar sospechas he cambiado mi apariencia, bastante deteriorada como corresponde a alguien que lleva quince días deambulando por la sierra, la ropa desaliñada y rota, las manos y la cara sucia, y alguna herida (auto infringida) que me dan un aspecto deplorable, de alguien que lo ha pasado muy mal. El guardia civil que me atiende se sorprende al escuchar mi historia, le resulta raro que haya pasado tanto tiempo sola en el bosque, aunque su cara es de extrañeza no dice nada. Inmediatamente llama por teléfono supongo que a un superior, y a partir de ese momento todo se desarrolla de la manera esperada. 

En un coche oficial me trasladan a Sevilla, en todo momento me han atendido con rapidez y eficacia, sabían de mi desaparición y de hecho andaban buscando pistas fiables. Cuando llego a la comisaria de Nervión mis padres me están esperando. Al reunirnos lloramos de alegría y nos damos un fuerte abrazo, al verme de pie y sobre unas muletas que me han dejado, (las otras las he dejado en el pueblo) no se lo pueden creer y su llanto se confunde con las risas de alegría que les provoca verme sana, salva y además andando. Dicen que es un milagro. Durante más de tres  horas permanecemos en la comisaría donde hago un minucioso relato de lo acontecido desde el momento de mí rapto, en el que no nombro para nada a Alejandro, (cuyo manuscrito he dejado escondido cerca del pueblo donde iré a buscarlo más adelante) y aunque con cierto escepticismo dan por buena mi versión, he aparecido viva, que era lo importante. Escucho como el comisario da órdenes para que vayan a detener al Dr. Polero y a Arturo de quienes sospechaban desde mi desaparición aunque no habían conseguido pruebas para detenerlos, solo los seguían sin éxito. Ordena también que manden una patrulla al río para buscar la furgoneta y el cuerpo de Luis. Tras la firma de mi declaración me dejan marchar y me emplazan para estar disponible cuando el juez lo solicite.


Llegamos a mi casa de noche, ha sido un día agotador, mis padres no han dejado de llorar al escuchar mi historia que les parece inverosímil.  A la alegría del reencuentro hay que añadir la sorpresa inesperada de verme erguida y andando con muletas. Al rato de estar en casa llega Colette, al verme rompe a llorar y se abraza a mi muy efusivamente sin dejar de darme besos por toda la cara, cuando se calma nos sentamos y le cuento la misma historia que  a la policía, sin mencionar tampoco a Alejandro, al menos de momento. Nos miramos a los ojos de manera insistente, veo en Colette todo el cariño, el afecto y la pasión de mi amiga, mi compañera y hasta ahora mi amante. Sin embargo me mira sorprendida al ver que yo no la miro de igual manera, es muy inteligente e intuitiva, no la puedo engañar. No sé qué ha cambiado en mi mirada porque realmente yo la sigo queriendo con toda mi alma, es algo mucho más que una amiga, es como una hermana. Pero lo cierto es que ya no la veo como alguien con quién deseo mantener relaciones íntimas y se ha dado cuenta.

o   ¿Qué te pasa? Me pregunta, ¿ya no me quieres?

o   Para nada, te quiero muchísimo, pero tienes que entender por todo lo que he pasado. Por poco me matan y luego casi muero en el bosque, sola y sin ayuda, gracias a que esos cabrones hicieron algo bien al operarme, lograr el resultado en el que no creía me ha salvado la vida. En estos momentos me siento confusa, descolocada y enredada en un laberinto de sensaciones contradictorias que han cambiado de manera definitiva mi manera de ver la vida, el mundo y todo lo que me rodea. Necesito tiempo para entender, aceptar y reemprender un camino que no se parecerá en nada a lo que he hecho hasta ahora. Lo primero que tengo que hacer es pasar página, algo que no va a ser fácil, lo que he vivido ha sido muy traumático, necesitaré tiempo y ayuda para no tener secuelas que me acompañen el resto de mi vida. Creo que en estos meses he vivido y madurado de manera acelerada, ya poco queda de la ingenua chica de 19 años que conoces.

o   Tienes razón soy una egoísta, he pensado en mí y en lo que he padecido cavilando que te podría pasar. Pero no me he puesto en tu lugar, comprendo que has vivido un infierno inimaginable. Pero ahora estás aquí, estás bien y además puedes andar, algo en lo que ni siquiera podíamos pensar, me parece un milagro. Me abraza con mucho cariño y mimo, hace que me sienta reconfortada, no es el momento ni el lugar para pensar en nada que no sea recomponerme interiormente, algo que no va a resultar fácil.

Tengo diecinueve años y en algo más de uno he aprendido que la vida es incierta y el futuro siempre nos preocupa más de lo que nos ocupa. Conocerse uno mismo es hacer uso de la razón, la energía y las emociones positivas que nos invaden cuando al reflexionar encontramos que nada ha ocurrido como nos esperábamos y esa sensación de improvisación le cambia el sentido a la vida, la hace más inesperada y fortuita, y nos ayuda a avanzar, si somos capaces de aceptar sin miedo que sobre lo que ha de ocurrir no tenemos dominio y que debemos agradecer el aprendizaje y el crecimiento personal que nos permiten las vivencias. Madurar en un proceso doloroso o al menos para mí lo ha sido. He sufrido y tenido miedo, mucho miedo, a veces llegué a querer que todo acabara para dejar de sufrir. Pero la voluntad de vivir se torna como el único antídoto para derrotar al miedo y la única forma de combatirlo es enfrentándolo, de otra manera permaneceremos en él para siempre. 

Durante las siguientes páginas María relata la revisión exhaustiva que su médico y varios colegas han realizado, sorprendidos por el satisfactorio resultado de la operación que le habían hecho en contra de su voluntad, y que, paradojas del destino había resultado un éxito inesperado incluso milagroso que nadie creía posible.

31  –octubre.1966
Hoy es lunes y me ha llamado el Juez para hablar conmigo, al parecer han detenido a Arturo y al Dr. Polero. Les acusan del asesinato de Luis, intento de homicidio, secuestro y algún cargo más. Todo el proceso de mi operación se ha realizado sin ninguna garantía, y sin contar con las debidas autorizaciones. Aunque mi mejoría es sorprendente no se puede asegurar que sea yo la que se ha sometido a la intervención que se ve en el video (en todo momento aparezco con un antifaz). Al ser procesados judicialmente han decidido dar carpetazo al expediente, archivarlo sin darle difusión alguna. Así que seré la única paciente que ha probado una técnica novedosa y revolucionaria, que por la ambición de sus investigadores al no querer someterse al protocolo que se sigue para este tipo de trabajos, lento y enrevesado, han terminado arruinando sus carreras, su vida y la posibilidad de que otras personas se pudieran beneficiar de su descubrimiento.  Está totalmente prohibido abrir o manipular la información que ha quedado archivada para siempre.

10  –noviembre 1.966
La conmoción emocional que he sufrido, ha trastocado el lógico proceso de desarrollo y madurez de la personalidad que se ha acelerado en mi caso, he padecido mucho, he visto la muerte de cerca, “sabía desde que me raptaron que me rondaba”, nunca creí que me dejarían en libertad. Me siento confundida y asustada, no puedo evitar pensar que me puede volver a pasar, sé que es una paranoia pero soy incapaz de superar la sensación de miedo. Mis padres, mis amigos e incluso Colette, me repiten permanentemente que estoy a salvo, que debo recuperarme. Aunque te dicen que ya ha pasado todo y que tienes que volver a ser la misma de antes, no puedes… Al final lo que provocan es que me sienta incomprendida. La familia tiene que saber que una persona que ha salido de un secuestro tiene todo el derecho del mundo a sentirse mal. El psicólogo me ha dicho que la  clave para superar esta situación consiste en recordarla sin volver a experimentar el dolor del trauma. Pero la realidad es que muchas personas continúan padeciendo la misma angustia y el mismo dolor que cuando estaban secuestrados durante mucho tiempo. Tras vivir un secuestro o una situación similar, ocurre que tu idea de seguridad del mundo ha cambiado. Lo que antes te resultaba seguro, ya no lo es. Por eso la desconfianza. Cuando noto que me embarga la angustia sin motivo real, a veces estando sola en casa, otras acompañada de mi familia o de Colette, para calmarme pienso en Alejandro.  

En los quince días que he permanecido en su compañía, en un lugar tan aislado y solitario en el que el miedo debería haber sido el sentimiento predominante, no ha sido así. Me sentía muy segura, libre e incluso cómoda, Alejandro y la compañía de Lobo y Hércules me transmitían tranquilidad y sosiego. De no haber sido por mis padres, me habría quedado allí el tiempo necesario para superar todos los demonios que ahora me rodean y de los que no me puedo librar. Por primera vez he vivido el sexo como adulta, sin remilgos ni artificios, sabiendo lo que quería y como lo quería, decidiendo que hacer, cómo y cuándo hacerlo. Cómo una necesidad vital  y espontánea, sin esperar ni importar lo que piense el otro. Si no entiende mi manera de expresar todo el amor, afecto y pasión que llevo dentro, no merece la pena repetir la experiencia, pero si comparte conmigo las mismas sensaciones no habrá acto más sincero y liberador. Creo que Alejandro ha sentido lo mismo, me he sentido correspondida incluso superada, todo el tiempo de abstinencia impuesta al que se ha visto obligado se ha  manifestado en una pasión desbordante e incontrolable que ha conseguido convertir un acto natural y frecuente entre los seres humanos, en algo único y liberador. ¡Qué complicado resulta todo! el laberinto emocional en el que estoy inmersa por la encrucijada de emociones diversas que coinciden en este momento, hacen que me sienta perdida y confusa, un efecto que se mantiene en el tiempo incluso después de que haya finalizado la situación emocionalmente intensa que he vivido.

He sufrido sin esperarlo un impacto traumático. Esta confusión necesito convertirla en punto de partida de un esfuerzo de comprensión de lo qué ha sucedido, así como de las causas que me han llevado a esta situación. Mis sentimientos no han variado o ¿sí?, pienso en Colette, en su dedicación, en su entrega hacía mí, me cuida y me mima incluso más que antes, en sus ojos veo incertidumbre, miedo o desconcierto. Intuye que algo me ha cambiado profundamente y quiere saber cómo ha afectado a nuestra relación. Lo cierto que sigo viendo en ella a alguien especial, a quién seguir y a quién querer, alguien genuino. La quiero, la envidio y la respeto, es sincera, amable y apasionada, pero todo ha cambiado en mi interior, siento un  inmenso cariño e incluso algún tipo de amor, pero ya no me siento atraída físicamente por ella, la veo como la hermana que nunca he tenido, como mi mejor amiga e incluso como referente, pero he perdido todo interés sexual en ella. Y no sé cómo se lo tomará, como nos afectará, pero ni puedo ni debo engañarla, no se lo merece.

28–noviembre 1.966
Nos hemos reunido en mi casa, como me imaginaba Colette esta intranquila, sabe que algo ha cambiado en nuestra vínculo  y quiere saber qué. En cuanto he empezado a hablar de mis sentimientos hacia ella, enseguida he detectado que sabía que habían cambiado, su fina intuición resulta imposible de engañar.

o   Marcia, soy consciente de que ya no me quieres de la misma manera, que algo muy profundo te ha hecho cambiar. No solo en cuanto a tus sentimientos hacía mí, de eso me di cuenta enseguida, es algo incluso más trascendente, más complejo que abarca tu manera de ver el mundo, de vivir. Ahora estás ausente, no hay nada que te haga cambiar la expresión de tu mirada, aunque tu cuerpo está aquí tu mente está muy lejos, solo tú sabes dónde. Me gustaría pensar que estás viviendo un período de confusión y que luego todo volverá a ser igual, igual no, mejor, porque ahora puedes andar, posiblemente en un año puedas hacerlo sin muletas. Sin embargo no creo que nada vuelva a ser como antes, te has vuelto fuerte, independiente y madura, no necesitas mi apoyo, ni mi presencia,  ni mi respaldo.
o   Tienes parte de razón, pero siempre necesitaré tu afecto, tu cariño y tu ejemplo, has sido y sigues siendo un referente para mí, eres la hermana que nunca tuve. Pero es cierto que he perdido interés en continuar con la intimidad física que hemos tenido, aunque siempre pensé que era algo que acabaría, aunque no sabía ni cuándo ni cómo. Pero te quiero mucho eso no ha cambiado, eres parte de mi vida y no quiero perder tu cariño.


18  –diciembre 1.966
Hace más de quince días fui a recoger el manuscrito que había dejado escondido en el bosque cerca de la entrada de Castilblanco de los Arroyos. He hecho varias  copias y la semana pasada las he enviado a diferentes Editoriales. Espero que a alguna de ellas le pueda interesar, está escrito bajo un pseudónimo; Hércules Lobo. Tiene mi número de teléfono espero que pueda llamar y podamos hablar de vez en cuando, es algo que necesito, escuchar su voz, saber cómo le va y hablarle de mis sentimientos. Me hubiera gustado ir a verle pero no puedo conducir ni andar por el monte. Además es peligroso, tengo que tener paciencia. Mi relación con Colette ha dado un giro de ciento ochenta grados, ha adelgazado, esta triste y taciturna, apenas nos vemos y cuando lo hacemos su rostro siempre tan alegre y despierto es ahora el reflejo de la tristeza y el desánimo. Me aflige verla así, sigue queriéndome mucho. Lo está pasando mal, y aunque intento ayudarla la verdad es que cuando estamos juntas mis atenciones y muestras de afecto la perjudican, le cuesta trabajo mantener sus sentimientos escondidos y hablar como si no pasara nada. Intencionadamente poco a poco hemos dejado de vernos, necesita recuperarse y cuando haya superado el estado emocional en la que está inmersa, volveremos a ser las excelentes amigas que siempre hemos sido y podremos recobrar una amistad que no quiero perder por nada del mundo. Espero que ella piense igual. La vida sigue su curso normal y mi recuperación aunque lentamente sigue mejorando, las sesiones con mi terapeuta me ayudan bastante, hago ejercicios específicos para mejorar la movilidad y la fuerza muscular de mis piernas y espalda. 

Me desenvuelvo bastante bien con las muletas, nunca imaginé que podría mantenerme en pie y mucho menos andar. Siento que los avances del Dr. Polero no se puedan utilizar porque independientemente de su paranoia, lo cierto es que su trabajo sobre lesiones medulares ha demostrado ser un éxito. Después de todo lo que ha ocurrido veo la vida desde una perspectiva distinta. Más reflexiva y sosegada. Repito de manera insistente que no hay nada que garantice seguridad, cualquier hecho imprevisto puede trastocar tus sueños, tu trayectoria, tu manera de vivir, por eso ahora disfruto más de todos los placeres cotidianos que me rodean.

Trato de evadirme cuando mis recuerdos me hacen entristecer o angustiar, así que he retomado con mayor intensidad mis aficiones. Una de mis favoritas es ir al cine, esta semana he visto Cortina Rasgada de Hitchcock, las entradas han vuelto a subir, he tenido que pagar algo más de 26 pesetas. Pero mi gran afición siguen siendo los libros, he comprado  hace unos días ‘Cinco horas con Mario’ de Miguel Delibes, ‘Últimas tardes con Teresa’ de Juan Marsé y ‘Señas de identidad’ de Juan Goytisolo. Y los seguidores del Atlético de Madrid están de enhorabuena el 2 de octubre se ha inaugurado el Estadio Vicente Calderón.

Este año se ha extendido por todo EEE.UU y Europa un  nuevo movimiento cultural y social, del que ya había oído hablar llamado “hippie o la contracultura”. Según he leído tiene algo del cristianismo original (la comunidad, el amor al prójimo, el pacifismo, la no violencia), y algo del budismo “zen” (el ascetismo, la paciencia, la sensibilidad). Está compuesto por jóvenes que repudian a la sociedad en la que han nacido y quieren librarse de lo que llaman el “pecado original”; no el de Adán y Eva, sino del hambre que pesa sobre el mundo, de las bombas atómicas, del trabajo esclavizante y de la adoración al dinero.  Quieren encontrarlo por el camino de la evasión: drogas, sexo libre, la naturaleza, el cuerpo desnudo, las flores, la pasividad, y se denominan así mismos “hijos de las flores” o “pueblo feliz”. Resulta curioso que se quieran cambiar las cosas a base de protestas pacíficas. Algo muy altruista y posiblemente encomiable, pero creo que sería mucho más efectivo que una vez integrados en el mundo real, y puesto que la mayoría son hijos de familias de clase alta y media que ocuparan cargos de relevancia muchos de ellos, deberían  transformar la sociedad promulgando leyes más justas que permitan realizar los cambios que ahora persiguen, y que desde el pasotismo  y las drogas auguro ineficacia y un futuro con fecha de caducidad.


02-enero 1.967
Estas navidades han sido para mí un tanto extrañas, felices por haber salido indemne del rapto al que fui sometida, por una mejoría que tan solo unos meses parecía inimaginable, por mis padres que también lo han pasado muy mal y que aunque no pueden olvidar a mi hermano, en su rostro se aprecia cierta tranquilidad y sosiego.  Sin duda el tiempo es la mejor medicina para aceptar los vaivenes que la vida nos depara. También han sido tristes pues mi amistad con Colette se ha visto muy afectada, en estas fechas tan señaladas no nos hemos visto. He hablado por teléfono con Alejandro (me ha llamado desde una cabina telefónica pública). Desde que me he ido se le hace cada vez más difícil mantenerse escondido. Sabe que en la cueva está a salvo pero lo que antes era una manera de sentirse libre ahora le resulta una prisión de la que no puede escapar. Le he visto tan nervioso que hemos quedado para vernos en tres semanas, la que viene tengo una cita con una de las editoriales a las que he enviado el libro, está interesada en publicarlo y debemos reunirnos para hablar de las condiciones. Espero llegar a un acuerdo con la editorial y que pueda comunicarle que se va a publicar su libro, eso le animará mientras tenga que mantenerse escondido. 

A través de un amigo he conocido un detective privado con el que me he reunido para saber si me puede ayudar a conseguir una documentación falsa con la que Alejandro pueda escapar al extranjero. Según parece no es difícil encontrar a alguien que te haga un documento falso, lo que es difícil es encontrar a alguien que haga una buena falsificación de un pasaporte, o DNI con soporte original, cambio biográfico y la sustitución de la foto,  y el precio es bastante caro, le he dicho que lo haga. He tenido que vender mi silla de ruedas eléctrica para conseguir el dinero.

24–enero 1.967
Siguiendo el plan previsto hemos acudido al lugar en el que habíamos quedado, donde bajo una lona y cubierta por ramas de árboles se encuentra escondida la moto, desde allí hemos llegado a la cueva. Todo está como lo recordaba, Lobo se ha acercado moviendo el rabo y Hércules me ha dedicado un chillido de bienvenida. Una de las ventajas que tiene vivir en plena naturaleza es que todo parece mantenerse intacto, solo los cambios de estación producen alteraciones en el entorno. Nos hemos pasado el día hablando y cogidos de la mano. He traído una mochila con comida y bebida para celebrar el jugoso acuerdo al que he llegado con la editorial. Me han dado un anticipo de 50.000 pesetas (con el que me ha devuelto el dinero de la documentación) y un 10% de comisión  por cada libro vendido. La primera tirada será de 50.000 ejemplares, si se venden todos Alejandro tendrá un buen dinero para poder iniciar una nueva vida fuera de España. Le hago varias fotos para el DNI y el Pasaporte, le he cortado el pelo, se ha dejado bigote y puesto unas gafas graduadas, su aspecto ha cambiado visiblemente, es difícil reconocer al hombre que busca la policía. La visita ha durado dos días en los que hemos tenido tiempo para hacer planes y entregarnos a una de las actividades más reconfortantes entre dos personas que se aman y se desean, dedicar algunas horas a encuentros íntimos apasionados.

Definitivamente mi equilibrio y madurez me permiten afrontar con naturalidad muchos de los sentimientos y emociones que antes me resultaban dolorosos. He tomado una decisión que posiblemente mi familia no entienda, con la que no va a estar de acuerdo y que resultará traumática, pero mi convencimiento es total. Acompañar a Alejandro a un país donde no exista extradición con España. Sé que resulta prematuro pero es mi deseo. Hemos acordado que primero irá él y cuanto esté asentado lo haré yo. He intentado convencerle de que yendo juntos será más fácil pasar desapercibidos, pero no quiere que corra el menor riesgo. No me resulta fácil entender cómo es posible que en tan poco tiempo Alejandro haya conseguido despertar en mí un sentimiento tan poderoso e intenso como es el amor. 

Nunca he creído en el amor a primera vista, pero lo cierto es que lo crea o no, ha ocurrido, me siento unida a ese hombre de una manera que no puedo ni entender ni explicar, pero es un sentimiento verdadero y poderoso, capaz de aceptar el riesgo que supone escaparme con alguien a quien persigue la justicia. Lo que de verdad me anima es saber que él siento lo mismo que yo, con la misma o incluso mayor intensidad, lo he visto en sus ojos, en su manera de hacer el amor, en la delicadeza y atenciones que me prodiga, todo gira en torno a mí, es algo que me ha confesado y creo de corazón. No sé qué pasará ni dónde me llevará el destino, pero lo que sí sé es que estaré con él y compartiremos todo lo bueno o malo que nos depare.

12 –marzo de1.967
He quedado con Colette en su casa, llevamos más de un mes sin vernos y necesito hablar con ella, explicarle lo que ha pasado, aunque tengo miedo de hacerlo. Involuntariamente la he hecho daño, pero no mandamos en nuestros sentimientos. Siempre supe que esto iba a pasar, y creo que ella también lo intuía

o   Hola Colette, te he echado mucho de menos (mientras le digo esto le doy un fuerte y emotivo abrazo)

o   Hola Marcia yo también te he echado de menos. Te veo muy bien, y ya he visto que manejas las muletas con bastante destreza, me alegro mucho por ti.

o   La verdad es que cada vez me siento mejor, el fisioterapeuta dice que en unos meses podré empezar a andar sin muletas. Estoy muy ilusionada con esa posibilidad, nunca lo hubiera imaginado, me había hecho a la idea de que no volvería andar. Es un milagro.

o   Me alegro de corazón por ti, aunque tu recuperación a mí me ha roto, aunque no es culpa tuya, no es culpa de nadie. Pero lo cierto que pase meses angustiada, triste y muy afligida por tu desaparición, temiéndome lo peor. Sé que lo pasaste muy mal, pero no tienes ni idea del sufrimiento que la falta de noticias ocasiona en alguien que te quiere tanto como yo a ti, es algo devastador, angustioso y demoledor. He sufrido mucho. Pero al verte recuperé la ilusión de un plumazo, la mujer que amo ha vuelto, está aquí, junto a mí, por fin podré superar toda la angustia y el dolor pasado. ¡Hasta que vi tu mirada! esperaba con ansiedad tu regreso, y una mirada llena de amor como la que tenías cuando desapareciste. Pero quién ha vuelto es una extraña, alguien que poco tiene que ver con la Marcia que conocía. No sé qué ha pasado, pero desde luego no te pareces en nada a la mujer de la que me enamoré. He intentado hacerme a la idea de que nuestro compromiso se ha roto, ha desaparecido, que nuestros sentimientos se han perdido, evaporado en estos meses de ausencia. Pero no puedo y aunque sé que es muy fuerte lo que te voy a decir, quiero que lo sepas, ¡te odio! Intento perdonarte pero no puedo, me has traicionado, te has enamorado de otra persona y eso es un acto vil, sucio y perverso. Así que quiero que te vayas y que no volvamos a vernos, la traición es algo que no perdono, y tú me has traicionado. Tras las últimas palabras Colette se va de la habitación llorando. No me ha dejado explicarle como ha pasado, los acontecimientos que me han abocado a esta situación. Creo que ella no desea saberlo, prefiere odiarme a perdonarme.

o   Durante los siguientes meses contacto con la persona que se va a encargar de conseguir la documentación falsa, y estudiar a que país de los que no tienen tratado de extradición con España debemos dirigirnos, estamos pensando Nueva Zelanda.

30–julio 1967
Hace dos meses que Alejandro con la nueva documentación ha salido de España, primero lo hizo en un AVE hasta París, posteriormente en Avión hasta Ámsterdam y desde allí a Wellington, capital de Nueva Zelanda. No ha tenido el menor incidente con el pasaporte falso. Comparado con el mío resulta muy difícil de diferenciar, el cambio de aspecto ha ayudado mucho, es muy problemático relacionar a Hércules León con él. El hecho de hablar inglés con fluidez ha sido determinante para elegir ese país. Está negociando incorporarse como socio al despacho de abogados Neozelandeses con los que contactó desde España y que se han encargado de tramitar los permisos necesarios para establecerse. Va a estudiar allí la carrera de Derecho ya que el título no lo puede convalidar por estar a nombre de Alejandro. 

 Hasta que puede ejercer en el país trabajará como pasante de sus compañeros. Seguirá escribiendo, si sigue vendiendo sus libros como hasta ahora es posible que se convierta en escritor. También ha abierto una cuenta a su nombre en un banco local con el dinero de la venta de su libro que ha sido un éxito. Ya le han pagado por los 50.000 ejemplares y van por una segunda edición de 100.000.  Según parece es un país rico y en crecimiento, con posibilidades reales de prosperar si eres profesional y competente.  Nos ha matriculado en la Universidad Victoria de Wellington: establecida en 1899. Ofrece cursos relacionados con un amplio rango de áreas académicas, entre ellas, Educación, Humanidades, Ciencias Sociales, Leyes, Música, Ciencia e Ingeniería. Posee una población estudiantil de más de 21 mil alumnos, de los cuales unos 3 mil provienen de alrededor de 80 países. Cuenta con cuatro campus, donde imparte programas de pregrado, postgrado, certificados y diplomados. No va a ser fácil un cambio de vida tan radical pero somos jóvenes, tengo 20 años y un carácter maduro y fuerte y el 27 tenemos tiempo y oportunidad para conseguir adaptarnos y formar parte de un país en el que hemos decidido vivir.

La editorial ya tiene el manuscrito de su segunda novela, que han leído y decidido publicar pues la primera ha sido un éxito total y eso augura que la segunda se venderá sin problemas. Durante unos años no tendremos que preocuparnos del dinero, tenderemos la estabilidad necesaria para terminar nuestros estudios. Aunque esperanzada, me voy con tristeza por mis padres y por haber perdido la amistad de Colette a la que no voy a dejar de querer el resto de mi vida, me regaló este diario y a través de ella aprendí a superar barreras culturales y a ser independiente. La he dejado una carta, espero que me perdone y aún en la distancia podamos volver a ser amigas. El diario termina con una copia de la carta que Marcia ha enviado a su amiga Colette y que dice así:


Querida Colette:
Aunque intento ponerme en tu lugar no puedo, es algo imposible, creemos que podemos entender lo que alguien a quién quieres con toda tu alma puede pensar y sentir, como le puede afectar una decepción como la que te aflige al sentirte traicionada.
Quiero que sepas que no hay tal traición, al menos no premeditada, ni buscada, no se manda en los sentimientos. Cuando conocí al hombre con el que me voy muy lejos, mi corazón y mi alma sufrieron de manera inesperada una convulsión de una fuerza e intensidad que no puedo explicar.
Con la serenidad alcanzada por las experiencias vividas, sé que aunque no me hubiera enamorado, no podría seguir contigo de la misma manera que antes del secuestro. Ya no soy la misma y la confusión de mis sentimientos ha desaparecido, te he admirado y aún te admiro, pero no te he amado, he estado deslumbrada, fascinada por tu personalidad arrolladora.
Lo que sí puedo decirte que hoy es el día, hoy me voy a otro país, y me duele, pero no tengo más remedio que hacerlo para reunirme con la persona que amo.
No he sido capaz de hablarte del hombre con el que me voy a reunir, aunque eres tan intuitiva que lo supiste desde el primer día, por esa capacidad de sentir y emocionarte te quiero, y te querré siempre. Eres mi mejor y única amiga, tan grande e importante que nunca he necesitado de ninguna otra, aunque  más que una amiga eres mi hermana de sangre.
Quiero pensar que aunque no estemos cerca, la distancia no será el motivo que nos alejará porque eres y serás alguien muy especial, mi confidente y mi primer amor, me enseñaste a ser mujer, a ser independiente y a ser valiente.
Gracias por darme los mejores consejos; sé que en este momento de partida todos los recuerdos se vuelcan en tu mente, pero déjame decirte que eres  fuerte y noble y espero que comprendas y perdones. Tengo la certeza que vas a buscar ser feliz porque eso mismo haré yo desde el lugar al que me dirijo.
Cuando hayas podido perdonarme y sientas que la melancolía te golpea, solo debes llamarme y te ayudaré a que la distancia no la sintamos tanto, eres diferente y única, estaré para ti cada vez que lo necesites. Gracias por ser mi cómplice y mi guía en cada una de las locuras que hemos cometido, por enseñarme a levantarme cada vez que el destino me ha vapuleado, y estar a mi lado siempre que te he necesitado.
¡Te querré siempre!
Marcia

FIN
                 

CAPÍTULO I         2
CAPÍTULO II       30
CAPÍTULO III      40
CAPÍTULO IV      49
CAPÍTULO V       59
CAPÍTULO VI      68
CAPÍTULO VII    100
CAPÍTULO IX      105