Poesía de mi última novela El Faro del Acantilado
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Te intuí
antes de conocerte,
sabía que te
querría,
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Que
romperías mis claves y mis
esquemas,
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Eras la
letra del verso que no escribí,
eras la
prosa desconocida.
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Tu libertad
era tan tuya que nadie la entendía,
yo sí,
aunque dolía,
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No
necesitabas alas para volar, ni miradas perdidas para amar,
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Eras
lascivia y deseo, pasión y furia,
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Eras la
diosa de la noche, la que todos querían.
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Te fuiste
muy pronto, por exceso de vida, de energía,
porque este
mundo no te gustaba, ni le querías,
el tuyo es
de otro planeta, en el que nadie juzga.
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Nunca
hiciste caso de los comentarios de la gente,
de los que
sin conocerte te odiaban porque eras
el renglón
suelto que todos querían.
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Y yo
buscando quimeras y utopía,
te estaba
esperando para que fueras mía,
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Y lo fuiste
y de otros también, porque no sabías negarte
a un abrazo
sincero, a un deseo postrero,
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Amaste
incluso sin amar, porque amar era tu condena,
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Así tu
belleza se apagó siendo casi una niña, dejando un legado incalculable.
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Tus pinturas
y esculturas, que ahora adornan las paredes
de los
mejores museos del planeta.
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Eras
inmortal antes que humana, eras resultado antes que propuesta.
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Única, serás
antes, ahora y siempre,
porque
mujeres cómo tú, no existen, solo se inventan.
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