EL ESCRITOR
Desde muy joven me ha
gustado escribir, demasiado nervioso, demasiado activo en mi juventud para
poder estar sentado más de media hora, así que escribía poemas. Escritura
aparentemente ligera que me permite decir lo que siento, más que lo pienso.
Para alguien como yo poco dado a la reflexión, al análisis y poco hablador
durante décadas, escribir poesías era una actividad relajante y una válvula de
escape. Ahora supongo que debido a mi edad, me he vuelto incontinente si tengo
la oportunidad de conversar, algo que hago sin reparos, sobre todo a la hora de
decir lo que siento por la mujer que me acompaña desde que cumplí dieciséis
años, Maribel, mi Maribel, la niña, la diosa, la hermosa, la mujer que supe
desde el primer momento que la vi que sería mi compañera, la destinataria de
todo los sentimientos y afectos que mi alma guarda, y que durante más de
cincuenta años he intentado expresar y sobre todo demostrar, a veces con más
fortuna que otras, todo hay que decirlo.
Desde que me jubilé hace ya nueve años, mi nerviosismo, mi híper actividad se ha ido calmando, ya no soy tan acelerado, tan nervioso, tan rápido, mi carácter se ha atemperado, aunque el dinamismo en lo que hago sigue siendo notable.
En el baile, algo que
practico con Maribel desde que nos conocimos y que después de décadas de
olvido, retomamos al cumplir cincuenta y cinco años; siempre nos han mirado,
fundamentalmente por tres razones; la primera es que según varios profesores
tenemos algo que llaman “swing”, se
refiere a la habilidad y cadencia del movimiento, que es algo que no se aprende, se tiene o no
se tiene y da personalidad al que baila, la segunda razón ha sido la rapidez en
la ejecución de los pasos, algo altamente necesario en algunos bailes,
especialmente en el rock y en la salsa, y
la tercera es ella, mi compañera, ha sido es y será una mujer hermosa, distinta
y diferente a la mayoría de las señoras que conozco, y que cuando baila, su
expresión, su sonrisa, la hacen única en la pista, por mucha gente que haya
siempre la verás, hay algo en ella que te obliga a mirarla.
Así que ahora que tengo
tiempo, además del baile me ha dado por escribir novelas, era un reto
pendiente, algo que en varias ocasiones había intentado sin éxito, pero por fin
lo había conseguido, había escrito mi primera novela “El Extraño”. Una historia
que aunque posible, es totalmente ficticia, donde pude comprobar que algo que me parecía
un sofisma de los autores, resulto cierta. Los personajes adquieren vida propia
según vas escribiendo, y aunque el nudo de la historia no cambia la importancia
de los personajes sí, lo que se parece mucho a lo que ocurre en la cotidiana realidad.
A veces conoces a alguien lejano que poco a poco se va granjeando tu amistad, y
pasa de un plano alejado a uno cercano y más influyente en lo que a ti
respecta, mientras otros que creías significativos,
dejan de serlo. Es algo que me ha ocurrido en bastantes ocasiones, solo mi
compañera, mi mujer, no solo mantiene mi interés y mi necesidad, sino que cada
vez es mayor, hasta el punto de no concebir mi vida sin ella a mi lado. Tener
una compañera con personalidad, inteligente y compleja, hace que tu vida sea un
permanente esfuerzo por mantener su interés,
y la recompensa merece el esfuerzo.
Pero volvamos a donde
estábamos, hablaba de mis libros, después de El Extraño, escribí mi segunda
novela El Éxito, la tercera Ernesto o La Ley del Talión, la cuarta Un Destino
Inesperado, la quinta El Diario de Marcía y la sexta La Voz, y un par más
inacabadas, acompañadas con algunas poesías. Y toda esta fiebre literaria en
apenas dos años.
Aunque no pretendo que
mis novelas sean leídas por miles de personas, lo cierto es, que cuando las
comparo con muchas de las que he leído no me parecen peores, claro que las
comparo con novelas de gente, o poco conocida, o que realmente no están
considerados escritores de éxito, pero creo sinceramente que son dignas, más
allá de que puedan ser desde el punto de vista ortográfico y de estilo,
mejorables. No tengo formación académica suficiente y escribo lo mejor que
puedo.
También debo decir que
mi familia no se toma en serio esta afición,
incluso los primeros detractores son mis hijos, que a mi primera novela mi hijo la definió como nada interesante
(utilizó otra palabra que prefiero no mencionar) y de la última, La Voz, una de
mis hijas solo pudo leer las primeras páginas porque el aburrimiento le impidió
seguir leyendo. En cuanto a mi segunda hija ni siquiera ha hecho intención de
querer leer alguna, si bien es cierto que tiene dos hijos pequeños y apenas
tiene tiempo (si no la excuso yo, quién va hacerlo). Me he dejado a mi mujer
para el final, conoce todas las novelas que he escrito y las enjuicia con cierta
benevolencia, creo yo que por no disgustarme demasiado. Debo decir que no ha
leído ninguna, he sido yo que en noches de insomnio la he contado algunas
partes para que se durmiera, al parecer es mejor remedio que escuchar música
expresamente compuesta para dormir. Según su respetable opinión El Diario de
Marcia es la más interesante. Hay una novela que empecé a leerle, se llama Mi
nombre es Edmundo, y trata sobre un psicópata, cómo el tema le parece
excesivamente violento, me ha pedido que deje de escribirla, algo que por
supuesto he hecho.
Según mi mujer, tengo
la suerte ¡o no! de tener un alto grado de
autoestima, hasta el punto que los análisis negativos de mi familia, no
me afectan en gran medida, aunque lógicamente me habría gustado que su opinión
hubiera sido más favorable, como la de aquellas personas que han leído mi primera
novela, y que si no me han mentido, dicen que les ha gustado bastante (son
amigos y conocidos).
Lo cierto de todo esto,
es que escribir me ayuda a relajarme, a pasar el rato y mejorar mi memoria de
manera manifiesta, además consultar datos, buscar palabras y corregir frases a
través de la información que recojo en internet, me enseña, aprendo a
escribir mejor, y me permite ejercitar mi cerebro, que complemento andando y
bailando ejercitando músculos, tendones y huesos, es la manera de mantenerme en
forma.
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