viernes, 7 de junio de 2019


EL ESCRITOR

Desde muy joven me ha gustado escribir, demasiado nervioso, demasiado activo en mi juventud para poder estar sentado más de media hora, así que escribía poemas. Escritura aparentemente ligera que me permite decir lo que siento, más que lo pienso. Para alguien como yo poco dado a la reflexión, al análisis y poco hablador durante décadas, escribir poesías era una actividad relajante y una válvula de escape. Ahora supongo que debido a mi edad, me he vuelto incontinente si tengo la oportunidad de conversar, algo que hago sin reparos, sobre todo a la hora de decir lo que siento por la mujer que me acompaña desde que cumplí dieciséis años, Maribel, mi Maribel, la niña, la diosa, la hermosa, la mujer que supe desde el primer momento que la vi que sería mi compañera, la destinataria de todo los sentimientos y afectos que mi alma guarda, y que durante más de cincuenta años he intentado expresar y sobre todo demostrar, a veces con más fortuna que otras, todo hay que decirlo.

Desde que me jubilé hace ya nueve años, mi nerviosismo, mi híper actividad se ha ido calmando, ya no soy tan acelerado, tan nervioso, tan rápido, mi carácter se ha atemperado, aunque el dinamismo en lo que hago sigue siendo notable. 

En el baile, algo que practico con Maribel desde que nos conocimos y que después de décadas de olvido, retomamos al cumplir cincuenta y cinco años; siempre nos han mirado, fundamentalmente por tres razones; la primera es que según varios profesores tenemos algo que llaman  “swing”, se refiere a la habilidad y cadencia del movimiento,  que es algo que no se aprende, se tiene o no se tiene y da personalidad al que baila, la segunda razón ha sido la rapidez en la ejecución de los pasos, algo altamente necesario en algunos bailes, especialmente en el rock y en la salsa,  y la tercera es ella, mi compañera, ha sido es y será una mujer hermosa, distinta y diferente a la mayoría de las señoras que conozco, y que cuando baila, su expresión, su sonrisa, la hacen única en la pista, por mucha gente que haya siempre la verás, hay algo en ella que te obliga a mirarla.

Así que ahora que tengo tiempo, además del baile me ha dado por escribir novelas, era un reto pendiente, algo que en varias ocasiones había intentado sin éxito, pero por fin lo había conseguido, había escrito mi primera novela “El Extraño”. Una historia que aunque posible, es totalmente ficticia, donde pude comprobar que algo que me parecía un sofisma de los autores, resulto cierta. Los personajes adquieren vida propia según vas escribiendo, y aunque el nudo de la historia no cambia la importancia de los personajes sí, lo que se parece mucho a lo que ocurre en la cotidiana realidad. A veces conoces a alguien lejano que poco a poco se va granjeando tu amistad, y pasa de un plano alejado a uno cercano y más influyente en lo que a ti respecta, mientras otros que creías significativos, dejan de serlo. Es algo que me ha ocurrido en bastantes ocasiones, solo mi compañera, mi mujer, no solo mantiene mi interés y mi necesidad, sino que cada vez es mayor, hasta el punto de no concebir mi vida sin ella a mi lado. Tener una compañera con personalidad, inteligente y compleja, hace que tu vida sea un permanente esfuerzo por mantener su interés,  y la recompensa merece el esfuerzo.

Pero volvamos a donde estábamos, hablaba de mis libros, después de El Extraño, escribí mi segunda novela El Éxito, la tercera Ernesto o La Ley del Talión, la cuarta Un Destino Inesperado, la quinta El Diario de Marcía y la sexta La Voz, y un par más inacabadas, acompañadas con algunas poesías. Y toda esta fiebre literaria en apenas dos años. 

Aunque no pretendo que mis novelas sean leídas por miles de personas, lo cierto es, que cuando las comparo con muchas de las que he leído no me parecen peores, claro que las comparo con novelas de gente, o poco conocida, o que realmente no están considerados escritores de éxito, pero creo sinceramente que son dignas, más allá de que puedan ser desde el punto de vista ortográfico y de estilo, mejorables. No tengo formación académica suficiente y escribo lo mejor que puedo.

También debo decir que mi familia no se toma en serio esta afición,  incluso los primeros detractores son mis hijos, que a mi primera novela mi hijo la definió  como nada interesante (utilizó otra palabra que prefiero no mencionar) y de la última, La Voz, una de mis hijas solo pudo leer las primeras páginas porque el aburrimiento le impidió seguir leyendo. En cuanto a mi segunda hija ni siquiera ha hecho intención de querer leer alguna, si bien es cierto que tiene dos hijos pequeños y apenas tiene tiempo (si no la excuso yo, quién va hacerlo). Me he dejado a mi mujer para el final, conoce todas las novelas que he escrito y las enjuicia con cierta benevolencia, creo yo que por no disgustarme demasiado. Debo decir que no ha leído ninguna, he sido yo que en noches de insomnio la he contado algunas partes para que se durmiera, al parecer es mejor remedio que escuchar música expresamente compuesta para dormir. Según su respetable opinión El Diario de Marcia es la más interesante. Hay una novela que empecé a leerle, se llama Mi nombre es Edmundo, y trata sobre un psicópata, cómo el tema le parece excesivamente violento, me ha pedido que deje de escribirla, algo que por supuesto he hecho.

Según mi mujer, tengo la suerte ¡o no! de tener un alto grado de  autoestima, hasta el punto que los análisis negativos de mi familia, no me afectan en gran medida, aunque lógicamente me habría gustado que su opinión hubiera sido más favorable, como la de aquellas personas que han leído mi primera novela, y que si no me han mentido, dicen que les ha gustado bastante (son amigos y conocidos).

Lo cierto de todo esto, es que escribir me ayuda a relajarme, a pasar el rato y mejorar mi memoria de manera manifiesta, además consultar datos, buscar palabras y corregir frases a través de la información que recojo en internet, me enseña, aprendo a escribir mejor, y me permite ejercitar  mi cerebro, que complemento andando y bailando ejercitando músculos, tendones y huesos, es la manera de mantenerme en forma.

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